Juan Valentín Lorenzo Ginori: «Vivo con la intensidad de mi tiempo»

Declara el Dr. en Ciencias que en días recientes se sumó a los profesionales de la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas con la Categoría Docente Especial de Profesor Emérito

Por Ricardo R. González

Fotos: SMB y colaboración familiar

Juan Valentín Lorenzo Ginori es un hombre realizado. Prefiere que lo vean inmerso en las bondades y tropiezos de la cotidianidad sin adjetivos sobredimensionados ni halagos grandilocuentes. De su padre aprendió las lecciones más honestas de la vida. Un técnico electricista que partió, definitivamente, en 1999, y quien lo motivara a seguir el camino del oficio.

A él le dedicó el mayor de los regalos cuando a los 21 años lo viera convertido en todo un ingeniero electricista durante la graduación universitaria de 1969. Desde entonces se traza el camino de este esperanceño que en días recientes recibió la Categoría Docente Especial de Profesor Emérito de la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas (UCLV).

No es un extraterrestre ni alguien encerrado en la burbuja exclusiva del magisterio. Marchó a alfabetizar con solo 13 años, y más allá de la docencia y la investigación se declara amante del deporte. El fútbol, el béisbol y el voleibol los disfruta como espectador; sin embargo, el atletismo le fascina para mantener el bienestar físico.

De la música prefiere varios géneros, y aunque confiesa no ser gran bailador tampoco constituye un cero a la izquierda.

Ya el almanaque le indica 70 años; de ellos, cinco décadas de ejercicio profesional, y dentro de su título de ingeniero electricista en telecomunicaciones y electrónica buscó los espacios más gustados porque no había tenido vocación para desempeñarse en otras esferas.

Un currículo de más de 30 páginas descubre a esta persona de bien, y entre tantas responsabilidades, méritos, participación internacional, tutorías… destaca que le ha quedado tiempo para vivir.

«Siempre he reservado una parte de este de una manera normal, pendiente de mi hijo y mi cónyuge. Quizás no les dediqué todo el que hubiera querido, pero llevé una vida familiar bastante estable también con mis padres, y no pudiera dedicarme a mis labores sin el apoyo de mi esposa».

— Durante la ceremonia de entrega de la Condición de Profesor Emérito el primer nombre que Ud. mencionó fue el de Maritza. ¿Qué representa en su trayectoria?

— Dentro de poco cumpliremos las bodas de oro. Ha compartido conmigo los buenos momentos y los no tan agradables. Y ahí está Maritza Pérez Fabelo como apoyo fundamental. Lo que he dicho es un acto de justicia, a lo mejor por ser graduada de Psicología, con 45 años de ejercicio, sabe llevar muy bien su profesión.

La rectora de la UCLV, Dra. Osana Molerio Pérez, concedió el diploma acreditativo y un cuadro de José Martí al condecorado.

— Dentro de todas las ramas ¿cuál ha sido el momento más difícil?

Cuando por necesidades de la UCLV me nombraron jefe del departamento de Física. Estuve seis años. Había sido profesor de la asignatura como alumno ayudante. Ello me enseñó que la Física tiene sus complejidades y guarda distancia con lo que uno aprende en las carreras de ingeniería.

— ¿Contratiempos?

— Quise dar una respuesta a fin de mejorar mi formación en Física y eso me apartó de la línea que llevaba. Cuando concluí la responsabilidad tuve que recuperar ese tiempo, y pase al Centro de Estudios de Electrónica y Tecnologías de la Información (CEETI), aunque nunca he abandonado la docencia, tanto de pregrado como de postgrado.

— ¿Un solo momento difícil?

— Hay otro. Asumí las funciones de decano en la Facultad de Ingeniería Eléctrica. Requería consagración y estuve dos años. Debido a la intensidad de las responsabilidades mi actividad como docente e investigador se deprimió.

— En tiempos complejos de periodo especial ¿cómo logró vencer obstáculos para llegar puntual y ejercer las responsabilidades profesionales?

— Aunque parezca paradójico fue una de mis mejores etapas. Fidel planteó que el desarrollo de las ciencias podían vencer todas las limitaciones y se le dio mucho auge a la investigación científica con nuevas dependencias dedicadas a ella. Me designaron director de lo que era el CEETI. Íbamos en bicicleta a diario a pesar de que la alimentación no era la mejor, y como soy de buen apetito algunos platos que no resultaban preferidos por mis colegas me lo cedían en el comedor de la Universidad. Increíblemente en esos años completé mi formación como científico.

— Ha tenido que ver con la ingeniería biomédica ¿De qué manera?  

— Constituye una rama importante de la tecnología. Realizamos aplicaciones en colaboración con el Centro de Neurociencias de Cuba para el almacenamiento de las señales dirigidas a electrocardiogramas, encefalogramas y otras variantes; sin descartar el estudio de pacientes con algoritmos novedosos cuyas experiencias se publicaron en revistas internacionales.

«Otros estudios recayeron en la variabilidad de la frecuencia cardíaca, y sobre el mejoramiento de la calidad en las imágenes médicas obtenidas mediante la tomografía axial computarizada (TAC), entre otros».

— La carrera de Ingeniería Biomédica quedó establecida en la UCLV. De pronto, desapareció…

— Luego de siete años de ejercicio decidieron dejarla solamente en la   Ciudad Universitaria José Antonio Echeverría de La Habana (CUJAE) y en la Universidad de Oriente. Llegamos a graduar de 150 a 170 profesionales, y en la actualidad impartimos postgrados para los diplomados en esa carrera que laboran en las provincias centrales.

— Si tuviera la posibilidad de modificar aspectos de la docencia actual ¿cuáles cambiaría?

— Los programas están siempre en cambio y actualización según los tiempos. Hay que impregnar la dialéctica, y un componente fundamental del trabajo del profesor es la concepción adecuada de los contenidos de cada modalidad de estudio.

— Desde su punto de vista ¿qué requisitos consolidan a un buen profesor?

— Un dominio profundo de las disciplinas que imparte, un caudal de actualización, conocimientos de los principios pedagógicos básicos, y mucho respeto hacia los alumnos. Nunca puede considerarse que una pregunta es insulsa. Y tengo la satisfacción de contar con un estímulo creado por la FEU, consistente en la Tiza de Oro, según la visión que poseen los estudiantes sobre sus docentes.

— Con toda sinceridad ¿Ha ocurrido que los alumnos le hagan preguntas que no ha sabido responder?

— Afirmativo. Me encanta que suceda. Del estudiantado he aprendido mucho. Es también un aula dentro de otra. Cuando enfrento una asignatura trato de resolver la mayor cantidad de dificultades del libro de texto. Hay algunas muy difíciles y voy dejando la solución para después. Da la casualidad que en un curso de maestría un alumno muy bueno se refirió a un problema que él no había resuelto y yo tampoco. Eso me costó casi dos noches sin dormir hasta que le llevé la respuesta.

Una vez en casa el laureado comparte el diploma con Maritza Pérez Fabelo, su esposa, y colaboradora en todo lo alcanzado.

— Entre la Matemática y la Física ¿cuál prefiere?

— Tengo más vínculo con la primera y sustenta más las asignaturas que he impartido, aunque la Física es la ciencia madre del método científico. En el Dpto. de Física crearon un diploma para reconocer a los físicos por Naturaleza y tengo el honor de que haya llegado a mí. Admiro la Física, aunque no soy especialista.

— ¿Y entre la docencia y la investigación?

— La docencia tiene un papel fundamental en la formación del investigador universitario. Al impartir asignaturas se adquiere una disciplina universal. Abrazo más la investigación, a pesar de que la docencia tiene un rol importante, y me gusta mucho la tutoría.

— ¿Es cierto que Ud. le pronosticó un buen futuro a Miguel Díaz—Canel Bermúdez sin resultar un previsor?

— Lo tuve en mi aula en la época en que yo fungía como jefe de la carrera de Electrónica. Era estudiante destacado y lo vinculé como alumno ayudante. Tenemos incluso un artículo conjunto escrito para una revista. Él terminó su tesis en el Instituto Técnico Militar José Martí (ITM), mantuvimos el vínculo, y lo animé a que trabajara en la UCLV. Así lo hizo como profesor durante tres años.

«Por sus características integrales en cierta oportunidad le dije que llegaría muy lejos. No me equivoqué. Nos hemos reencontrado varias veces y siempre recuerda ese detalle».

— ¿Qué le ocurrió a Lorenzo Ginori con un brazo enyesado?

— Tuve un accidente durante un corte de caña y me enyesaron el brazo. Soy normalmente derecho, y los alumnos pensaron que se suspenderían las clases. Cuál fue la sorpresa al ver que utilizaba la mano izquierda sobre el pizarrón. No había escapatoria.

— ¿Y en los Juegos Criollos de 2003?

— Era, cuando aquello, decano de la Facultad de Ingeniería Eléctrica y convocaron a un maratón masivo. Yo corría unos 5 km tres veces a la semana, y el trayecto competitivo estaba previsto desde la zona de El Gigante hasta la Universidad. Cuando llegué al punto de partida solo encontré a tres profesores de Educación Física y unos diez estudiantes del equipo de Atletismo. Nadie más. No me quedaba otro remedio que participar, y ni hablar de resultados. No fui el último en llegar porque uno de los estudiantes se lesionó durante la carrera y concluí en la penúltima posición.

— Entre tantos distintivos ¿cuáles no dejaría de mencionar?

— Las ordenes Frank País de I y II grados, y la Orden Carlos J. Finlay, conferidas por el Consejo de Estado, la Categoría Docente Especial de Profesor Emérito de la UCLV, y la de Académico de Mérito de la Academia de Ciencias de Cuba (ACC).

— ¿Cómo ve Lorenzo Ginori a Lorenzo Ginori?

Alguien que ama su profesión, que trata de darlo todo sobre la base de ser cada día mejor persona, y el que desea años de lucidez para formar a las nuevas generaciones y científicos.

«Un cubano que comparte las realidades de su país y vive con la intensidad de mi tiempo. Quien ve en el futuro un reto y compromiso de entregarle las mejores formas para contribuir a que resulte exitoso. Ah…, y quien seguirá viendo al Tren Universitario como el medio disponible para llegar a mi primer y único centro de trabajo: la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas».

PEQUEÑO DOSSIER

Se graduó en 1969 en la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas y obtuvo su doctorado en Ciencias Técnicas en 1982, con 34 años, y sin estar liberado de sus funciones. Master en Ingeniería de Telecomunicaciones en el Instituto Superior Politécnico José A. Echeverría, La Habana, 1975. Profesor Titular Consultante de la Facultad de Ingeniería Eléctrica de la UCLV, e Investigador Titular.

En el centro de estudios superiores ha sido Jefe del Dpto. de Electrónica (1974-84), Vicedecano (1985-86), Director del Centro de Estudios de Informática (1986), Jefe del Dpto. de Física (1986-1991), Director del Centro de Estudios de Electrónica y Tecnologías de la Información (CEETI, 1992-2001 y desde 2004 hasta 2009), y Decano (2002-2003).

Tiene más de 160 ponencias, siete libros, 12 Premios CITMA. Ha impartido diversos cursos y seminarios de postgrado, sin descartar el asesoramiento a catorce tesis de maestría, diez tesis doctorales, y es miembro de los Comités Académicos de los programas de Maestría en Señales y Sistemas y del Comité Científico de Doctorado en Informática.

Resaltan sus conferencias en universidades de México, Canadá, así como sus estancias investigativas en instituciones de España, Bélgica, Brasil e Italia, entre otros méritos.

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Garantiza el CBQ villaclareño calidad de sus producciones

Amalia, Ana Rosa y María Isabel ultiman detalles sobre las próximas investigaciones,

Por Ricardo R. González

Un rasgo distintivo del Centro de Bioactivos Químicos (CBQ) lo constituye el cumplimiento de normativas inherentes al control de la calidad avalado por las instituciones y medios establecidos en el país.

La ingeniera Ana Rosa Brito Martínez, directora de producción de la entidad, subraya que los reglamentos se aplican a la Furvina como principio activo para la obtención del Dermofural, un ungüento tópico antifúngico que evita la proliferación de determinados tipos de hongos, y que está sometido en la actualidad a las correspondientes pruebas para ampliar su espectro como antibacteriano.

También los códigos son aplicados al Furvinol destinado a la rama veterinaria, con usos oftalmológicos, comercializado a través de LABIOFAM.

No menos importante la obtención del Vitrofural a fin de evitar la contaminación microbiana en medios de cultivos destinados al logro masivo de vitroplantas que sustituye procesos convencionales en materia de propagación.

El CBQ, adscrito a la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas, abastece a la totalidad de las biofábricas con esas vitroplantas y deviene principal rubro exportable de la institución, en tanto el extracto blando de propóleo cumple los requisitos cualitativos para fines cosméticos cuyas utilidades son aprovechadas por Suchel, empresa líder en la producción de jabones, detergentes y perfumería en Cuba.

Cada análisis incluye las materias primas a utilizar en la planta productiva, sin descartar lo inherente a los envases que al decir de la licenciada en farmacia Amalia Calvo Alonso, jefa del Departamento de Control de la Calidad, reclaman las inspecciones de acuerdo con las normas estipuladas.

El centro científico villaclareño tiene como reto la certificación del Vitrofural como rango superior para el producto, según destaca la ingeniera Maria Isabel Díaz Molina, directora de calidad, quien precisa lo riguroso de un proceso integral sometido a numerosas inspecciones, auditorías y controles a la totalidad de los productos y servicios científico-técnicos, toxicológicos y ecotoxicológicos, conjuntamente con el análisis del agua.

La entidad cuenta con el Reconocimiento Ambiental Territorial (RAT) por su licencia de manejo ambiental ante desechos peligrosos, y cumple el tratamiento de residuales líquidos en la planta de producción para no afectar el entorno.

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Producto villaclareño demuestra utilidad para las ramas agrícola y constructiva

Robelio Ramos Méndez agrega que también se realizaron 5 300 traviesas que corroboraron la efectividad del producto.

Por Ricardo R. González

Una innovación creada en Villa Clara a partir de microorganismos demuestra su utilidad en la esfera constructiva y en la rama agrícola.

El CBQ-VTC, aditivo para el cemento, ya ofrece resultados en el hormigón seco y en el fluido sometido a prueba en los bungalows y pavimentos interiores de la hotelería en la cayería del noreste y ante fisuras propias en instalaciones ubicadas en zonas marinas.

Robelio Ramos Méndez, jefe de producción de la planta de productos de origen microbianos del Centro de Bioactivos Químicos (CBQ), explicó que la experiencia comenzó en 2014 de conjunto con el Centro de Investigaciones de Estructuras y Materiales (CIDEM), perteneciente a la Facultad de Construcciones, y el Instituto de Biotecnología de las Plantas (IBP), todos pertenecientes a la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas.

También se realizaron 5 300 traviesas que corroboraron la efectividad del producto.

Por todos estos resultados se solicitará, en breve, el dictamen técnico como herramienta que avala su uso en la esfera constructiva.

Ramos Méndez consignó que después surgió la idea de desarrollar bioproductos de origen microbiano con aplicaciones en la agricultura con el propósito de sustituir los dañinos agentes químicos por otros de origen natural.

De estas investigaciones, de conjunto con el IBP y la Facultad de Ciencias Agropecuarias, se creó el CBQ-AgroG que se encuentra en fase de evaluación en la Empresa Agropecuaria Valle del Yabú, para constatar los resultados en el cultivo del pepino en casas protegidas y del frijol tanto en las plantas como en el suelo, mientras se mantienen las perspectivas con la Estación Territorial de Investigaciones en Granos «Sur del Jíbaro» a fin de emplearlo en el cultivo del arroz, y más adelante extenderlo al café con la colaboración de otras entidades.

En fase de elaboración está el CBQ-BioRem que cuenta con ensayos incipientes destinados a la bioremediación o acciones aplicadas en un medio ambiente contaminado para devolverle su estado natural. Será utilizado en función de eliminar olores desagradables y determinados tipos de bacterias perjudiciales que se encuentran en ríos y suelos contaminados por las agresiones humanas sobre el entorno.

Está previsto su empleo en granjas porcinas, así como en las márgenes del río destinado al tratamiento de aguas albañales que desembocan en estos afluentes.

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Aplican en Villa Clara Dermofural para infecciones leves del pie diabético

Por Ricardo R. González

Las bondades del Dermofural al 0,15 % en el tratamiento antibacteriano de pacientes con infecciones leves en úlceras del pie diabético confirman la efectividad del producto tras aplicarse a 30 afectados en la sala de Angiología del hospital universitario clínico quirúrgico Arnaldo Milián Castro de Villa Clara.

El ensayo en fase II comenzó a utilizarse en 2017 con personas hospitalizadas por espacio de siete días y el empleo diario del ungüento sobre el área afectada.

De acuerdo con las valoraciones de Mirleida Santos Marcelo, participante en el diseño, desarrollo y ejecución de los ensayos clínicos desarrollados por el Centro de Bioactivos Químicos (CBQ), el producto se elabora en los propios laboratorios de la institución adscrita a la Universidad «Marta Abreu» de Las Villas, y en ningún momento sustituye al Heberprot-P.

Mirleida Santos Marcelo, participante en el diseño, desarrollo y ejecución de los ensayos clínicos desarrollados por el Centro de Bioactivos Químicos (CBQ), precisa que el medicamento no sustituye al Heberprot-P.

Mirleida Santos Marcelo, participante en el diseño, desarrollo y ejecución de los ensayos clínicos desarrollados por el Centro de Bioactivos Químicos (CBQ), precisa que el medicamento no sustituye al Heberprot-P.

«Su finalidad radica en eliminar esa pequeña infección que pudiera existir en la lesión antes de aplicar el Heberprot-P, en tanto existen requisitos a cumplir para incluir a los beneficiados dentro del estudio», acotó.

El Dermofural ya cuenta con aval antifúngico (contra hongos) desde 2007, por lo que se trata de demostrar sus potencialidades antibacterianas. Ello demanda incluir una cifra mayor de pacientes a fin de que el proyecto resulte confiable desde el punto de vista estadístico y pueda avanzar a otras etapas a fin de oficializarlo como medicamento.

Hasta el momento no presenta contraindicaciones ni reacciones adversas, mientras se prevé su aplicación futura en quemados ante las probabilidades de infecciones a las que son tributarias.

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Científico villaclareño viaja con pasaje a lo investigativo

«Las investigaciones aún no se han incluido en la fase de ensayos clínicos y lo que sí desearía es limitar los sufrimientos humanos, pues hasta el momento no existen vacunas eficaces para el control de estas enfermedades», sustenta el doctor Sergio Sifontes Rodríguez.

Por Ricardo R. González

Fotos: Ramón Barreras Valdés

Madrid no oculta su rostro populoso. En el centro de la urbe sobresale la Puerta del Sol con ese reloj que carga el peso de 150 años entre el ir y venir de su gente marcado por la premura de la vida. Nada de ello resultó ajeno para un cubano que, bajo el invierno intenso del último diciembre, defendió su tesis doctoral en la facultad de Farmacia de la Universidad Complutense madrileña donde le aguardaba el veredicto de cinco expertos.

Sergio Sifontes Rodríguez, investigador del Centro de Bioactivos Químicos (CBQ) adscrito a la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, estaba a punto de cumplir uno de sus sueños que iniciaron desde la era de estudiante preuniversitario al despertársele aquella pasión de que toda investigación debía tener utilidad, y ello quedó como parte de su genética. En la sala española Sergio aguardaba por el dictamen luego de defender la síntesis de su trabajo de unas 300 páginas. Los minutos parecían horas hasta que el resultado se hizo público y fue de sobresaliente… Cuba agregaba otro Doctor en Ciencias Farmacéuticas con un pormenorizad estudio a favor del descubrimiento racional de nuevos medicamentos para el tratamiento de la Leishmaniosis y la Enfermedad de Chagas.

«Fueron 15 años de investigaciones. Comencé a trabajarlo en 1997, mas por determinadas razones tuve que interrumpirlo en varias oportunidades. Diría que, al final, me llevó entre nueve y diez años continuos de mi vida».

— Su currículo profesional indica que una vez graduado como médico veterinario se incorpora al CBQ en el que alterna con una faceta de constructor…

— Concluí mis estudios en la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas luego de hacer mi tesis de grado en el Instituto Finlay de La Habana mediante un programa especial para formarme en la parte de animales de experimentación. Estuve algo más de un año, y ya diplomado voy a trabajar al CBQ en un tiempo en que el centro entró en fase de remodelación. Los laboratorios estaban desmantelados y existía toda una vorágine constructiva de la que no escapé, pero estaba recién graduado y mis aspiraciones eran otras, por lo que decidí retornar a La Habana, sin dejar de ser trabajador del CBQ.

— Hasta qué punto de vista su estancia en el Instituto Finlay marcó el camino por la ciencia?

— El «Finlay» consagró mi vida científica y la formación de valores en el mismo laboratorio donde realicé la tesis. Era el tiempo en que la prestigiosa institución constituía la gloria de la biotecnología cubana gracias a la vacuna antimeningococcica, la única efectiva en el mundo como resultado del talento de los científicos cubanos. Pude realizar una maestría de toxicología experimental e incorporarme al estudio de vacunas antes de ser aplicadas a los humanos, y por aquellos tiempos ya se trabajaba en una efectiva contra el cólera cuando en nuestro país no existía la enfermedad.

— Sin embargo, el amor tocó a su puerta durante la estancia habanera…

— Mi vida es algo compleja. Me enamoré y decidí quedarme en La Habana hasta 2007 en que se produjo la ruptura matrimonial. Yo nací en Camagüey, mas a los dos años vine para Villa Clara. Me siento villaclareño por formación, idiosincrasia, y de corazón; sin embargo, parece que me atan tantas cosas a esta provincia que estando en La Habana volví a enamorarme esta vez de una villaclareña y regresé definitivamente para el CBQ donde laboro en la actualidad en el Grupo de Parasitología del área biológica.

— Deteniéndonos en su trabajo doctoral ¿pudiéramos afirmar que su base descansa en el llamado reposicionamiento de fármacos?

— En efecto. Partí del estudio de compuestos químicos probados con anterioridad y que están en uso como medicamentos para otras indicaciones. El objetivo era descubrir si alguno de ellos resultaba efectivo ante la Leishmaniosis o la Enfermedad de Chagas.

De demostrarse que un compuesto de este tipo tiene acción frente a los parásitos que ocasionan estas afecciones resulta fácil llevarlos a la fase de estudios clínicos. Por el contrario, un nuevo fármaco requiere entre 10 y 15 años para ser empleado como medicamento, independientemente de un respaldo económico que oscila entre los 800 millones de dólares y los 2 mil millones.

Con este reposicionamiento acortamos el tiempo y se reducen esos gastos en un 40 %.

— ¿Qué otros parámetros demuestran la efectividad de los compuestos?

— Cada una de estas investigaciones se han realizado de conjunto con el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí (IPK).

En una primera etapa impera la valoración por modelos matemáticos que predicen con un 90 % de exactitud la actividad en los compuestos, al tiempo que diferencian estructuras químicas potencialmente activas de las que no lo son. Luego se prueba la actividad frente a cultivos de los parásitos y finalmente, en animales de laboratorio que han sido infectados de forma experimental y desarrollan la enfermedad.

Se evidenció que dos medicamentos de los probados contienen un ingrediente farmacéutico activo frente a la Enfermedad de Chagas, mientras otros dos demuestran efectividad contra uno de los agentes causales de Leishmaniosis cutánea.

La Leishmaniosis es causada por un protozoo parásito del género Leishmania, que cuenta con más de 20 especies diferentes y se transmite por la picadura de hembras infectadas. Se conocen más de 90 especies de flebotominos transmisores.

— Si le pidiera las características generales de la Leishmaniosis ¿en cuáles se detendría?

— Presenta formas clínicas diferentes: la visceral, descrita como la más severa. Ataca el hígado, el bazo, la medula ósea, y ocasiona anemia, pérdida de peso progresiva, y de no recibir tratamiento oportuno su mortalidad supera el 90 % de los casos.

La más leve produce úlceras en la piel en el punto donde pica el insecto vector. Las llagas tienen una evolución prolongada con duración de seis meses a varios años, al tiempo que se contaminan con hongos y bacterias. Si se presentan en la cara, cerca de los ojos, labios y vasos sanguíneos importantes se compromete adicionalmente la salud.

En tanto la cutánea es considerada la más olvidada porque al no ser mortal resulta aun de menor interés para las autoridades sanitarias; sin embargo, constituye un estigma social al producir marcas y cicatrices deplorables.

Otra variedad mucocutánea afecta los tejidos blandos de la nariz, la boca y la faringe. Provoca deformaciones desastrosas en el rostro, a tal punto que muchos pacientes se internan en las selvas de los países donde habitan para morir ocultos dado el rechazo social. Es también mortal y resistente al tratamiento.

Existen otras formas clínicas, pero resultan de menor impacto epidemiológico.

— ¿En torno a la Enfermedad de Chagas?

— Tiene fases clínicas aguda, intermedia y crónica. Los pacientes ocasionalmente mueren durante la aguda, pero más relevante es que luego de 25 ó 30 años de haberse recuperado de los signos más intensos de la enfermedad, pueden aparecer alteraciones severas en el corazón, esófago o colon, y en la mayoría de los casos induce a una muerte súbita por trastornos cardíacos.

Esta enfermedad se trasmite en América Latina a través de vectores, pero con las migraciones se ha extendido al resto del mundo, y solo los Estados Unidos reportan unos 300 mil casos, aunque también llega a Europa y Canadá.

Además de la trasmisión vectorial ocurre la de madre a hijo durante el parto, a través de transfusiones de sangre o por trasplante de órganos.

— Pudiera darse la hipótesis de una propagación masiva?

Son enfermedades trasmitidas por vectores aunque no creo que exista el riesgo de una propagación masiva como en el caso del dengue y otras entidades virales, pero hay especies del mismo género de insectos que trasmiten estas enfermedades, por lo que no se descarta la posibilidad de que en algún momento pudieran actuar como vector de la afección.

— A partir de su trabajo ¿se ha despertado el interés foráneo por algunas de sus líneas?

— El perro representa el principal reservorio de la Leishmaniosis en muchas naciones. Una empresa española se interesó por un medicamento de uso veterinario y, en caso de descubrirse algún compuesto con potencialidad, dicha empresa asumiría su desarrollo y producción.

Hay otro que tiene un desarrollo futuro más cercano con un ingrediente farmacéutico producido por el CBQ que puede resultar efectivo ante la Leishmaniosis cutánea y que está a las puertas de un ensayo clínico a desarrollarse en México. Ya existen contratos con una entidad de ese país, y se solicitó la autorización pertinente para su desarrollo.

Otros objetivos recaen en el uso futuro a partir de los modelos matemáticos desarrollados como herramienta dirigida a la predicción de nuevos compuestos.

Todo sirve de base para la colaboración con un laboratorio argentino que se concentra en la Enfermedad de Chagas, y por los resultados del doctorado aparecen intereses dirigidos no solo a la investigación de medicamentos basados en síntesis química, sino también de aquellos con bases naturales.

He aquí un caso de Leishmaniosis visceral. Observe la distensión del abdomen ante una variante considerada la más agresiva. Ataca el hígado, el bazo, la medula ósea, y ocasiona anemia y pérdida de peso progresiva.

— Quienes tienen una visión estrecha de la ciencia pudieran preguntarse ¿por qué si en Cuba no existen estas enfermedades se dedica tiempo a investigarlas?

— ¿Y se olvidan las experiencias del cólera? Tenemos el riesgo inminente de que estén presentes al estar diseminadas por América Latina y con casos esporádicos en el Caribe. Existen compatriotas laborando en esos países, así como en otros donde las enfermedades revisten características endémicas, y corremos el riesgo de tener casos importados, sin descartar la avalancha turística.

Por lo general son entidades propias de países pobres, y por ello carecen de interés para los grandes consorcios farmacéuticos ante la necesidad de un fármaco seguro y costeable por las personas enfermas.

— Fuera del laboratorio y del mundo de la investigación ¿Cómo es Sergio?

— Una persona muy de su casa, pero como buen cubano, devoto a las fiestas familiares y con amigos allegados, fan de Ricardo Arjona y Adele, con el único hobby por las palomas mensajeras.

— ¿Usted considera que sus investigaciones constituyen un regalo de los científicos cubanos —y villaclareños— a la humanidad?

Ese ha sido uno de los móviles fundamentales de dedicar 15 años de mi vida a este tema de investigación ante enfermedades olvidadas, pero al verse las estadísticas e imágenes de personas afectadas cualquiera se siente impactado.

Quisiera despertar un día con el empleo de formulaciones de uso tópico ante aquellas más tóxicos de empleo sistémico que se reservan habitualmente para pacientes con síntomas muy severos.

Decía en el pensamiento de mi tesis doctoral: «Que la pasión por la ciencia no me haga olvidar los pacientes, y ojalá me alcance la vida para que algún microbio dañino se acuerde de mí con pesar».

Yo no puedo ni pretendo eliminar los microbios. Llegaron a este mundo para quedarse. Lo que sí desearía es limitar los sufrimientos humanos, pues hasta el momento no existen vacunas eficaces para el control de estas enfermedades, y ojalá que algunos de los productos que han pasado por mis manos llegue a ser un fármaco eficaz en la estrategia de viejos medicamentos aplicados para nuevas terapias.

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