El amor infinito entre Niurka y Lisandra

El doctor Yuniel González Cárdenas realiza el pase de visita a Lisandra, de 23 años y ya en casa. Junto a ellos Yaquelín Pérez Oliva, tía de la paciente en funciones de acompañante. Ambas con nasobuco para evitar complicaciones postquirúrgicas ante un sistema inmunodeprimido.

Por Ricardo R. González

Fotos: Ramón Barreras Valdés

Lisandra Linares Pérez experimentó una sensación extraña. Nunca antes la distancia entre Santa Clara y San Diego del Valle le pareció tan interminable como en estos días. Deseaba llegar a su hogar para besar a su pequeño Kevin Ángel Fernández Linares, de solo 4 años, y a su mamá Niurka Pérez Ginoris quien la trajo al mundo, hace dos décadas, y la que el pasado 18 de abril le donara uno de sus riñones en acto de confirmación maternal.

Atrás quedaron los momentos de angustia iniciados a partir de la semana 23 de gestación de la muchacha cuando aparecieron determinadas irregularidades sugerentes de investigaciones.

Un lupus eritematoso sistémico (LES) o enfermedad inflamatoria crónica que afecta la piel, las articulaciones, el sistema nervioso, y órganos vitales como el riñón y los pulmones era el causante del desbalance.

«En realidad me sentía aparentemente bien con el embarazo, pero comencé a inflamarme, a tal punto que me vi con 200 libras de peso como resultado de tanto líquido acumulado. Me sometieron a un chequeo completo del perfil renal, pues en los ultrasonidos no salía nada», precisa Lisandra.

Por decisión facultativa se procedió a la cesárea a las 33 semanas de gravidez. Ya la situación ponía en riesgo la vida de la progenitora y la del futuro hijo. Él nació con solo 4 libras y tuvo una larga estancia en el ginecobstétrico Mariana Grajales hasta alcanzar el peso adecuado.

«Poco a poco el daño renal se incrementó. Pasé cuatro años bajo seguimiento sistemático por parte de los nefrólogos hasta que decidieron someterme a las hemodiálisis. Bajo este proceder estuve seis meses hasta que consideraron la posibilidad del trasplante, y de inmediato mi madre se sometió a los exámenes como posible donante.

«Anímicamente pensé que se me unía el cielo con la tierra… Fue algo muy fuerte. Después asimilé la realidad porque no había otra alternativa, por lo que puse todo el optimismo… Si antes admiraba a mi mamá a partir de estos momentos la sitúo en un pedestal, y digo: Gracias madre, por darme una segunda vida».

EVOLUCIÓN SIN CONTRATIEMPOS

El doctor Yuniel González Cárdenas, nefrólogo del Grupo Básico de Trabajo (GBT) que participa en la preparación y seguimiento posterior de los trasplantados, valoró de sobresaliente la evolución de Lisandra, quien, al residir en una demarcación perteneciente a Cifuentes, inició los estudios preparatorios en el hospital general Mártires del 9 de Abril de Sagua la Grande.

«Una vez finalizados los exámenes pretrasplante el caso se trasladó para Santa Clara y le dimos la opción de recibir el órgano mediante un donante vivo o de otro perteneciente a un cadáver. Vale resaltar el gesto altruista de Niurka que, sin pensarlo dos veces, manifestó la disposición de aportar uno de los riñones a su hija».

Para ello se requiere la compatibilidad de múltiples factores entre el donante y el receptor por lo que comenzó el proceso preparatorio una semana antes del acto quirúrgico.

El martes 18 de abril Niurka y Lisandra entraron a sus respectivos quirófanos. Un equipo múltiple de Villa Clara junto a otros galenos de la capital cubana participaron en la operación, la primera con donante vivo en 2017 y la que reinicia esta actividad en la provincia luego de algunos años paralizada.

«La acción demoró cerca de cuatro horas. Hay que extraer, primero, el riñón del donante para luego aplicar el injerto. La actividad con el donante vivo exige cuidados extremos a fin de proteger su vida y evitar sangramientos u otras complicaciones.

Todo bajo la guía de un equipo que supera las 20 personas entre cirujanos, urólogos, nefrólogos, anestesiólogos, intensivistas, personal de enfermería, pantristas, auxiliares, técnicos, y hasta el necesario camillero».

Desde el primer momento la evolución de Niurka resultó extraordinaria y a los pocos días recibió el egreso. En el caso de Lisandra se mantuvo durante unos días en la Unidad de Cuidados Intensivos a fin de recibir un seguimiento extremo. Pasadas las 48 horas retornó a la Sala de Nefrología donde permaneció gran parte del tiempo hasta su partida a casa.

«La diuresis fue inmediata, lo que dio signos del notorio estado de la paciente», precisa el doctor González Cárdenas.

DE SUPERVIVENCIA Y ALGO MÁS  

A Villa Clara le corresponde la mejor tasa de supervivencia de Cuba en estos procederes gracias a la multidisciplina de un grupo de especialistas dedicado a tiempo completo a la actividad, y nadie mejor que la doctora Milagros Hernández Fernández, especialista de II grado en Nefrología y coordinadora de trasplantología en la región central, para reafirmar que en la actualidad supera el 80 %.

«Una actividad en la que impera el reconocimiento a los familiares de los donantes quienes ante la pérdida irreversible de un ser querido acceden a prolongar la vida de otros semejantes. Este desprendimiento ha posibilitado que la tasa de aportes supere la de años anteriores», sustenta Milagros Hernández.

Desde otro punto recuerda que la extracción de órganos procedentes de donantes vivos extiende su rango y abarca, además de padre, madre, hermanos e hijos, a sobrinos, primos, esposos y tíos siempre que resulten compatibles.

Doctora Milagros Hernández Fernández, coordinadora de la actividad en la región central.

«Si bien los trasplantes renales acumulan el peso de los procederes vale decir que prosiguen los relacionados con las hematopoyesis (médula ósea), sin excluir los injertos óseos, los de piel, células madre, y se va liberando la lista de espera de los relacionados con la córnea».

— El 6 de junio de 2012 se practicó el primer trasplante de madre a hija en los propios salones del Hospital Pediátrico de Villa Clara. Alejandra Rodríguez Granado, de Cabaiguán, y su mamá Mayté Granado prosiguen con evolución satisfactoria, pero ¿qué ha pasado con esta modalidad?

— Los trasplantes renales en infantes demandan su reacreditación, mas en estos momentos ningún niño aguarda por esta práctica en el territorio. Solo tres están sometidos a métodos purificadores (diálisis y hemodiálisis) y por sus características no vislumbra la necesidad de un trasplante, aunque en casos necesarios constituye una prioridad nacional y se realizarían las coordinaciones con el Pediátrico de Centro Habana hasta tanto se reacredite la actividad en la provincia.

La red de trasplantes de la región central cuenta con el reconocimiento en el país al rebasar las 400 operaciones, cifra que solo es superada por la capital cubana, y en estos el país invierte 5 millones de dólares anuales en la adquisición de inmunosupresores a fin de garantizar el éxito de la operación y la supervivencia de los enfermos que reciben los beneficios de manera gratuita.

Mientras tanto las protagonistas de este trabajo ven la vida bajo un nuevo prisma de optimismo. Al menos Lisandra manifestó también el sentir de su mamá al no encontrar las palabras que expresen el agradecimiento a todo un equipo caracterizado por condiciones extraordinarias. «En verdad no tengo calificativos… no puedo (y sus ojos se humedecen). Gracias a cada uno de ellos estamos haciendo historia».

Ahora Niurka estará un tiempo sin reencontrase con sus alumnos en la escuela donde trabaja, pero ellos y todos comprenderán las razones de ese beso interminable que le dio Lisandra a su llegada a San Diego.

MOMENTOS

— La ciudad estadounidense de Boston fue la primera en realizar un injerto renal con éxito en 1958. Se trató de un parto gemelar en el que uno de los nacidos carecía de riñones. Su propio hermano resultó el donante. 

— Cuba debutó con el proceder el 24 de febrero de 1970. Hasta 1979 se efectuaron con donante cadáver, y a partir de entonces también se inscribe con personas vivas que guarden compatibilidad con el receptor. En la actualidad sobrepasan las 5 500 personas beneficiadas.

— Villa Clara inició este camino en 1979, y luego de un período de receso recomenzaron en 1986 en el único Hospital Clínico Quirúrgico existente entonces en la capital provincial. Luego se retomó en junio de 2001, aunque la actividad se vio paralizada durante los últimos cuatro años.

— También el territorio registró los primeros trasplantes renales en menores en el año 2000, pero realizados en los salones del hospital Arnaldo Milián Castro. En la edad pediátrica la mayor de Las Antillas aplicó la técnica en 1988 en el Pediátrico de Centro Habana. Ya suman más de un centenar de casos, sin contar los anteriormente operados en servicios de adultos.

— Los procesos dialíticos se incrementan cada año debido al aumento acelerado de la diabetes mellitus y la hipertensión arterial que abren las puertas a la enfermedad renal crónica (ERC). A las referidas afecciones se unen las glomerulopatías primarias (afecciones propias del glomérulo o parte del riñón que interviene en la producción de orina), las malformaciones de las vías urológicas, los riñones poliquísticos, y otras inherentes a las particularidades del organismo.

TRASPLANTES EN CIFRAS

— Para el Estado cubano cada trasplante cuesta unos 15 mil dólares durante el primer año de efectuado y 5 mil a partir del segundo. A nivel internacional oscila, entre los 30 mil y 40 mil dólares solo en el primer año de realizado, y tiende a aumentar dadas las coyunturas actuales que rigen en el Orbe.

— Más de tres mil cubanos dependen en la actualidad de los efectos de un riñón artificial. Cifras expuestas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) suscriben que en los próximos años la ERC afectará a 600 millones de personas.

— Una sesión de hemodiálisis en instituciones cubanas está valorada en 300 pesos, por lo que al cierre de cada mes la cifra se remonta en 3 mil 600 pesos por enfermo sufragados por los presupuestos estatales.

— Estudios fundamentados demuestran que una sesión de estos métodos purificadores en otros lares resulta casi tan cara como el trasplante, y su costo asciende a 20 mil dólares anuales por paciente.

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