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Ricardo R. Gonzalez

CMHS en el corazón de Caibarién

Así llevan haciendo historia hace 34 años.

Por Ricardo R. González

Fotos: Carlos Rodríguez Torres

No hacen falta alas para llegar al corazón de los caibarienenses. CMHS es la voz de la Villa Blanca porque quienes hacen radio han sabido calar en la sensibilidad humana y arribar a sus 34 años con miles de historias compartidas.

De acompañar en las noches de luna y mar apacible, de conocer bien de cerca tempestades y fenómenos naturales, de llenar la espiritualidad humana y hacerla reír o llorar según la intensidad de la noticia. Todo ello lo sabe Belkis Bárbara Jiménez Cruz, la directora general de la emisora desde hace una década, y en esa cabalgata del tiempo le satisface decir que arriban a otro cumpleaños con un colectivo fortalecido, multipremiado, y conquistador de nuevos empeños.

Belkis Bárbara Jiménez Cruz, directora general de la emisora.

«Solo nos quedan seis fundadores, pero esa sabia inigualable del conocimiento ha sido retomada por realizadores muy jóvenes, la mayoría evaluados con primeros niveles, para portar con orgullo el emblema de laborar en una emisora pionera de la radiodifusión cubana y asumir la cobertura desde el centro norte del país.

En el día a día han vivido momentos de tensiones que, gracias al esfuerzo y empeño de los trabajadores, de la dirección provincial de la radio y de las autoridades del municipio, contribuyeron a vencer las dificultades ante un despiadado «Irma», ante los estragos de «Alberto», o las secuelas dejadas por intensas lluvias que quisieron silenciar la emisora.

«Nada lo impidió. En medio de todo protegimos la tecnología de siempre, el mobiliario disponible, y ya estamos viendo la remodelación de nuestros estudios ejecutada por una brigada de la provincia de Granma que por su seriedad en el trabajo confluyen con los sentimientos y deseos de cualquier lugareño en que todo salga bien con la cultura del detalle».

— Si hablamos de retos ¿cuáles serían los principales?

— El primero, sacar al aire la trasmisión este 27 de agosto, día del aniversario 34, y hoy los trabajadores están conscientes de que esa perseverancia puede lograr el objetivo. Otro principal es satisfacer las necesidades de nuestra audiencia, extendida un poco más allá de la ciudad, a pesar de que solo tenemos el servicio de FM junto a la señal digital dándole la vuelta al mundo, y defender la concepción de una emisora comunitaria que no se aparta de las normas radiales ni de las líneas estratégicas del país.

Desde los portales de la emisora se respira el ambiente festivo.

— En hora de recuentos no puede faltar la evocación a los iniciadores de las trasmisiones radiales ni a sus pioneros…

— Imposible olvidarlos. Nuestro respeto para Manuel Álvarez Álvarez (Manolín), ese asturiano que puso su mano para proponerse hacer radio, como lo logró, en determinados lugares que no tenían ni condiciones, a la familia Peña, que siempre nos acompaña en cada aniversario, a los fundadores que están y aquellos residentes en otros países que llevan la añoranza por esa radio. Por ellos y por sus respectivos ejemplos aparecen nuevos proyectos e ideas sin que olviden ese olor a salitre de nuestra gente de mar.

— O sea, rescatar cada detalle del pueblo para parecerse a este…

—Sin dudas. Una vinculación estrecha con la audiencia, con el Gobierno que ha permitido la vinculación al Desarrollo Local. Además de hacer radio somos un centro cultural importante a partir de artistas que conviven con el medio, de poseer galerías de arte, al tiempo que patrocinamos el evento Emisoras del Litoral al cual se han fusionado proyectos del territorio.

Belkis Jiménez considera a CMHS como una emisora ambientalista al defender el mundo tanto animal como vegetal, y a favor de una sociedad que concientice la necesidad de cuidar el medio ambiente.

«Tenemos colaboradores a favor de esos intereses, y a través de nuestros perfiles en las redes sociales se hacen sentir en torno a la Tarea Vida y otras temáticas, por lo que dejamos siempre las puertas abiertas a quienes vienen a aportar y se entregan a cada objetivo.

La técnica resulta fundamental para cumplir los objetivos.

— Una década como directora de la emisora. Del primer año en que asumiste la tarea a hoy ¿Cuál es tu visión?

— Venía con la escuela de la producción radial, pero cuando te insertas a la faceta directiva con personas que le gustan crear e innovar resulta un gran regalo. Cada día aprendes en el campo de la digitalización, descubres nuevas herramientas en Twitter, profundizas más en Facebook, y adquieres una visión de comunicación para diferentes públicos, pero creo que ese apoyo de mi colectivo es lo que me ha permitido seguir. Soy arquitecta, soñadora y todo ello me ayuda a edificar la vida.

— Cómo soñadora ¿cómo ves a Radio Caibaríen de aquí a 10, 20, 30 años más…

En una posición muy alta por el sentido de pertenencia de sus trabajadores, por el nivel de compañía de la audiencia, y por quienes apoyan esos sueños a fin de seguir siendo la voz de la Villa Blanca.

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agosto 27, 2019 Posted by | Enlaces | , , , , , | Deja un comentario

Rosita Fornés: «Mi obra maestra no ha llegado» (Primera parte)

Por Ricardo R. González

Fotos: José Hernández Mesa

Decir Rosita Fornés es como destapar un cofre inimaginable, percibir la magia de esa caja de Pandora que trata de abrirse hasta recorrer el más diminuto de sus recodos. Es, también, suscitar intrigas, esperar sucesos, alimentar el deseo de conocer cómo transcurre su vida luego de que se apagan las luces de un escenario y el teatro recobra su calma habitual, o qué pasa lejos del set televisivo… En fin, tratar de descubrir su existencia con el simple atuendo que porta Rosalía Palet Bonavía.

El encuentro con la vedette de Cuba y de América era inminente. Quisimos desplegar una plática alejada del glamaour que destella esa mujer admirada por diversas generaciones. Una vez en su casa, resultaron más de tres horas de inmenso placer sin apenas pausas. Las nunca suficientes para conocer el mito que recorre su anatomía, con pinceladas matizadas por Lupe, el ser más querido por Rosa, fallecida un tiempo después de esta conversación, y quien, en su condición de madre, conocía a su hija palmo a palmo.

Un diálogo que inició a raíz de una de las declaraciones de la artista y su argumento —casi paradójico—de tener tres vidas. Las mismas que sustentaron el documental realizado por José Antonio Jiménez.

— Te diría que ya son cuatro o cinco, (y sonríe)… Cuando te pones a recordar todo lo realizado enmarcas tres etapas. Empecé siendo una adolescente que tuvo la suerte de iniciarse como aficionada.

No sabía nada del arte porque mi familia se oponía a que fuera artista. Comencé a los 15 años cuando me llevaron a La Corte Suprema. Al parecer le caí bien a la gente, y a partir de ahí inició esta larga historia.

Desde pequeña yo tenía mi vocación muy bien definida e imitaba a las grandes de la época. Pese a la oposición hogareña comencé mis estudios de canto, música, actuación con maestros excelentes que también influyeron en la formación de actrices de primera como Raquel Revuelta y Gina Cabrera, entre otras. Recuerdo a Enriqueta Sierra, e incluso tomé algunas nociones de ballet, al tiempo que trabajaba. Esa resulta mi primera vida que desarrollé hasta que marché a México después de llevar cinco años de actividad en Cuba donde abordé todos los géneros en temporadas recordables de zarzuelas y operetas dentro de lo lírico, sin descartar la interpretación de los principales autores.

Fue dirigida por Ernesto Lecuona, Gonzalo Roig y Rodrigo Prats, los tres grandes del momento, mientras en las temporadas dramáticas conté con la sabiduría y el talento de Mario Martínez Casado, y con primerísimos actores como Otto Sirgo, con quien debuté, y con Enrique Santisteban.

Parto a México y me integro a una compañía de artistas argentinos, mexicanos y cubanos.

— Momento propicio para que aparezca como la primera vedette…  

 — Así es. Estuve un quinquenio con muy buena acogida de público y de la prensa, y luego de dos años más ya figuro como la primera vedette de América porque había cultivado todos los géneros necesarios: el canto, el baile, la actuación…en fin…lo que se dice hoy una artista integral.

— Sin embargo, hay un retorno de México precedido por circunstancias muy personales ¿Puede hablarse entonces de una segunda vida?

— Efectivamente. Vine con mi hija Rosa María Medel que iba a cumplir tres años. Tenía idea de regresar a tierras aztecas porque dejé firmado un contrato prometedor en el cine para realizar películas notorias. .. Yo no le había dado mucha importancia a la cinematografía, filmaba una película al año, pero no más.

Entonces me contrataron en exclusiva. El año en que vine debía hacer cinco filmes bajo la guía de los hermanos Calderón que hubiese constituido mi plenitud cinematográfica, mas mi divorcio con Medel cambió todo el panorama, y al llegar a Cuba comenzó la propaganda de escándalos en México. En realidad no me gustó, se removió demasiado el hecho de mi separación matrimonial, y él también asumió una posición drástica… Como la televisión había empezado aquí me propusieron hacerla, y mandé a decir que cancelaba momentáneamente el contrato en México lo que no tomaron a bien.

Después accedí a trabajar en coproducciones mexicano-cubanas para retirar aquella mala impresión porque yo le debo mucho a México en los inicios de mi carrera, pero inicié en Cuba y siempre tuve un programa de radio y de televisión patrocinados por las mejores firmas.

El triunfo de la revolución me sorprende en España donde tuve una hermosa acogida. Allí tenía un contrato prolongado. Paso dos años y los interrumpo en 1959.

Había dejado a mi hija en Cuba, y llevaba casi tres años fuera. Entonces comenzaron las propuestas para diferentes espacios. Fue cuando dejé a un lado lo de España y me quedé aquí. Allá comenzó mi tercera fase que duró hasta que hice el documental «Mis tres vidas».

— Pero usted ha descansado muy poco…

— Apenas nada. Además de la radio y la televisión, con espacios de alto raiting y totalmente en vivo, viajé por todos los antiguos países socialistas y por disímiles lares del mundo. Me identifiqué mucho con Cuba, con su pueblo, y para el trabajé. Viví etapas muy intensas de hasta 12 horas de filmaciones. Salía a las 7:00 o a las 8:00 de la mañana y retornaba tarde en la noche, y ya entro en una cuarta vida que no sé cuándo acabará.

Llevo más de 70 años como artista y el tiempo libre no lo puedo dedicar a descansar.

— Una parte del público la ha visto siempre como una figura antológica rodeada de mitos en la historia del arte ¿Es así Rosa Fornés?

— Eso de ser una figura antológica no lo había pensado. Soy una mujer con mucha sensibilidad que valora cada detalle sin menospreciar ni exagerar. Encuentro el punto medio de las cosas, y ello es muy importante en cada arista de la vida, saber hasta dónde se puede llegar y saberlo admitir, y siempre servir a los demás en todo lo que pueda.

No he puesto trabas ni zancadillas a nadie y por ello estoy muy feliz internamente, y agradezco el cariño que me profesa la gente, y sobre todo la amistad.

He recibido tanto de este pueblo que fue lo que siempre le pedí a Dios, que me concediera el reconocimiento del público como le ocurría a Rita Montaner.

— Ya que menciona a Rita Montaner ¿Qué opinión le merece?

 — Ella salía al escenario, y aunque estuvieran otros artistas valiosísimos era el acabose. La recibían con un cariño especial. Yo la seguía, tuve oportunidad de verla, y aunque decía que no se sentía bien de la voz siempre triunfaba. Poseía una vis cómica extraordinaria y una personalidad muy grande, a pesar de su carácter que no siempre se mostraba favorable.

Yo dije cuando empecé: «Ojalá algún día me pueda ganar el cariño del pueblo como lo tiene Rita, ese será mi mejor premio».

Pero ella seguirá siendo la única, y en lo que a mí concierne, paso a paso, he quedado en el corazón del público, aunque no exactamente como ella.

A veces me pregunto por qué me han aplaudido tanto si no he realizado algo de tanto valor…Eso me lo pregunto muchas veces. Y doy gracias porque me han premiado con el aplauso.

He salido a trabajar con fiebre, con estados gripales, con diferentes problemas que ya delante del público los he olvidado todo. Es como una especie de magia, y cuando culminaba el trabajo volvían de nuevo los malestares. Uno no sabe qué misterio sucede.

— ¿Es cierto que bailó un mambo con el mismísimo Benny Moré?

— Así es. A Benny lo admiré siempre. Fue un ser humano incomparable, y lamenté mucho su deceso. Lo conocí en México, allá por el año 1950, durante un espectáculo junto a la orquesta de Dámaso Pérez Prado.

En aquella ocasión cantó dos temas para robarse el show, y fue cuando bailé con él.

Yo me quedé perpleja. Recuerdo que me dijo: «Muchacha si es muy fácil. Mira para acá», y comenzó a improvisar una coreografía. Al final bailamos, y nos llevamos los mayores aplausos. Parece que todo salió bien.

— No llegar a ser cantante de óperas —como aquellas piezas que escuchaba en la discoteca de su abuelo— le provocó alguna que otra frustración?

— Me conformé con lo que la Naturaleza me dio. Llegué a cantar lo que creía, y me encaminé a la zarzuela y la opereta, pues reconozco que me faltaba para llegar a la ópera.

—Quiero referirme a personalidades e instituciones que han delineado su carrera artística. La Corte Suprema del Arte, Antonio Palacios, Mario Martínez Casado, Adolfo Guzmán, Germán Pinelli…

— La Corte Suprema… fue la posibilidad de iniciar mi camino. Debuté cantando la milonga «La hija de Juan Simón» acompañada de Manolo Tirado, un guitarrista andaluz, y es ese premio inicial perdurable en lucha con la oposición familiar para que no fuera artista.

Antonio Palacios es mi padre artístico. Quien me hizo ir a un teatro a protagonizar obras españolas. Allí conocí a Ernesto Lecuona quien me llevó a su compañía pues creyó en mí y me ayudó.

Con Mario Martínez aprendí bastante. Era un actor muy competente en una etapa en que había que estrenar semanalmente una obra. Hice por primera vez con él «Morena clara», y otras puestas de autores argentinos. También «Casa de muñecas», de Ibsen, «Doña Rosita la soltera, de Lorca, en fin… Un maestro de actores.

Adolfo Guzmán constituyó un maestro y amigo inseparables. Me ayudó mucho en mi programación musical. Lo recuerdo de manera especial porque era incansable en busca de la perfección. Para mí él y Rafael Somavilla eran excelentes maestros, pero Guzmán resultaba más completo.

Pinelli fue mi ídolo. Alguien con una cultura vastísima. Me ayudó siempre, y tenía unos conocimientos musicales y un dominio de la escena únicos. Uno de nuestros presentadores y animadores más completos de todos los tiempos.

De repente en TV fue un espacio televisivo inolvidable. Después de «Desfile de la Alegría», «Su noche favorita», «En órbita con la alegría», que duró poco tiempo, resultó el más importante. Lo quise mucho, y le puse alma y corazón.

Después vino «Cita con Rosita» que cerró mis programas fijos en TV…

— ¿Y por qué desapareció casi de la noche a la mañana?

— Se fue del aire porque yo lo dejé de hacer. Deseaba mucho que «Cita con Rosita» no cayera en la rutina y llegó el momento en que consideré que ya estaba obsoleto. Lo cambiaron de horario varias veces. También pasó para el entonces canal 2 con un diluvio de directores que ya no era Condall el exclusivo. Cada uno tenía sus ideas y lo realizaba a su manera, y el programa se convirtió en algo que parecía un remolino dislocado. Tampoco había muchos recursos. Hice algunas propuestas y estuvimos un año en espera de alguna respuesta, al cabo del tiempo me dieron el veredicto, y con los argumentos expuestos…decidí no hacerlo más.

— Se piensa que Rosita Fornés es una mujer que ha vivido a fuerza de ejercicio, que dispone de un gimnasio en su casa, que ve lejos los desempeños cotidianos del hogar, y que vive bajo estrictas restricciones alimentarias. ¿Falso o verdadero?

— Es una imagen distorsionada. Al principio de la Revolución se pusieron en moda los filminutos de ejercicios por TV. Eso es lo que yo hacía, pues gracias a la vida dispongo de un metabolismo que nunca tuve que ponerme una dieta rigurosa. A veces me pasaba unos kilos, pero moderaba y resolvía.

Claro no ingiero comidas sobresaturadas en grasas, ni en sal o azúcar, mas como de todo.

Incluso tengo una anécdota. Hubo un tiempo en que por exceso de trabajo no comía lo necesario, y padecí de anemia. El médico me dijo: «Usted tiene un sistema que necesita alimentarse porque quema tantas energías que requiere alimentarse».

Si aumentaba de peso después con el empleo de masajes estaba en forma en una semana, y seguía comiendo de todo. Hasta merendaba, y antes de acostarme también comía algo.

Nunca he tenido gimnasio en casa ni voluntad para hacer grandes tandas de ejercicios porque no tengo paciencia.  Y en cuanto a las cirugías…por favor…ya no sé por qué número voy, según la gente.

Debo decir que solo dos porque les tengo terror, y en la primera pasé un gran susto al separarse unos puntos y desgarrarse la piel alrededor del cuello. Aquello fue terrible. Tenía 40 años. Después vino otra en los ojos cuando fue a hacer «Papeles secundarios», y como han tenido que operarme tantas veces la cadera no quiero saber de las mesas de operaciones.

— En su vida ha enfrentado golpes duros y avatares impredecibles de la vida. En cierta ocasión dijo: «Soy una mujer que ha sufrido más de lo que la gente imagina».

— He superado cosas que sufrí y han sido muy tristes, aunque, lamentablemente, pienso que hay casos peores. He enfrentado situaciones sensibles, pero sigo adelante.

Y como no he sido una mujer superficial le doy a todo un valor sentimental, y por ello sufro más. Recuerdo a muchos compañeros de trabajo que he perdido, y me da dolor que hayan desaparecido, y también las «cosillas» que aparecen y suceden en los mejores matrimonios.

Me casé dos veces. Logré momentos muy felices y otros no tanto. Perdí a mi segundo marido (Armando Bianchi) de una manera muy trágica luego de 28 años de unión y cuando se recuperaba del alcoholismo.

Estuve un año que me parecía que no podía vencer esa pérdida. Yo misma salí de aquel bache dándome mis autoterapias. Nunca olvidaré que por entonces estaba «Cita con Rosita», e incluyeron en el espacio aquel tema «Llorando en la capilla». Por disciplina lo hice, pero en verdad nunca debieron programarlo…

Armando siempre me dijo que quería pasar de la vida a la muerte, y así ocurrió, sin darse cuenta. Le dio un coma en el agua que le hizo perder el conocimiento y vino el ahogamiento. Algo muy duro porque tuve que enfrentar toda aquella situación.

Con él tuve una experiencia extraordinaria. Me atrajo desde el primer momento. Hicimos muchos programas juntos hasta salir Mr y Mrs Televisión en 1953,  y todo culminó en una unión perfecta.

Viví una vida intensa con él, trabajé mucho, viajé con él…Adquirí nuevas experiencias en diferentes órdenes y partimos para España donde se inicia, como ya precisé, mi tercera vida.

Allí estuvimos casi dos años, y estrenamos varias obras

Pero tengo muchos motivos para vivir. No solo entre los míos, si no para quienes me necesitan en el buen camino de seguir adelante.

— Rosa, además de los contratiempos impuestos por la vida, ¿Le quedan sinsabores laborales?

— Hay también algunos que me hirieron. Hace muchos años hubo impedimentos e incomprensiones para que no tuviera una programación tan exitosa. Me lo hicieron sentir en varios momentos, sobre todo cuando estaba determinado director en el entonces Instituto de Radiodifusión (ICR) que me propinó hasta ciertas humillaciones al enfatizarme que mi personalidad molestaba porque era la imagen de la burguesía.

Yo siempre quería lo mejor para los programas, y trataban de que me oyeran en función de la calidad y de que todo quedara bonito. Esa persona siempre que me oía decir «porque yo quiero esto o lo otro» a fin de mejorar, me ripostaba «tienes que meterte en la cabeza que se terminó el estrellato, ya aquí no existen estrellas».

Recuerdo que estando el programa «Su noche favorita» en el primer lugar de teleaudiencia lo retiraron de la noche a la mañana. Y soporté, una vez, que me dijera: «Usted no puede salir vestida modestamente, usted siempre tiene que andar con plumas y lentejuelas…»

Y le respondí: «Yo puedo salir con un traje de ir a cortar caña, y sigo siendo Rosita Fornés».

Hay otras situaciones que ni quisiera recordar. Por suerte los tiempos cambiaron.

— ¿Hasta qué punto ser artista, y de su valía, ha incidido en su vida privada. Siente que ha pagado el precio de la fama, le ha incomodado perder su intimidad?

— (Se ríe) Ya me he acostumbrado a no tener intimidad completa, pero eso se recompensa con todas las muestras que he recibido en la vida, hasta tal punto que el día que salgo y nadie se da cuenta me hace sentir mal.

No es que viva pensando en la grandeza, es que necesito a este pueblo pegado a la piel. Me halaga un saludo cordial, un comentario, alguien que venga a interesarse por mi estado de salud. En fin… son esos tesoros espirituales que me hacen vivir.

(Continuará)

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febrero 11, 2019 Posted by | Enlaces | , , , , , , , | Deja un comentario

Rosita Fornés: «Mi obra maestra no ha llegado» (Segunda parte)

Por Ricardo R. González

Fotos: José Hernández Mesa

La tarde habanera avanzó casi sin darnos cuenta. Rosita conversaba y contaba anécdotas y otros sinsabores que calan en la vida de cualquier persona. En verdad, olvidamos la cronología en el tiempo.

Cada minuto traía el deseo de conocer mucho más sobre la vedette en torno a su arte y a lo que cada quien desea saber o imagina…

— Sin embargo, su edad ha causado polémicas y una sumatoria interminable…

— Desde que tenía 20 años comenzaron a situarme 20 más, y me he acostumbrado a esa larga cordillera. En ocasiones hasta risa me ha dado. Yo tengo la edad que quieren que tenga, pero confieso que nací el 11 de febrero de 1923.

— ¿Y es cierto que se considera presumida?

— Eso sí, aunque me han dado más fama sobre mi belleza de lo que en la realidad es. Me siento atractiva, pero no bella. Por ejemplo, mi boca es bonita si me río, pero no cuando estoy seria. Mi nariz no es perfecta, y me hubiera gustado tener los ojos más grandes. Y mi cuerpo ha sido bonito, pero no intachable.

He llegado a países donde mi nombre no es tan reconocido y la gente me miraba, y lo que sí puedo confesarte es que de vez en cuando me llega algún que otro piropo…porque admiro mucho el género masculino.

— ¿En qué sitio sitúa a su familia y a la religión?

— Nunca oculté que era creyente. Siempre tuve en casa el Sagrado Corazón, la Virgen de Fátima, Santa Bárbara, y la de la Caridad del Cobre. Permanecen en mi cuarto, y cuando salgo de viaje me acompañan en sus estampas.

No soy de asistir a misa con mucha frecuencia, mas rezo todos los días y pido mucha salud para las personas, y en cuanto a la familia para mí es trascendental. Muy cierto que mi carrera ha sido la realización, pero mis seres queridos han estado priorizados.

— Hay una faceta profundamente humana suya con El Ríncón o leprosorio de La Habana que incluye desde la presentación espectáculos musicales hasta su propia contribución monetaria…

— Data desde que una vez me invitaron a participar en un espectáculo y vi como esos seres humanos disfrutaban de la puesta. Yo les llevaba a diferentes solistas, orquestas, bailarines como en especie de revista musical al teatro que allí existe.

Me pidieron los enfermos que fuera su madrina, y ningún compañero a quienes llamé dentro de los artistas me dijo que no o puso algún pretexto, y eso lo agradezco sobremanera.

Íbamos varias veces al año, pero las dificultades de transporte han impedido en los últimos años esta afluencia humanitaria para personas que bien lo necesitan.

— Si fuésemos a conformar su autorretrato pudiéramos decir que es optimista, perseverante, amable, en determinados momentos explosiva, recia y tierna a la vez?

— Has dicho muchas verdades. Yo creo que me has estudiado y muy bien. Creo que en esa mezcla se dibuja a Rosita Fornés. En la fuerza, la perseverancia, en el hecho de sobreponerme a las cosas encuentro los mejores antídotos. Tengo días sumamente estresados, y otros más sensibles. A veces me castigo a mí misma, pero si de algo vivo feliz es que no le he hecho nada negativo a nadie, no he puesto zancadillas en la carrera de nadie, ni nadie puede decir que Rosita Fornés expresó una idea desfavorable sobre alguno de mis compañeros de trabajo.

— Uno de sus espectáculos contemporáneos más recordados fue Rosita tridimensional ¿Cierto?

— Recordado tanto por el público como por mí. Subió a la escena del teatro Karl Marx allá por la década de los 80. Estuvo varias semanas en cartelera a teatro lleno en cada función. La gente no se cansaba.

Yo creo que si se hubiera dejado todo un año en cartelera no aburriría, y aunque tenía a Rosita Fornés de protagonista pudiera decirte que todo el mundo brilló de una manera encomiable.

Un elenco de primeras figuras que aglutinó, además, a Mirtha Medina, Farah María, Héctor Téllez, Alfredo Rodríguez, Raúl Gómez, Leonor Zamora, el fonomímico Centurión, Miguel Ángel Piña, en fin… algo extraordinario.

La preocupación de todos era que saliera cada función como el público deseaba, y ese mérito fue compartido gracias al maravilloso elenco. Un espectáculo de lujo por todos ellos.

— Y otro indudable fue la puesta de Hello Dolly…

 — En efecto. Algo sensacional. Incluso tiene una anécdota quizás poco conocida. Resulta que casi a punto de su estreno una de las actrices seleccionadas manifestó que no iba a encarar su papel por determinadas circunstancias. Eso nos abrió tremendo cráter.

Nos rompimos la cabeza buscando quién podía reemplazar a dicha artista. Todas las puertas que tocamos estaban ya comprometidas o no le interesaba la oferta, y tomé una decisión.

Mirtha (Medina) se encontraba en México haciendo una temporada muy exitosa en Cancún como primera figura de un espectáculo.

La llamé personalmente, y le dije lo que pasaba. Nunca olvidaré que, sin pensarlo dos veces, me respondió:: «Estoy saliendo para La Habana porque el estreno va».

Eso nunca lo olvidaré de Mirtha. Dejó todo su programa a un lado, y vino con nosotros. La vida la premió porque logró una interpretación fenomenal, aunque representó el segundo papel de importancia en la obra, lo que demuestra que no hay actuaciones de segunda. Todo depende del talento de quien la asuma.

Yo protagonicé a Dolly Levi, el inolvidable Omar Valdés encarnó a Horario Vandergelden, como mi contrapartida, Mirtha representó a Irene Malloy, mientras Luis Castellanos dio vida a Cornelio Hackel, y Rebeca Martínez, a Minni Fay.

Años más tardes la propia Mirtha hizo My fair lady junto a Armando (Bianchi) e hicieron un dúo también sin par.

—El arte le ha traído satisfacciones y sinsabores ¿Cuáles incluye entre los placenteros y aquellos que no quisiera recordar?

— Soy artista por encima de todo. Tengo una colección de medallas, distinciones, premios, diplomas que jamás pensé tenerlos: la Orden Félix Varela de Primer Grado, Distinción Por la Cultura Cubana, la Lázaro Peña, Alejo Carpentier, Juan Marinello…los girasoles de Opina, las llaves de la ciudad de varias capitales cubanas, Hija Ilustre de Camagüey, la Distinción 23 de Agosto de la FMC, y el Premio Nacional de Teatro que jamás pensé lo recibiera tan pronto.

Y sobre todo las conferidas por mi pueblo que las llevo en el corazón.

Entre los sinsabores, a lo largo de la entrevista te he contado algunos, te diría otro de los lamentablemente ocurridos cuando recibí una invitación para filmar en México la película «El quijote cabalga de nuevo». El funcionario de la televisión en aquella época se negó porque él no autorizaba a ningún artista cubano a filmar en el extranjero… Sentí que existía evidente desconfianza sobre mí, y… punto final…, prefiero olvidarlos porque incluso muchos de sus ejecutores ya ni están.

—En cierta oportunidad usted expresó: «El camino del artista está sembrado de escollos que hay que vencer y nunca terminan, y sobre todo, hay que tener un sentido muy agudo de la autocrítica. ¿Cómo enfrenta Rosa Fornés a Rosa Fornés?

— Soy exigente al máximo e impongo metas. A veces una se equivoca, y es saludable reconocerlo. Si no me he dado cuenta de algo me gusta lo señalen de manera constructiva. Hay criterios que enseñan pues no siempre cada actuación es brillante. A veces se aplaude hasta el delirio, y una reconoce que no estuvo a esa altura. Por tanto la próxima vez tiene que ser mejor.

— Cuando comenzó su carrera artística su máxima preocupación era conquistar al público. ¿Para lograrlo se necesita solamente derroche de tecnicismo?

— El artista nace con una especie de ángel que se va cultivando. He conocido muchos exponentes con un dominio de la técnica impecable, y no han llegado. Quienes escojan este camino tienen que entregarse en cuerpo y alma. Los años te hacen sentirte una especie de psicólogo, y te das cuenta que debes confiar en la gente. Captar la bondad y la hipocresía, y el público no se equivoca. Quizás no domine un detalle técnico, pero identifica muy bien una entrega real de una ficticia.

Yo creo que he tenido ese ángel, sin ser alguien que conozca perfectamente todas las raíces del arte.

— A usted le molestaba que le hablaran de relevos…

— A mí me parece que esa palabra la utilizan indebidamente. Cada quien tiene su estilo, su manera de expresar los sentimientos, y la forma de proyectarse va en evolución con el paso de los años. La forma de hacer arte varía con el tiempo y las generaciones, y hay muchas artistas que hemos coincidido, pero ninguna imita a nadie.

A Rita (Montaner) la vi, pero no la imité, su personalidad era diferente a la mía, pero ella tenía un estilo incomparable. Rita fue y es Rita. La auténtica representación de la cubanía. La única.

A mí me han preguntado: ¿cuál usted cree que sea su relevo? Y he dicho, hay estilos, no relevos.

Y traigo a colación al Benny, a Alicia Alonso, a Bola de Nieve… ¿puede hablarse de relevos? Son personalidades extraordinarias.

Esté donde esté Mirtha Medina es excelente. Actúa, canta, baila y lo hace todo muy bien. Rebeca Martínez es otro ejemplo. Las tres trabajamos juntas en varios espectáculos, y nadie puede decir que una imita a la otra, que ellas me «copian» a mí, no es así. Cada una tiene un sentido muy preciso y delineado dentro de su carrera.

— Hablemos de cine. Muchos actores y actrices influyeron en su vida o compartieron escena; sin embargo hay una película de su estancia en México que aún no ha visto…

 — Yo debuto en el cine mexicano haciendo «El deseo», y fue tan convulsa su filmación que no asistí al estreno, e incluso nunca la he visto, aunque me gustaría hacerlo para ver lo que hice.

Era muy exigente, a veces iba a filmar una escena, y cuando la terminaba me echaba a llorar por lo que había visto.

Confieso que el primer rostro que me impactó del celuloide fue Greta Garbo. Su imagen se me quedó para siempre, y también debo adicionar a Marlene Dietrich, Joan Crawford, Bette Davis…

Entre los hombres admiré a Clark Gable, Robert Donat…

— Pero hay un nombre: Mario Moreno (Cantinflas)…

 — Te diría que lo conocí casi de manera casual, Él viaja a Cuba invitado por la entonces CMQ y prepararon un espectáculo para tributarle un grandioso recibimiento porque ya él era muy famoso.

Me designaron como contrafigura en ese programa, y dispusieron que fuera a recibirlo en el aeropuerto. Nos conocimos y lo dejamos en el hotel Nacional donde se hospedó.

Yo lo idealicé un poco. Él se fue fijando en mí en los ensayos. Se acercaba y le gustaba conversar conmigo, y aquello comenzó a motivarme hasta nacer una atracción muy bonita, pero en aquella época las circunstancias eran diferentes

Salimos a diferentes sitios siempre acompañados por el resto del elenco o con alguien de mi familia.

Debo decir que a mi padre le simpatizó mucho, y él insistió en que viajara a México para debutar en el cine.

Me dijo que, en su país, quería formalizar ese romance que nació aquí; sin embargo, conocíamos que él estaba casado. Aún así habló con mi padre, que era una especie de guardaespalda mío y una persona muy recta, y le prometió solucionar su divorcio. Llegué a enamorarme de él. Puedo decir que fue mi primer amor en serio e inesperado.

El tiempo pasó, y se afectó la relación con Mario. Mi padre veía que su situación matrimonial no se solucionaba. Él me pidió que tuviera paciencia y me hizo otras promesas, pero mi padre dijo: «no veo claridad y nos vamos para Cuba».

Aquello terminó, y quedamos como buenos amigos.

— ¿Y Manuel Medel?

— Ya había terminado aquello con Mario Moreno, y sabía de la fama que tenía Medel. Lo conocí personalmente en un vuelo desde México a La Habana. Él venía a pasarse unos días de vacaciones y yo también.

Lo felicité por su éxito, y durante su tiempo de estancia en Cuba no nos volvimos a ver.

A mi regreso a México me llaman porque se iba a inaugurar el famoso teatro Tívoli. Medel era el empresario, actor y director de esa compañía que quería que yo trabajara como vedette.

Después, el tiempo se encargó de lo demás hasta que nos casamos. Fue también una relación intensa y bonita de la que nació mi hija Rosa María Medel.

Ambos trabajamos en la película «Cara sucia», estando ya embarazada de Chiquitina.

Y luego de cuatro años de matrimonio decidí separarme de él.

— En la filmografía cubana el nombre de Rosa Fornés no aparece mucho. ¿Lamenta esta escasa incursión?

 — Me hubiera gustado hacer mucho más. El ICAIC surgió en un momento en que yo estaba madurando artísticamente y era más joven. Quizás la imagen mía daba un aire de burguesa, y en aquellos tiempos la temática tenía sus situaciones.

Me hubiera gustado que quedara un documental, pero con «Se permuta» llegó una verdadera realización. Fue mi debut cuando ya el ICAIC cumplía 25 años. La quiero mucho y fue un éxito tanto teatral como en el cine, y me tributó innumerables satisfacciones. Se lo agradezco mucho a Juan Carlos Tabío quien concibió una trama excelente junto a un elenco de primer orden.

Pero la historia no fue tan simple, y te la cuento. El guión inicial fue concebido por Jesús Gregorio, un joven a quien la muerte le sorprendió muy joven, y en realidad la obra transitó por grandes sinsabores.

En un inicio se llamaría Lola permuta, y hasta algunos dudaron en darme el papel estelar, Si no lo reclamo con fuerza no me lo dan, aunque fue escrito para mí.

Con la muerte de Gregorio el libreto lo abordaron Tabío y Titón, pero a todas cuestas el libreto cinematográfico de Tabío resultó momentáneamente rechazado.

Sin embargo, el grupo de teatro Bertolt Brech se interesó por la muestra, y Mario Balmaseda la hizo suya. Comenzamos de inmediato los ensayos, y el éxito fue rotundo.

Al parecer ello conmovió a los más escépticos del ICAIC quienes valoraron la posibilidad de aprobar el rodaje hasta que se logró.

Aún así mi personaje perdió más del 25 % comparado con la puesta teatral, pero logramos una de las más populares películas en la historia del cine revolucionario en la que el propio Mario e Isabel Santos, junto al resto del reparto resultaron de primera línea.

Después de ello pensé que iba a filmar más seguido, pero hice una participación especial en «Plácido», con el desaparecido Jorge Villazón, un poco para borrar aquella imagen de que si no me proponían protagónicos yo no aceptaba papeles. Media hora de grabación para quedar en minuto y medio luego de las tijeras de edición. De tres secuencias que iba yo a tener solo la dejaron en una, y hasta fue cortada.

Hasta cantaba, y tenía una escena final muy linda junto a Villazón, pero…

Después vino «Papeles Secundarios», del realizador Orlando Rojas, en la que intervinieron el actor español Juan Luis Galiando y la cubana Luisa Pérez Nieto.

En esta tuve un personaje bastante interesante. Pasaron los años y llegó el cortometraje «Quiéreme y verás» en el que me hubiera gustado una actuación más extensa, y cierra «Las noches de Constantinopla» .junto a Francisco Rabal, Verónica Lynn y Jorge Alí, en una coproducción cubano-española. Nada más.

En la foto aparece Lupe, la mamá de Rosita, quien aun vivía. Un ser en extremo simpático y ocurrente

— Repasemos entonces el mundo de los discos en el que tampoco resulta amplio el catálogo…

— Quizás yo tuve parte de culpa. Trabajaba tanto en mis espectáculos y espacios de TV que nunca me preocupé por mi discografía. Terminaba un programa semanal y ya tenía encima el próximo. Tampoco contaba con un representante y de todo me encargaba yo.

Cuando vine a darme cuenta comenzaron a fallar los planes o no se cumplían las propuestas de la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (EGREM).

No obstante dejé grabado algunos long playing y varios discos de 45 rpm. En México hubiera podido grabar con la RCA Víctor, aun así aparezco en un disco con artistas famosos.

En Cuba dejé, además grabaciones para la firma Panart y Puchito. Tengo infinidades de números con excelente calidad en el ICRT de los cuales muchos se perdieron, y hace un tiempo la EGREM sacó una recopilación en dos CDs, y otro cassette de «Las voces del siglo»

Pero la consagración me la propició Abdala, al grabarme el CD Rosa del tiempo con números clásicos en mi repertorio y otros nuevos.

— En los últimos años las caderas le han propinado varias visitas al quirófano…

— Yo he cometido varias locuras en mi vida, y confieso que no me he cuidado mucho. Jamás hice calentamiento previa antes de salir a escena, y una de mis tantos disparates fue bailar cancán pasados los cincuenta años.

Recuerdo que el climax llegó durante una de las funciones del espectáculo Vedettisima. Luego de estar minuto y medio bailando cancán sentí una especie de contracción muscular sin dolor.

El doctor Rodrigo Álvarez Cambras me atendió, y situó un tratamiento a largo plazo, sin entonces pensar en operaciones, pero seguí y seguí en giras, espectáculos por todo el país y en el extranjero y… ocurrió lo que tenía que ocurrir. La desviación existente en mi columna vertebral influyó sobre las caderas, y de ahí las reiteradas intervenciones quirúrgicas.

— ¿Con ocho décadas vividas y de ellas gran parte dentro del arte mantiene inigualable la llama de esperanzas?

— Sí, aunque ya no se pueda esperar tanto, pero mantengo esperanzas que me alimentan enormemente. Me siento incansable a pesar de que no soy ya tan dinámica y hay cosas que se han tenido que dejar de hacer.

Abusé mucho de mi trabajo, no me cuidé en algunas cosas, y ello me ha propiciado una lección severa en la cadera que ha conllevado a varias intervenciones quirúrgicas.

Me hubiera gustado visitar algunos países en los que nunca estuve como Francia, Inglaterra e Italia. Me quedé con las ganas de conocer la singularidad de Japón o de China, y de Sudamérica me faltó Argentina y Chile.

— Al cabo del tiempo ¿cómo ve a ese público que generación tras generación la ha convertido en un patrimonio privilegiado de cada cubano, y que desea que la vida le regalara?

Doy gracias a Dios por todo ese pueblo que me situó en un lugar cimero. No tendré nunca como pagarle porque a el me debo.

Pedir más de lo que he recibido sería convertirme en una persona demasiado ambiciosa, y solo quisiera que el día en que llegara mi momento me siguiera queriendo de la misma forma en que Rosita Fornés los quiere a cada uno de ustedes.

— Entonces, inevitablemente, ¿Rosa de Cuba?

— Nací en Nueva York, mis padres son españoles, considero a México mi segunda patria por tanto que le aportó a mi vida desde el punto de vista artístico y personal, pero vivo en Cuba.

Siempre que me he presentado en el extranjero ha sido como artista cubana, así me conocen en todos los países que he visitado., porque aquí me crié, me formé, y el público me ha dado más de lo que merezco. Por eso siento que Cuba es mía y la llevo en el corazón.

Y así será porque la escena cubana siempre tendrá la distinción de la mejor de las Rosas.

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febrero 11, 2019 Posted by | Enlaces | , , , , , , | Deja un comentario

   

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