Por la sonrisa de la infancia

El hospital pediátrico José Luis Miranda de Villa Clara arriba este domingo a su cumpleaños 57.

«Al trabajo de médicos, personal de enfermería, técnicos y representantes de otros perfiles hay que reconocer la labor de  pantristas y auxiliares de limpieza que llegan de madrugada a fin de iniciar sus labores», sustenta el doctor Yandry Alfonso Chang, vicedirector de Asistencia Médica de la institución.

Por Ricardo R. González

Fotos: Ramón Barreras Valdés

Yanitza Acea Contreras llegó muy nerviosa al servicio de Neonatología del hospital pediátrico universitario José Luis Miranda en una de estas noches de junio. Su hijo de apenas días de nacido presentó una inflamación de sus glándulas mamarias y ella indagaba la causa.

No olvida que fue la doctora Viridiana Pérez Méndez quien la recibió y le explicó las características de la afección y de las medidas necesarias a cumplir.

Han pasado 15 días y ya el rostro de Yanitza no muestra la incertidumbre. Su bebé Eduard Miguel Delgado Acea mejora, y la progenitora alaba las cualidades del servicio.

«Llegué muy angustiada. Te retiran al niño hacia el cubículo y no se sabe lo que va a pasar. Gracias al trato recibido fui relajándome, aunque de inmediato me percaté de la limpieza de la sala, la rápida atención y la comida reforzada para las madres que lactan a sus pequeños. Tampoco se violan las entrevistas a fin de informar el estado de salud y aclararle las dudas a los familiares».

La profesora de la secundaria básica Fe del Valle de Santa Clara admira el trabajo de todo el colectivo. Ha estado con su otro hijo en dependencias de la institución hospitalaria y puede afirmar que en el caso de la Neonatología pediátrica «es una unidad de excelencia».

POR LOS PRÍNCIPES ENANOS

La institución de Salud de la infancia villaclareña arriba, este 25 de junio, a su aniversario 57. Para el doctor Yandry Alfonso Chang, vicedirector de Asistencia Médica, constituye un cumpleaños que se debate entre retos y compromisos en el afán de que un señor arco iris ilumine a los pequeños y le reintegrarle la felicidad a la familia.

Una entidad con alcance territorial en algunos de sus servicios, y un Cuerpo de Guardia —sometido desde hace tres meses a una reparación general— pero que no deja de ofrecer la atención reubicado en otros salones.

«Hasta el cierre de mayo esta sección sobrepasaba los 4000 pacientes vistos en un período en que las afecciones respiratorias y las diarreicas presentan marcada incidencia por la época del año», declara Alfonso Chang.

Mas resulta vital la referencia al colectivo de Oncohematología como especialidad dedicada al diagnóstico y tratamiento de las enfermedades propias de la sangre y los tejidos. Leucemias, linfomas, aplasias medulares, entre otras, conforman parte del amplio espectro que cada año incrementan los casos.

Un equipo que atiende desde Villa Clara hasta Ciego de Ávila y mantiene una supervivencia entre las más altas del país. Baste decir que ante la leucemia linfoblástica aguda (LLA) —considerada la de mayor incidencia en la infancia— solo un 15 % de los enfermos llegaba a los 5 años de vida de 1962 a 1972. A partir de 1987 registra entre el 70 y el 80 %, a pesar de los crucigramas a resolver por sus profesionales dada la existencia de un férreo bloqueo que tiende sus garras hasta los preciados citostáticos ante una incidencia de tres a cuatro infantes por cada cien mil habitantes.

Qué decir de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) que figura también entre las punteras en el país. Dotada de 10 camas recibe de 30 a 40 infantes promedio por mes, en tanto el Estado cubano desembolsa de 2500 a 3000 pesos por paciente en cada día, de acuerdo con la gravedad y requerimientos.

Los diferentes estadios infecciosos (sepsis) figuran entre las principales causas de ingreso, sin descartar los tumores cerebrales, afecciones oncohematológicas, accidentes en la edad pediátrica, o infantes que han requerido complejas intervenciones quirúrgicas, en su mayoría por causas irreversibles para la vida.

La UCI tampoco está ajena a las limitantes y aun así posibilita que sus resultados redunden en la disminución de la tasa de mortalidad infantil en Villa Clara.

De recorrido por los pasillos del Hospital el doctor Yandry Alfonso se detiene en la cirugía neonatal, así como en la terapia intermedia que muestra su estabilidad y absorbe a pacientes crónicos de larga estadía, mientras el servicio de Neonatología consolida su personal y ha podido lograr que todos los recién nacidos con intervenciones quirúrgicas complejas sean vistos por sus especialistas.

No menos importante el tratamiento a los pacientes con fiibrosis quística, a los portadores de la enfermedad celiaca, y aquellos con padecimientos nefrológicas que también incrementa la cifra de enfermos, sin soslayar la Clínica del Adolescente, el Centro de Neurodesarrollo dedicado a la rehabilitación de los menores con daños neurológicos, y el Proyecto Para una Sonrisa que prestigia a la institución y llena la espiritualidad de los niños en sus dos décadas de existencia.

Y si de perseverancia se trata hay que dedicar espacio al servicio de afecciones respiratorias que también incrementa el registro anual a causa de neumonías, bronqueolitis y asma. O al de cardiopediatría que también enfrenta complejas situaciones diagnósticas desde edades tempranas de la vida.

«Con carácter territorial aparecen los servicios de Oncohematología, Nefrología y Hemodiálisis, el de fibrosis quística, Terapia Intensiva, Reumatología y Cirugía Neonatal compleja», precisa Alfonso Chang.

EL MUNDO DE LA NEONATOLOGÍA

Viridiana Pérez Méndez es una de las neonatólogas del Pediátrico villaclareño, y en sus años de ejercicio muestra todo el regocijo del mundo por devolverle la vida a sus preciadas criaturas.

Todas son como especie de hijos, y junto a su colectivo disfruta que el accionar cotidiano influya en la disminución de los registros de mortalidad infantil.

Con 32 trabajadores; de ellos siete galenos y un peso extraordinario del personal de enfermería atienden a los recién nacidos de la provincia, procedentes del hospital ginecobstétrico universitario Mariana Grajales, que demandan tratamiento especializado.

La doctora Viridiana Pérez Méndez junto al enfermero Rafael Bermúdez Reinoso, pasan visita al pequeño Eduard Miguel Delgado Acea con solo días de nacido.

 «Admitimos hasta los 30 días de nacido, y las causas más frecuentes de ingreso se relacionan con procesos sépticos o infecciones, pero sobre todo los de piel y partes blandas y las incidencias respiratorias vinculadas con la época del año», señala la doctora.

No obstante advierte la importancia de mantener una higiene adecuada en el hogar con la suficiente ventilación donde permanezca el menor, al tiempo que recomienda el lavado correcto de las manos y el aseo de todas las pertenencias del bebé, y suprimir el hábito de fumar en la habitación designada para la criatura.

«Algo que no puede faltar es la lactancia materna como vía idónea de protección al niño. Esta deberá mantenerse a libre demanda y como mínimo hasta los seis meses de nacido».

LUNARES VISIBLES

Ninguna obra es perfecta, y la institución villaclareña no escapa de numerosos lunares que afectan la eficiencia y calidad requeridas.

No siempre las respuestas y la comunicación con los familiares son óptimas, y en ocasiones falla la ética que demanda su revitalización.

El estado constructivo muestra las grietas de los años en medio de una compleja infraestructura llena de laberintos y pasillos que cuentan, increíblemente, con baños cerrados en una sala tan importante como la de Nefrología, aunque ya uno de ellos está abierto.

Determinadas filtraciones dejan huellas en la terapia intensiva. Y a pesar de que el centro no registra planteamientos en los últimos procesos de Rendición de Cuenta y en otras encuestas intrahospitalarias en ocasiones existen demoras en el Cuerpo de Guardia ante la afluencia de pacientes y la limitada presencia de especialistas, a la vez que los trabajadores no disponen de la totalidad de los medios de protección y de otros insumos básicos para elevar esa satisfacción que merece la infancia como eslabón más sensible en la familia.

«Para mí el servicio de Neonatología de este Hospital Pediátrico puede considerarse de excelencia», sentencia Yanitza Acea Contreras, la mamá de Eduard Miguel.

A ello se suma el déficit de recursos humanos en enfermería y no resultan mínimas las indisciplinas sociales junto a las despreocupaciones de los acompañantes ante el cuidado de los niños, en tanto hay congestión en el Cuerpo de Guardia por remitidos incorrectos que deben valorarse con toda la profesionalidad en las áreas de Salud.

Aún así hay pupilas que se mantienen atentas las 24 horas para hacer que la tranquilidad llegue de nuevo a la vida de pequeños y familiares. Así, por las dependencias del centro resucita Meñique junto a las enseñanzas que deja La Edad de Oro, o se descorren aquellos personajes de los fantásticos cuentos de Había una vez.

Imaginamos a Teresita Fernández, esa maestra santaclareña que nunca se ha marchado, o a su discípula Liuba María Hevia recorriendo los pabellones para cantar Porque tenemos el corazón feliz o a sugerir esa danza interminable de niños que se dan la mano en una ronda irrepetible, mientras los trabajadores del Hospital exhiben sus satisfacciones no exentas de fuertes retos por lograr la sonrisa de la infancia.

REMEMBRANZAS

La llamada ONDI nunca existió. Solo de nombre, pues Marta Fernández Miranda, esposa de Fulgencio Batista Zaldívar, asumía la dirección de la Organización Nacional de Dispensarios Infantiles (ONDI) y cedió el terreno destinado a un futuro hospital.

Pero según los testimonios de fundadores en aquel enero de 1959 el sitio estaba lleno de yerba bruja, mientras el ganado pastaba por sus alrededores. Escasamente existían dos paredes de lo que sería la esperada edificación. 

Poco a poco comenzó a crecer y a configurarse lo que sería el Cuerpo de Guardia ya a principios de la Revolución hasta que a las 10:30 de la mañana del 25 de junio de 1960 quedó inaugurada la institución por el doctor José Ramón Machado Ventura, entonces Ministro de Salud.

Al principio solo contaba con 109 trabajadores; de ellos 12 médicos e igual cifra de enfermeras y 109 camas. En la actualidad posee 1226 obreros con 180 especialistas, además de los residentes en los distintos niveles, siete estomatólogos, 14 sicólogos, más de 300 en la nómina del personal de enfermería, además de los tecnólogos de la Salud y el indispensables trabajadores de servicios, entre otros.

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Sentimientos compartidos

Nada mejor que unas flores en estos días en que se reconoce el aporte de las mujeres. El doctor Ariel Martín Molina, director de Salud en Corralillo, tiene ese detalle con Inés y Yanetcy, entre tantas profesionales.

Por Ricardo R. González

Fotos: Ramón Barreras Valdés

A Inés Hernández Llerena le dicen la profe. Soñaba con ser una eminente cirujana, mas el tiempo cambió su destino. Todavía recuerda aquel día de 1976 cuando llegó a Corralillo donde no existía un policlínico integral y le dieron como misión atender a las embarazadas sin imaginar que cumpliría 41 años entre procederes que la han hecho muchas veces feliz y en otros conocer los sinsabores de la profesión.

En sus memorias prima de todo, y antes de ser obstetra ejerció como médica general marcada por los tiempos duros en que el territorio carecía de ambulancias para remitir los casos complejos hacia Sagua la Grande o Santa Clara.

Sin pensar en la hora se paraba en el medio de la calle y detenía el ómnibus que cubría la ruta Habana—Santiago. «Los choferes sabían que pasada la 1:00 de la madrugada resultaba un caso complicado. Imagínense como debía preparar a ese niño, a la gestante, o a otro tipo de paciente para remitirlo en una guagua».

Era a finales de la década de los 70. La suerte la ayudó y no tuvo contratiempos, mas tampoco escapó de la etapa difícil de los apagones en la que en muchas madrugadas encendían un algodón o una chismosa a fin de brindarle atención a los necesitados.

«Logré relacionarme con las embarazadas y me introduje en ese mundo, a tal punto que logré hacerme especialista en Obstetricia y Ginecología en 1990 luego de una experiencia muy valiosa en el hospital materno de Santa Clara», afirma Inés Hernández Llerena.

«Esos problemas me han ayudado a crecer. Ya tengo 66 años. Al cumplir la edad requerida me jubilé, pero sentía un enorme vacío y volví a contratarme porque me siento la madre de múltiples generaciones de corralillenses.

— Dicen que en muchos casos es Ud. quien les pone hasta el nombre.

— Cierto. Mi hija creció viendo los partos. Hoy Leydi Sarahí Rodríguez Hernández es la directora del policlínico Mártires del 11 de Abril de la localidad, y tengo un nieto de cuatro años que siente orgullo de su abuela.

Sin embargo, no todo ha sido alegrías. Inés Hernández confiesa que ha pasado bastantes sofocones como parte del oficio.

«Hace unos cuatro años enfrenté un nacimiento muy trabajoso. Una distocia de cara o anomalía por la posición fetal. Necesité el apoyo de muchos. En esa jornada me subió la presión y los ovarios salieron de su lugar, pero vencimos».

— ¿Y cuál es la historia de Verena Contreras?

— Fue por el tiempo de la telenovela Tierra Brava. Ella asumía el protagónico y tenía una residente en una comunidad rural que siempre estaba montada en una carreta. Así la bauticé, y era extraño el año en que no saliera embarazada. Nunca se dejaba poner un dispositivo y la traía para la cabecera municipal. De esta forma cuidaba a los que ya habían nacido y el embarazo en curso. Llegó a tener cinco hijos y ninguno con bajo peso hasta que cesó su producción.

Inés Hernández es de esas mujeres con respuestas ágiles. Sabe —y reafirma— que para un médico resulta vital la continua superación. Viaja a los cursos en Santa Clara y se actualiza, pero tampoco falta ese ejercicio cotidiano aun sea de madrugada.

— Algunos la consideran una especie de enciclopedia a la que acuden para cualquier consulta.

— Los conocimientos están al servicio de la humanidad, y no hay orgullo mayor que ese agradecimiento proveniente de las madres o de los propios colegas. En mi caso apenas existen palabras para describirlo. Le pido a la vida muchos años con la mente clara y espíritu de trabajo porque lucho contra el Alzheimer, y cuando crea que mi mente comienza a fallar, me retiro».

— Además de la asistencia ejerce como docente, pero entre una y otra ¿cuál prefiere?

Y sin que medien segundos responde:

— Lo asistencial. Yo soy médica.

LAS REALIDADES DE YANETCY

Yanetcy Pérez Benítez es una persona de detalles. Como a su profe Inés le gustan las flores y esos encantos marinos que percibe en su pueblo natal. A mediados de 1999 conquistó uno de sus sueños al graduarse como médico general básico para luego realizar la especialidad de medicina general integral.

Un día tocaron a su puerta con la solicitud de que asumiera la directiva del Programa de Atención Materno Infantil (PAMI) en el territorio. Han pasado seis años y tiene la satisfacción de apreciar la estabilidad en sus resultados gracias al aporte de todo un equipo.

Ello no tiene nada mágico. Se trata de garantizar la atención primaria de Salud a través de los 32 consultorios existentes con el fin de lograr que los recursos humanos sean fundamentalmente de Corralillo, pues en años anteriores se formaban aquí y luego marchaban hacia sus respectivos municipios o a otros sitios.

La propia lejanía conlleva a la toma de iniciativas. Por ello crearon un pequeño salón de parto para esas emergencias momentáneas que se sabe no llegaran a tiempo a una institución materna.

Yanetcy confiesa que le sería imposible apartarse de la medicina porque fue el camino que escogió. «Carencias y dificultades tenemos todos en mayor o menor medida, pero no hay nada tan gratificante como devolverle la salud a los semejantes».  

«Atendimos cinco casos el pasado año. Estamos distantes de la capital provincial y del hospital de Sagua que resulta el más cercano, por lo que nuestro colectivo se moviliza a la hora que resulte necesaria.

Otro de los punteros en el municipio lo constituye el Hogar Materno pues ante el predominio de áreas rurales las embarazadas se ingresan a las 37 semanas a fin de evitar partos extrahospitalarios.

— Pero también existen obstáculos… 

«Y algunos inolvidables. Recuerdo uno verdaderamente difícil que me hizo estremecer. Se trataba de un recién nacido contemplado como caso social. Hizo una infección que obligó a una traqueostomía apenas con un mes de nacido.

«Hubo que tomar la alternativa de traer a la familia a vivir por un año en el Hogar Materno hasta que logramos salvarlo».

— ¿Qué se experimenta en estos casos?  

— Una satisfacción humana y profesional. Sientes el enorme sacrificio que te exige ser médico, y no me arrepiento de haber escogido ese camino.

Al concluir su jornada le espera una travesía de 9 km para llegar a San Pablo, la comunidad rural donde reside. En realidad la transportación resulta pésima, y allí aguardan las labores hogareñas y su hijo Yonathan.

«Nunca dejo de ser médica, con bata blanca o sin ella. Muchas veces estoy superagotada, y me acuerdo siempre de un profesor que nos decía: aun agonizando todavía nos sentimos médicos. En múltiples ocasiones acuden a su casa en busca de recomendaciones, y no puedo negarle nada a quienes confían en mí. Es un principio ético y a la vez humanitario como rasgo distintivo de los corralillenses».

— Ahora en que la carrera de Medicina se obtiene, incluso, con bajos promedios académicos ¿Qué cualidades debe reunir un galeno?

— Quien no tenga vocación y espíritu de sacrificios le recomiendo que eviten acercarse a este mundo. No es solo el hecho de ponerse una bata para decir que son médicos. Deben primar principios que resultan básicos: Tiene que ser una persona humana, sencilla, desinteresada, y mantener esa preocupación por el prójimo que se sitúa por encima de lo personal. No hablo de estímulos y complacencias materiales, solo de agradecimiento.

— Y Yonathan ¿cómo ve tus sacrificios?

— Es mi hijo deseado y resulta complejo expresar todas mis satisfacciones, pero es una felicidad extraordinaria. Tiene 11 años y me alivia los cansancios. Incluso me acompaña casi siempre cuando estoy de guardia. Quisiera vivir muchos años para verlo insertado a la sociedad, sin dejar de contemplar los resultados del PAMI como realidad que abre el camino a la vida.

En el municipio más distante de Villa Clara la fuerza femenina resulta mayoritaria en el sector de la Salud.

Son historias. Cada una en su tiempo y con los códigos de dos generaciones. Mujeres sensibles que prefieren las flores y también el mar. Inés, una dominicana a quien le parece aun escuchar el pitazo del central Washington como recuerdo de su infancia, mientras Yanetcy defiende, ante todo, su identidad corralillense. Una y otra partidarias del bien, las que no se arrepienten de haber escogido esas sendas de la medicina con sentimientos compartidos.

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Para colorear la esperanza

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Uno de los servicios de primer orden en la maternidad santaclareña y también de la provincia resulta su Sala de Neonatología que contribuyó al logro de una tasa de mortalidad hospitalaria de 1,8 por cada 1000 nacidos vivos considerada de excelencia ante unos 6000 partos.

Por Ricardo R. González

Fotos: Ramón Barreras Valdés

El sonido de los monitores es ya habitual en el servicio de Neonatología del hospital ginecobstétrico universitario Mariana Grajales. Médicos y personal de enfermería recorren los pasillos con sus clásicos atuendos verdes mientras hacen apuntes, chequean signos vitales, y establecen comparaciones que marcan el dictamen evolutivo del infante en una sección donde se desconoce el descanso.

Las historias resultan incontables en este universo santaclareño en el que se ignora si el sol dio paso a la luna o si llueve desmesuradamente, pero sus hombres y mujeres las conocen… Que lo digan el jefe de la unidad, doctor Orlando Molina Hernández y el resto de su equipo al vivir el día a día entre niños con un peso corporal de apenas 700 gramos para resultar minúsculos en las dimensiones de una incubadora, o de esas tensiones experimentadas 30 minutos antes de que 2016 diera su adiós.

Nadie imaginó aquella gravedad repentina que estremeció a toda la unidad. Eran las 11:30 de la noche cuando un menor con síndrome de Down aquejado, además, por irregularidades cardíacas, comenzó a deteriorar sus parámetros vitales.

La rápida acción y la profesionalidad demostrada por el equipo logró estabilizar el caso en una sala que tuvo uno de los mayores ingresos que se recuerde para un fin de año con 29 en total; de ellos, ocho en estado crítico.

A pesar de las coyunturas difíciles no puede temblar el pulso, y por ello el doctor Alexander Miguel Martínez Pérez, al frente de la entidad materna, suscribe que nada puede rendir los empeños de luchar mientras existan esperanzas. Un médico general integral, graduado hace 16 años, que sabe de los secretos del monte al ejercer como galeno rural y de lo que ocurre en los consultorios de la familia hasta que un día, luego de cumplir con otras responsabilidades, le confiaron la dirección de la principal maternidad de la provincia por un mes y ya lleva casi dos años.

Una reliquia acompaña siempre, y son las demandas exigidas por la profesión. De enfermeras que ante una extrema gravedad permanecen durante 12 horas al lado de la incubadora, que en múltiples ocasiones hay que olvidar si es sábado o domingo… Como médico está consciente de que si bien existen indicadores que requieren de tecnologías para lograr resultados, hay otros en que se suplen por la calidad de los recursos humanos, el talento, la dedicación, y la entrega.

«En el transcurso del pasado año la maternidad solo tuvo 11 fallecidos, pero solamente nueve relacionados con la perinatología inherente al hospital, pues al ser una institución provincial asume la totalidad de los casos críticos procedentes de Sagua la Grande, Remedios y Placetas. «Asistimos unos 6000 partos para lograr una tasa de mortalidad infantil de 1,8 por cada mil nacidos vivos considerada de excelencia».

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Con sus funciones específicas los hogares maternos están presentes en la casi totalidad de los municipios villaclareños para lograr el incremento de los partos institucionales, entre otros perfiles.

Si existe algo que el doctor Martínez Pérez no descarta es el trabajo en equipo de manera integrada en busca de una atención satisfactoria y de calidad. Las estrategias se cambian escuchando a los demás, de esas recomendaciones que aportan los más experimentados para valorar, a la postre, cuál constituye la mejor solución.

«El hospital no cierra telones. Hay uno de día y otro de noche que demanda mucho control y disciplina por parte del colectivo. Somos 1056 trabajadores en las diferentes categorías ocupacionales cuya premisa fundamental es la atención a la madre y al niño, pues no se trata de ir a la búsqueda de un indicador si no de insistir en los detalles cualitativos que determinen ese indicador».

Consciente de que tan importante son las auxiliares de limpieza como el único hombre encargado de recolectar los desechos sólidos en un hospital tributante de 3 a 5 kg de basura diaria por cada paciente no evade las insuficiencias que pudieran sugerir un mayor apoyo de todos los eslabones del PAMI, así como la calidad de los procesos asistenciales y la acreditación de los servicios.

«Hay puntos relacionados con la comida, la presencia de vectores, los horarios de visita, y otros que en algunos casos no están en las manos de la institución y que no escapan de las indisciplinas sociales», precisa el galeno.

Y dentro del universo de la maternidad que dispone de una Sala de Cuidados Perinatales para mujeres que requieren de seguimiento especializado, en la que no ha faltado la pericia del doctor Alexis Corrales, asesor del servicio de Obstetricia y del PAMI, y presidente de la Sociedad Cubana de dicha rama en Villa Clara, quien subraya que el «Mariana Grajales» concluyó el año con uno de los mejores saldos en la historia.

Su criterio profesional le permite asegurar que la inmensa mayoría de los menores que llegan al mundo con escaso peso y en pretérmino son debido, en muchos casos, a la hipertensión en el embarazo, por lo que se necesita trabajar más en el riesgo preconcepcional como tarea que no se logra de manera óptima.

«No es decirle a la mujer que no puede embarazarse, es advertirle cuando es el momento adecuado para la gestación».

VILLA CLARA ENTRE LAS PUNTERAS DEL PAÍS

Ahora puede hacerse el brindis por la salud de los infantes, y luego de los 12 meses transcurridos Villa Clara ocupa uno de los lugares cimeros en el país con tasa de mortalidad infantil de 3,1 por cada 1000 nacidos vivos, además de cumplir el propósito de concluir por debajo de 4,0.

Por su parte Sagua la Grande, Cifuentes, Caibarién, Ranchuelo, y la zona del Plan Turquino manicaraguense despidieron la etapa con cero decesos en menores de un año.

El bajo peso al nacer mostró favorables resultados al igual que la mortalidad preescolar (1-5 años) y la escolar (5-14 años), aunque en esta última radica el grupo más afectado debido a las lesiones del sistema nervioso central y los accidentes, tanto del tránsito como por sumersión.

La mortalidad materna también experimentó una significativa reducción respecto al año precedente; sin embargo, la natalidad decreció de manera considerable al registrarse unos 500 nacimientos menos.

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Los aportes del Banco Provincial de Sangre, declarado Colectivo Moral recientemente, son inestimables para la atención de gestantes y recién nacidos que por sus características demandan de componentes sanguíneos.

Si de contribuyentes se trata el doctor Gilberto Sevilla Bermúdez, al frente del PAMI en el territorio, aludió al tesón, la entrega y profesionalidad de quienes hacen por la vida sin escatimar esfuerzos, y tuvo en cuenta la intersectorialidad entre múltiples organismos e instituciones junto al aporte de la atención primaria con participación fundamental de los médicos y enfermeras de la familia.

No menos trascendente la labor de los cuerpos de guardia, las unidades de cuidados intensivos del pediátrico José Luis Miranda, el ginecobstétrico Mariana Grajales, y la del «Arnaldo Milián Castro» que reserva su espacio para la atención a la gestante grave.

Figuran, además, las salas especializadas de Neonatología, de cuidados perinatales, la labor del Centro Provincial de Genética y las consultas especializadas en el Cardiocentro villaclareño para la detección precoz de aquellas malformaciones visibles en las futuras criaturas de gestantes con riesgo, las acciones de los hogares maternos, el Banco Provincial de Sangre, y el Sistema Integrado de Urgencias Médicas (SIUM).

Concluye otro año y la dedicación volverá a superar barreras a fin de lograr la plenitud de la infancia, y junto a ella la alegría de la familia para, entre todos, colorear la esperanza.

MEMORÁNDUM

— Las acciones de las maternidades de Santa Clara, Sagua la Grande, Placetas y Remedios resultaron decisivas en los logros villaclareños.

— El trabajo sistemático en torno al PAMI ha posibilitado que algunas de las causas que inducen a los decesos infantiles vayan desapareciendo, mas aún se mantienen las afecciones perinatales y las malformaciones congénitas.

— Cuba concluyó 2016 entre las primeras 20 naciones del mundo con registros más bajos en su tasa de mortalidad, y junto a Canadá encabeza la región de las Américas.

— Durante el último decenio la provincia acumuló los siguientes registros de defunciones en menores de un año: 2006 (4,6), 2007 (5,5), 2008 (3,3), 2009 (4,4), 2010 (2,5), 2011 (5,7), 2012 (4,8), 2013 (3,9,) 2014 (3,2) y 2015 (4,1).

CONTRASTES

Una mirada a los datos ofrecidos por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) advierten un futuro incierto al estimar que 69 millones de niños menores de 5 años morirán por diversas causas hasta 2030.

Lo más significativo resulta que desde 1990 se siguen registrando marcadas inequidades entre países ricos y pobres en cuanto a la supervivencia infantil, con énfasis entre África subsahariana y Asia meridional y las naciones de altos ingresos.

Un pequeño nacido en Sierra Leona posee 30 veces más posibilidades de morir que uno llegado al Reino Unido, en tanto una de cada 36 mujeres residentes en el llamado continente negro está condenada a desaparecer por factores atribuibles a la maternidad comparado con las naciones industrializadas donde la proporción es de una por cada 3300 féminas.

Y si de pobreza se trata los infantes más limitados poseen 1,9 veces más posibilidades de fallecer antes del primer lustro de vida que aquellos nacidos en opulenta cuna.

Sin embargo Cuba, asediada por trabas económicas e impedida de lograr tecnologías sofisticadas en gran parte de los casos, mantiene una tasa de mortalidad infantil menor a cinco por cada 1 000 nacidos vivos durante nueve años consecutivos.

¿Tenemos o no nuestras Razones?

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