Tarea Vida (3): A un año de «Irma»

Por Ricardo R. González

Fotos: archivo

Ha pasado, justamente, un año de que la fuerza despiadada de «Irma» tratara de borrar varios puntos de la costa norte cubana. Para muchos resultarán inolvidables aquellas vivencias que no escapan de la mente e inscritas, también, entre las pesadillas más agobiantes vividas por el director del Centro de Estudios y Servicios Ambientales (Cesam) de Villa Clara, Edelkis Rodríguez Moya.

Junto a parte de su equipo, intentó entrar en Isabela de Sagua acabando de pasar el huracán a fin de constatar la magnitud del fenómeno y medir la penetración y alturas de las aguas.

Fue imposible hasta que dieron la orden para hacerlo al unísono con los pobladores. Las escenas él no quisiera recordarlas, y por ello insiste en la necesidad de interiorizar las prioridades delineadas en el plan de enfrentamiento al cambio climático denominado Tarea Vida.

Nadie duda que las circunstancias imponen retos, y constituye muy difícil de asimilar para quienes han desarrollado su vida cerca del mar apartarse de su medio. Allí están sus barcos, sus historias, las alegrías y tristezas, los cuartos crecientes y menguantes, y ese olor a salitre que prende en la piel curtida por el sol.

Ahora bien, las miras científicas avizoran que la tendencia a la desaparición de algunas playas y el peligro de penetraciones del mar se incrementarán con el paso del tiempo y la percepción del riesgo no alcanza los niveles necesarios.

Las escalas a corto, mediano y largo plazo, establecen que el mar se eleve y de acuerdo con los cálculos para 2030 existe un estimado de penetración de 27 cm más en la zona costera, por lo que impera reubicar las comunidades instaladas en esas áreas hacia tierra adentro y elevar el relieve.

Si bien las prioridades nacionales incluyen la cayería del noreste, las playas arenosas de Cayo Las Brujas y Santa María, y la ciudad de Caibarién como corredor turístico habrá que adaptarse y pensar en la preservación de la vida y de los bienes económicos.

Cuando se habla de mitigaciones no es solo pensar en las penetraciones del mar y las inundaciones. Será imprescindible que los habitantes conviertan los malos recuerdos en lecciones aprendidas y que, por esas propias vivencias, apliquen las estrategias de adaptación.

Habrá que dedicar espacio a analizar la intensidad de los vientos, en autoevaluarnos hasta donde hemos sido culpables de dañar el entorno para convertirnos en cómplices del cambio climático.

Los expertos no están de brazos cruzados. Desde hace mucho tiempo trabajan en la rehabilitación de las playas, pero la perspectiva va más allá porque el primer concepto para lograr la mitigación es reforestar, sin obviar la disminución de contaminantes.

Mas no resulta excluible el aporte de la población que también es culpable de las agresiones naturales. Se dice que el suministro artificial de arena resulta la solución de mayor peso a fin de contrarrestar la erosión de las playas. De paso se ha hecho en Villa Clara, pero si se tiene en cuenta que los manglares constituyen la tercera barrera de protección costera ¿cuántas veces se ha atentado contra ellas?

Los especialistas consideran que es marcada la disminución de la cobertura en Cuba atribuible también a la tala indiscriminada y el incorrecto manejo de los recursos.

¿Y cómo responderán los propios manglares al aumento del nivel medio del mar? Baste decir que hace unos 100 000 años la masa de agua aparecía 130 m por debajo del nivel actual, y las irresponsabilidades humanas sobre los entornos costeros harán que resulten críticas en los próximos años.

Otro tanto sucede con los arrecifes devenidos máximos protectores del oleaje ante fenómenos meteorológicos extremos. De encontrarse en buen estado disiparían hasta el 97 % de la energía del oleaje.

Según estudios la plataforma cubana pierde el 10 % anual de la cobertura de coral vivo, por lo que en los próximos 30 años las crestas perderán su máxima capacidad de contener la fuerza incalculable de las olas.

A un año del paso de «Irma» todavía quedan secuelas a pesar de un proceso de recuperación incalculable que sumó a todo un pueblo. Aun así persisten daños materiales y, sobre todo, en el alma.

Meditemos en esto para estar prevenidos y no tener que vivir pesadillas como las dejadas por el temible huracán a pesar de llevar un dulce nombre de mujer.

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