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Ricardo R. Gonzalez

Curioso: Loro británico perdido por 4 años regresa a su dueño hablando español

Un loro gris llamado Nigel ha logrado reunirse con su dueño británico después de desaparecer hace cuatro años, pero ahora habla español. Nigel, un loro gris africano, salió de su casa en California en 2010, sin embargo ahora fue devuelto a su dueño británico, Darren Chick, después de que fue descubierto en Torrance, California.

Aunque el ave que ahora está hablando español mordió a su dueño el señor Chick cuando lo vio por primera vez, el feliz propietario dijo: “Lo está haciendo perfecto”. El Sr. Chick dice que el acento británico de su ave se ha ido, y que ha sido reemplazado por un español bastante fluido, y que además pronuncia continuamente a alguien llamado “Larry”.

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marzo 12, 2019 Posted by | Enlaces | , , , , | Deja un comentario

Academia Cubana de la Lengua expresa su desacuerdo con eliminar examen de Español para los IPVCE

El distintivo del IPVCE se retomó desde hace unos años. Foto: Nelson Rodríguez Roque/ Cubadebate.

Ante la medida tomada por las autoridades del Ministerio de Educación acerca de la eliminación del examen de Español como requisito de ingreso a los Institutos Preuniversitarios de Ciencias Exactas, la Academia Cubana de la Lengua hace constar las siguientes consideraciones:

PRIMERO:

Sobre la base de principios fundamentales e irrenunciables acerca de la conveniencia de mantener una educación pública y laica, sin motivaciones económicas inmediatas que puedan sesgar su funcionamiento, con énfasis en el conocimiento y la ciencia, con un sentido de equidad que permita total acceso, y concebida como deber y derecho, hace ya varios años, los Ministerios de Educación y Educación Superior determinaron incluir el examen de español como requisito de ingreso a la universidad para todos los estudiantes que optaban por carreras, cualquiera fuera su índole, en el entendido de que como parte de los requerimientos profesionales imprescindibles se encuentra el dominio adecuado de la lengua materna.

Esta medida ha sido completamente justa y apropiada no solo dado el carácter patrimonial, identitario, simbólico y testimonial que la lengua materna tiene para todos los integrantes de una comunidad, sino también por la condición de habilidad profesional indispensable que el dominio de la lengua reviste.

SEGUNDO:

La competencia lingüística necesaria y suficiente de cada profesional para ejercer su especialidad con éxito no es equivalente, sin embargo, a contar con la capacidad para evaluar o tomar decisiones en temas lingüísticos que atañen a todos, para lo cual parece necesario el concurso de especialistas en la materia.

En los últimos años, en atención a criterios seguramente valiosos, aunque parciales, hemos asistido al abandono de la medición de la habilidad de dictado, fundamental para los profesionales; a la falta de estrategias efectivas en relación con el dominio de la lengua española, inversamente a la potenciación de las lenguas extranjeras, en particular el inglés; y a la falta de congruencia entre las posturas teóricas ante la lengua y las acciones prácticas en que ellas se manifiestan.

TERCERO:

Los instrumentos con que se cuenta evidencian, sin embargo, más allá de cifras y porcientos, manquedades reales en la formación de los futuros profesionales en cuanto a la ortografía y la distinción entre el código oral y el escrito, la capacidad para lograr una coherencia adecuada, sobre la base del manejo de los recursos cohesivos; la creatividad y disponibilidad de ideas para la construcción de textos; en resumen, que nuestros jóvenes aspirantes a carreras universitarias aún afrontan dificultades en el manejo de su instrumento expresivo, no solo ortográficas, sino de calidad de las ideas, de coherencia y cohesión, que demandarían una ejercitación mayor y más creativa, una evaluación más sistemática y consecuente, y, en particular, colocar la responsabilidad del conocimiento esencialmente en el propio alumno, en la medida en que ese aprendizaje se convierta en significativo para él. Los resultados, incluidos los obtenidos en el Español básico que se evalúa a los matriculados en los cursos para trabajadores y por encuentros como parte ya de su proceso formativo inicial, permiten afirmar que las medidas tomadas no han sido aún totalmente efectivas.

La preferencia por otras normas, los rasgos de inseguridad y los fenómenos de prestigio encubierto que revelan las investigaciones pudieran estar influyendo en la desatención de la lengua propia.

CUARTO:

La experiencia demuestra que mientras más independencia se da al estudiante, y más se le deja hacer, se toma en cuenta su opinión, o se reta su capacidad, más se desarrolla el joven, e incluso más disfruta lo que hace; en consecuencia, como se sabe que la posibilidad de pasar un examen para lograr un objetivo concreto se convierte en un incentivo para lograr habilidades lingüísticas como las comentadas, la decisión adoptada no favorece, más bien desestimula el interés del estudiante.

Las causas de la decisión parecen relacionarse con el rescate de los objetivos fundacionales de esos centros, la distribución de asignaturas por campos del saber, y la voluntad de dar mayor peso a las asignaturas específicas de interés del estudiante sin aumentar la cantidad de exámenes. Mientras existe un requisito de haber alcanzado 90 puntos en la Matemática y la ciencia específica seleccionada para poder optar por el IPVCE, no lo hay, en cambio, para la lengua.

Parece ocioso insistir en que la esencial fuente de conocimiento, que situamos en la observación, el estudio, la ciencia, una ciencia específica, la práctica… pasa necesariamente por una lengua: se piensa en esta lengua, se observa en la lengua, se trabaja en la lengua, se hace ciencia en la lengua. De ahí que si queremos formar científicos cabales no podamos descuidar este aspecto.

QUINTO:

Convendría pensar, entonces, en soluciones alternativas que respondan a los mismos objetivos: por ejemplo, que los estudiantes se examinen de Matemática e Historia en un primer nivel de selección, que sirva de filtro, y que para lograr el ingreso definitivo a la especialización examinen Español y la materia de su interés. También puede pensarse en un único examen con cuatro secciones de puntuación equitativa que sería calificado por los profesores de todas las materias. Otras ideas que contribuyan a mantener el requisito indispensable de lengua serían también valiosas.

Finalmente, en cualquier caso, la Academia Cubana de la Lengua expresa su desacuerdo con la decisión y reitera su disposición de colaborar, como lo ha venido haciendo, en cualquier empeño que contribuya al conocimiento y cultivo de la lengua propia.

(Con información de Academia Cubana de la Lengua)

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abril 25, 2018 Posted by | Enlaces | , , , , , | Deja un comentario

¿Por qué existe la H si no suena? La incógnita de la letra

Hay que ver los horribles quebraderos de cabeza que nos hace padecer la dichosa letra H. Al hablar no presenta problemas, pero a la hora de escribir es otra historia: se transforma en una horripilante pesadilla.

La dificultad de la H estriba en que es la única letra del alfabeto español muda, la única que no posee sonido alguno. Únicamente se pronuncia cuando va precedida de la C, formando de ese modo el sonido CH. Pero cuando va ella sola, huérfana de C, es como si no existiese.

El problema es que en español hay más de 2.000 palabras que comienzan con esa letra H, que pasa inadvertida ya que no se deja oír. Y, para más agravio aún, la H también puede aparecer intercalada, en medio de palabras como zanahoria, adhesivo, tahúr o bahía.

La pregunta, absolutamente legítima, que surge entonces es: y si no suena, ¿por qué demonios existe la H? ¿Es una letra inútil que está ahí con el único propósito de complicarnos la vida?

No es la primera vez que se humilla a la H, que se hace leña contra esa letra aparentemente inservible. De hecho, a lo largo de la historia ha habido numerosos intentos por suprimirla.

El prestigioso lingüista venezolano Andrés Bello ya pidió en 1823, a coro con el escritor colombiano Juan García del Río, una reforma ortográfica que acabara de una vez por todas con la H. También Gabriel García Márquez abogaba eliminar esa letra muda.

Y en 1726, los autores del Diccionario de la Lengua Castellana publicado por la Real Academia ya sentenciaron que la H “casi no es una letra”.

Pero ahí sigue la H, resistiendo a vientos, mareas y huracanes.

“Una letra muy compleja”

“Una letra reúne dentro de sí muchas cosas: el nombre, la figura, la pronunciación… La H es una letra muy compleja, y existe porque ha ido reuniendo a lo largo de la historia una serie de valores, algunos de los cuales han desaparecido pero otros se mantienen“, le asegura a BBC Mundo José Manuel Blecua, doctor en Filología Románica, catedrático de Lengua Española y ex director de la Real Academia Española (RAE).

El caso es que la H no siempre fue muda. Los fenicios, los primeros al parecer en utilizarla, la pronunciaban como una “J” aspirada. Los griegos la adoptaron del fenicio dándole la forma mayúscula con que hoy la conocemos y pronunciándola como una suave aspiración. Del griego paso al latín, donde poco a poco fue suavizando su sonido.

Del latín la H dio el salto al español, donde también en un principio se decía aspirada, es decir, acompañada de una pequeña explosión de aire similar a la que caracteriza hoy en día a la pronunciación de la H aspirada del inglés.

Pero, además de adueñarse de varios vocablos en latín que iniciaban con la H, el español se apropió también de numerosas palabras latinas que empezaban con F, y que también en castellano comenzaban en un principio con esa letra.

Pero con el pasar de los años, y dado que en algunas zonas de España esa F se pronunciaba también aspirada, esa letra inicial empezó a ser sustituida por la H a partir del siglo XIV.

Es el caso por ejemplo de farina, que pasó a ser harina; del verbo hacer (que en sus orígenes era facer), de helecho (felecho en la Edad Media), herir (ferir), hurto (furto), humo (fumo), higo (en “El Cantar del Mío Cid”, que data de alrededor del año 1200, aparece como figo) y tantos otros vocablos. Y ese cambio también afectó a palabras que tenían la H intercalada, como es el caso de búho (bufo en latín).

La RAE sostiene que hasta mediados del siglo XVI la H aún se pronunciaba por medio de una aspiración en algunas palabras, sobre todo en aquellas que originalmente comenzaban por la F latina. Al principio, era la gente culta la que al hablar pronunciaba la H mediante una ligera aspiración.

Pero a partir del siglo XV, esa tendencia cambió y las haches aspiradas comenzaron a considerarse un vulgarismo, algo propio de las clases bajas y de gente no instruida. Y así, sigilosa y paulatinamente, la H enmudeció completamente.

Aunque no del todo. En algunas formas dialectales del español que se hablan en Andalucía, Extremadura, las Islas Canarias y en determinadas zonas de América la H sigue manteniendo su viejo sonido de aspiración.

En Andalucía, por ejemplo, se denomina “cante jondo” al cante más genuinamente andaluz, un cante caracterizado por una profunda carga de sentimiento. Pues bien: ese “jondo” viene en realidad de “hondo”, solo que muchos andaluces pronunciaban esa H inicial con una aspiración tan fuerte que acabó sonando como una J.

Los dominicanos, por su parte, pronuncian la palabra huracán (que al principio en español se escribía furacán) como juracán. “Y en las puertas en México es frecuente leer la palabra ‘jalar (variante de halar)”, señala Blecua.

También son muchas las palabras de origen árabe adoptadas por el español que llevan H. Y en algunos extranjerismos usados corrientemente en español (y tomados, por lo general, del inglés o del alemán), la H se pronuncia también aspirada o con sonido cercano al de J. Léase hámster, holding, hachís o hawaiano.

¿Letra inútil?

Pero, aunque no suene, Blecua defiende que la H no es una letra inútil, aunque pueda parecerlo. “Tomemos por ejemplo la palabra ‘huevo’. A simple vista, parece absurdo que lleve una H inicial. Pero esa H está justificada. Antiguamente, las letras U y V se escribían exactamente igual, con la misma grafía. La H sirve para identificar que la letra que la sucede en la palabra ‘huevo’ es una U y no una V”, explica.

Y aún da otro ejemplo más de su utilidad: “La palabra búho. La H intercalada sirve para marcar un hiato”, subraya. Es decir: para advertir al lector de que hay una separación entre la U y la O, que la palabra búho se compone de dos sílabas y no de una.

Y, por supuesto, la H sirve a la hora de escribir para diferenciar palabras homófonas, vocablos que en el lenguaje hablado suenan exactamente igual aunque tienen significados distintos. Porque no es lo mismo huno que uno, hojear que ojear, hola que ola o hala que ala. Aunque hay varias palabras que la RAE admite que se escriban indistintamente con o sin H: harmonía o armonía, harpa o arpa, harpillera o arpillera, hurraca o urraca, por señalar algunas.

Ay la H, aunque no suene, en ella hay mucha sustancia.

(Con información de BBC Mundo)

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noviembre 7, 2017 Posted by | Enlaces | , , , , , , , | Deja un comentario

   

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