Alerta en EEUU: Harvey podría tocar tierra siendo huracán categoría 3 (+ Cono de Trayectoria)

El Centro Nacional de Huracanes lanzó una alerta a la población norteamerica y en particular a quienes habitan en las costas de Texas ante la llegada del poderoso huracán Harvey que llegará entre la noche de este viernes y la madrugada del sábado, como un ciclón categoría 3 con vientos sostenidos de hasta 125 millas por hora (200 km/h).

Unos 30 condados del estado ya emitieron declaraciones de desastre para activar los procedimientos de evacuaciones obligatorias, pero especialmente para hacer frente al elemento más peligroso que traerá la tormenta, y que se estiman que habrá inundaciones catastróficas en un amplia zona del estado, afectando a localidades costeras como Corpus Christi, Puerto Mansfield, Puerto Lavaca, Puerto O’Connor y Galveston, así como ciudades más tierra adentro como San Antonio y Houston.

Lo peligroso de este ciclón es que Harvey será un evento meteorológico cuya característica principal será la gran cantidad de lluvia que traerá consigo, especialmente por el hecho de que no habrá corrientes de viento en las capas superiores de la atmósfera que hagan que siga su curso tierra adentro y se disipe.

Por ello, el huracán Harvey al tocar tierra estará en lo que se denomina una ‘zona muerta’, es decir, un área “donde las corrientes son débiles y el viento promedio en las capas profundas de la atmósfera estará cerca de cero”, según dijó el doctor Jeff Masters, meteorólogo cofundador del sitio especializado en el clima Weather Underground.

Lo anterior lleva a extremar las medidas de seguridad debido a que prácticamente lo hará estacionario, descargando lluvia por un largo periodo de horas sobre una zona en particular del territorio texano.

Algunas proyecciones del Centro Nacional de Huracanes indican que lloverá tanto que en algunos condados costeros caerán hasta 30 pulgadas de agua.

Si Harvey no se mueve, o se mueve muy lentamente, esto significa que las marejadas en la costa permanecerán por más tiempo y por lo tanto sus efectos negativos serán mayores.

Hay que enfatizar que Harvey es el primer huracán categoría 3 que impacta costas de Estados Unidos en doce años trayendo un coctel peligroso de lluvias, marejadas, inundaciones y vientos devastadores.

En este momento el fenómeno natural se está favoreciendo de aguas cálidas en el Golfo de México, por lo que ya es un huracán de categoría 1 con vientos sostenidos de al menos 85 millas por hora.

Algunos modelos meteorológicos indican que Harvey podría ser de categoría 4, lo que lo convertiría en el primero con ese poder desde Carla, que impactó el estado en 1961 produciendo daños catastróficos en Puerto O’Connor y Palacios.

Posible Trayectoria

(Con información de Debate)

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Un CC que no es de juego

¿Existen afectados por golpes de calor en Villa Clara? ¿Cómo se manifiestan las expresiones de vulnerabilidad en las personas? ¿Por qué sentimos más exaltación en esta época? ¿Qué hace el Instituto Nacional de Medicina Deportiva para proteger a sus atletas? Cuatro expertos de diferentes ramas advierten sobre los desafíos de la era.

Los efectos del CC no pueden verse a la ligera. «Hay que tener conciencia y ojos abiertos para constatar lo que está pasando», enfatiza el intensivista Jorge Luis Alonso.

Por Ricardo R. González

Fotos: Ramón Barreras Valdés

Ser médico acentúa su pasión por el prójimo, pero apreciar las realidades de la existencia desde el sexto piso del Hospital Mártires del 9 de Abril de Sagua la Grande, donde radica la Unidad de Cuidados Intensivos, le induce a nuevos retos por el bien de la humanidad.

Así define su precepto el doctor Jorge Luis Alonso Freyre, el intensivista sometido a un régimen de guardia intenso, y quién ha sentido experiencias incalculables dentro de una profesión que ama.

Junto a su equipo tiene la dicha de haber salvado a tres villaclareños marcados por una gravedad diferente al sufrir golpes de calor provocados cuando la temperatura corporal rebasa los 40° C y supera los mecanismos de regulación propios.

«Entre ellos una mujer, otro joven de solo 25 años, y un anciano, aquejado, además por un Parkinson e insuficiencia renal. Los pacientes llegaron con temperaturas por encima de los 40 grados, trastornos de la conciencia, muy excitados, y en mal estado general».

Para afirmar que se trata de un golpe de calor se necesitan varios exámenes. Recuerda otro caso registrado en el Cardiocentro de Santa Clara, y aunque tuvieron una evolución favorable se constatan los efectos del cambio climático (CC).

Quizás por ese compromiso que contrajo con sus semejantes, el doctor Alonso Freyre preside y organiza desde hace cuatro años el Taller Cambio Climático y Salud que acaba de realizar su tercera edición junto al I Coloquio de Educación Ambiental.

Es una de las pocas experiencias, quizás la única, de este tipo realizada en Cuba al vincular un fenómeno global relacionado con los cambios del tiempo, el clima y la salud en su repercusión humana.

«Todo parte de investigaciones anteriores dirigidas por el doctor Luis Lecha Estela en Sagua la Grande que integran prestigiosas publicaciones foráneas y nacionales.

Lo cierto es que la tendencia al incremento de la temperatura reporta un efecto notorio sobre la salud humana que incide en el ascenso de las enfermedades cerebrovasculares e isquémicas como principales causas de muerte en el territorio.

Como defensor absoluto de la Naturaleza insiste en pensar en los glaciares aunque no vivamos allá, en que no se puede dar la espalda al incremento del nivel del mar, «pero cuando se habla que una persona puede fallecer por un cuadro debido al empeoramiento de las temperaturas, o que puede sufrir un golpe de calor por bañarse en la playa a las 12:00 del día sin protección, o al ver que la propia familia está afectada por estas situaciones es que comenzamos a tomar conciencia».

Entonces deja claro el fundamento de que la mejor forma de adaptación y mitigación a estos holocaustos radica en la educación ambiental como parte del desarrollo sostenible.

«Por ello vinculamos a los estudiantes de Medicina a este evento que establece frecuencia cada dos años, porque en el período que media son ellos quienes desarrollan sus investigaciones. Por eso la respuesta a lo que hacemos para preservar la salud constituye la piedra angular de este intercambio».

AQUELLOS POLLITOS EUROPEOS

La experiencia que tuvo el doctor Luis Lecha Estela a inicios de los 90 con la fatídica importación de pollos de ceba desde la antigua Checoslovaquia marcó una parte de su vida. Era una ventana abierta para el desarrollo de la avicultura cubana; sin embargo, los animalitos murieron al enfrentarse al calor del trópico, y luego de los estudios realizados por múltiples instituciones la conclusión fue una: fallecieron por inadaptación al calor.

Ello constituyó el puntillazo para que el científico villaclareño comenzara sus investigaciones dedicados a la parte humana.

Formado en la desaparecida URSS confiesa que siente el efecto del tiempo a partir de su propia sensibilidad, y ante casos extremos puede dolerle la cabeza o subirle la presión arterial.

«En este complejo abanico no es solo hablar del accionar de las temperaturas o de las lluvias. La interrelación temperatura-humedad-vientos o los llamados índices complejos resulta vital ya que expresan la sensación térmica real, pues el calor no obedece de manera exclusiva a la temperatura, si no que debe vincularse, además, a la humedad y los vientos, a la posición donde nos encontremos (al sol o a la sombra). En fin…un diapasón complejo».

El profesor Luis Lecha sostiene que al evaporarse 600 gramos de sudor se pierde una caloría de calor, pero si no hay viento seguimos empapados. Por todo ello la adaptación es imprescindible para enfrentar las variaciones del clima y del tiempo.

Lo que no todos conocen es que las averiguaciones iniciaron entre 1986-90 con el monitoreo en 17 hospitales de Cuba, a partir de los reportes de la ocurrencia diaria de asma, enfermedades cardiovasculares, infarto, cefaleas, isquemias cerebrales, y las infecciones respiratorias agudas (IRA). Estos comportamientos se compararon con los datos meteorológicos aportados por las estaciones en cada momento para formar las bases de datos.

Así surgieron los primeros estudios de este tipo realizados en el país en pos de alerta temprana para la salud humana cuando comenzaba a hablarse del CC y de sus efectos sobre la salud con un equipo que trabajaba desde Cuba, Estados Unidos y Alemania.

«El primer sistema de alerta salió en 1996. Por aquella etapa no existían computadoras sofisticadas ni altas tecnologías, y tuvimos que viajar a Washington a probar el sistema. Ya en 2006 se pudo desarrollar desde el Centro Meteorológico Provincial a partir de las modernizaciones tecnológicas», sustenta Lecha.

— Si nos apoyamos en que más de un millón de cubanos son asmáticos, y un 35 % de la población es hipertensa ¿hay que pensar en los cambios de tiempo?

— El asma es de las causas más frecuentes de asistencia a los cuerpos de guardia, sin descartar los problemas cardíacos, pero la población tiene que incrementar esos puntos de alerta, y deben implementarse entre las prioridades del sistema de salud al disponer cada estudio de basamento científico. Sagua la Grande lo aplica por la acción de un grupo de profesionales de diversas ramas que sigue dando sus frutos. No así en los restantes lugares.

«Tos, catarro, muerte súbita, desmayo, accidentes vasculares severos, falta de aire, cefaleas, dolores articulares, variabilidad en el carácter son indicios que muchos sienten en su cuerpo originados por los cambios de tiempo. Todo depende de la capacidad de adaptación o no que es expresión de la vulnerabilidad de cada persona».

De estos efectos meteorotrópicos tampoco hay percepción de riesgo en un mundo donde la temperatura toma niveles nunca antes observados, en tanto prolifera el incremento del mar, existe la variación de las precipitaciones, predomina la sequía, hay pérdida de la calidad del agua, y más huracanes.

EL INSOPORTABLE CALOR

La máxima del ingeniero Lency Carvajal Medina con su amplia experiencia dentro de la Meteorología precisa que «todo en la Naturaleza depende de un equilibrio de energía».

Una de las causas de esas temperaturas tan elevadas recae sobre el viento de componente sur-suroeste. El aire procedente del sur se calienta a lo largo del territorio sobre todo en la tarde, a lo que se suma días de poca nubosidad y de mucha insolación.

Al margen de lo que muchos piensan Lency Carvajal confirma que junio resulta el mes más caluroso del año, y no agosto.

«Desde hace varios años notamos, además de las elevadas temperaturas, que las mínimas están quedando muy altas, la oscilación térmica día-noche, que podía marcar alrededor de los 12 a 14 grados, también saturan, y no podemos escapar del estrés térmico del día.

«Si a ello sumamos que muchas de nuestras ciudades poseen poca cobertura verde esto influye para que el asfalto, las paredes y techos absorban fuertemente la radiación solar y despidan el calor en horas nocturnas».

— Entonces ¿qué hacer?

— Primero no exponernos a los rayos del Astro más de lo necesario, caminar por la sombra, hidratarnos mucho y vestirnos adecuadamente. El CC no es teque, tampoco juego. Es un fenómeno histórico que siempre ha sucedido a lo largo de la evolución del Planeta, pero los ciclos se acortan motivado por las acciones indiscriminadas del hombre, la emanación de gases contaminantes, unido a otras condicionantes que llevan a situaciones complejas. Los cambios están y suceden muy rápido.

¿DESAPARECERÁN LOS ESQUÍES?

Retornar a sus raíces constituye un sueño para el doctor Jorge Pavel Pino Rivero, un sagüero de pura cepa que está al frente del Instituto Nacional de Medicina Deportiva. Se declara un hombre de acción, y prioriza los temas relacionados con el CC por su impacto en los atletas.

Y habla de dos investigaciones recientes. Una de estas refiere que dentro de 80 años será imposible esquiar en los Alpes porque no existirá nieve, en tanto la otra se relaciona con el béisbol a raíz de una fundamentación realizada en los Estados Unidos y da fe que las temperaturas elevadas provocan un avance más rápido de la velocidad de la pelota porque existe menos resistencia al desplazamiento de esta y por tanto los batazos son largos.

«Tanto las altas como las bajas temperaturas, sin descartar las alturas, influyen en los rendimientos. Sin embargo, el deportista tiene que adaptarse a dichas circunstancias, y es cuando hablamos del síndrome general de adaptación existente desde los años 60… Hay respuestas biológicas, fisiológicas y mentales, entre otras, en los que interviene el efecto climatológico».

— ¿Y en el caso de Cuba?

— Entrenamos con altas temperaturas y humedad relativa. En una hora de práctica se pierde un litro de volumen plasmático, y dicho escape influye en el rendimiento deportivo. Por ello insistimos en que los deportistas no esperen la sensación de sed para hidratarse durante el proceso de prácticas o de competencias.

«Pero hay que agregar el horario.  Al trasladarse de un continente a otro viene el llamado proceso de jet lag o síndrome del cambio de horario y desincronización por vuelos de larga distancia. Y se presenta un grupo de síntomas atribuible a esas variaciones de horarios y temperatura e incluso en alturas pues no es lo mismo permanecer sobre 3000 m sobre el nivel del mar que en puntos más bajos».

«Paralelamente a los protocolos establecidos por el Comité Olímpico Internacional, Cuba no da la espalda a los estremecimientos provocados por el CC», precisa el doctor Jorge Pavel Pino.

 — Desde el punto de vista de hidratación ¿qué efecto ha causado el Ergo Plus netamente cubano?

El país dispone de unos 20 mil atletas, y es cierto que dábamos agua con azúcar como reconstituyente por lo que especialistas del Instituto Nacional de Medicina Deportiva y la Empresa Mixta Coracán SA. consolidaron un proyecto para mitigar el efecto de las altas temperaturas. En esto influyó también el coterráneo y doctor José Luis Santana Lugones, y apareció el Ergo Plus.

«Hasta hace tres años el país importaba una bebida deportiva que costaba entre 40 mil y 50 mil dólares, ahora con la nuestra no hay diferencias cualitativas y garantiza saldos satisfactorios en cuanto a los niveles de rehidratación, recuperación y desempeño durante los entrenamientos, así como la disminución de calambres, contracturas musculares y otros síntomas».

Como buena nueva el doctor Jorge Pavel Pino Rivero asegura que a partir de este año todos los niños pertenecientes a las escuelas de iniciación deportiva comenzarán a hidratarse con esta bebida isotónica de variados sabores.

Ahora recuerdo las palabras de Jorge Luis Alonso, el organizador del Taller, cuando me enfatizó que si un médico dedica gran parte de su tiempo a estudiar estos fenómenos se incrementa el deseo y deber de hacer por la existencia.

—¿Entonces, en deuda con la vida?

— Seguro.

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La meteoróloga que «cazó» a Lili

La sagüera Marta Viota Coll está considerada una de las meteorólogas más respetables de Villa Clara y de Cuba, a pesar de estar ya jubilada.

Por Ricardo R. González

Fotos: Ramón Barreras Valdés

Las tardes sagüeras la contemplan sentada en la acera de su casa deleitándose con el incurable hábito de lectura. Ella no oculta la virtud de aprender más cada día, y a manera de pequeño receso Marta Viota Coll mira al cielo y repasa las nubes, esas que le emiten señales y a la vez advierten.

Como excelente meteoróloga, reconocida en el país, constituyen una variable importante porque todas las que aparecen en la bóveda celeste poseen un significado, mas siente respeto por aquellas que, aparentemente, son lindas, blancas y que hacen una especie de yunque en las alturas.

«Esas resultan peligrosas. Provocan tormentas y relámpagos de nube a nube y de nube a tierra para acabar con nosotros… Cada variedad tiene sus características y niveles diferentes. Unas avanzan vertiginosamente, otras están como detenidas…En múltiples ocasiones ofrecen los vaticinios de precipitaciones e incluso por la dirección de la nube y el viento ubicas la posición de un ciclón».

— Cómo empezó su pasión por la Meteorología ¿soñaba con ella?

— No sabía lo que era. Me gustaba la Matemática, el álgebra… pero un llamado de Fidel, una vez pasado el ciclón Flora (octubre de 1963) me hizo inclinarme a esa ciencia interdisciplinaria que estudia el estado del tiempo, el medio atmosférico, los fenómenos producidos y las leyes que lo rigen.

«Escuché la convocatoria por la radio nacional. Después asistí a la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas donde me hicieron una pequeña comprobación de materias generales. Ante todo fui sincera y dije que no sabía nada de Meteorología. Luego de aquel examen quedaron de avisarme a casa».

— Y el veredicto ¿demoró en llegar?

— No llegó a un mes en que me comunicaron la selección. Fuimos para La Habana a pasar un curso emergente. Viví en la parte alta del Capitolio Nacional, mientras que en sus hemiciclos recibíamos las clases. A mí me tocó el «Camilo Cienfuegos», y allí nos hicimos observadores meteorológicos junto a un grupo representativo de todo el país.

— Sin embargo esta teoría fue complementada rápidamente con la práctica…

— En ese tiempo pasó un ciclón. En el caso particular marchamos hacia Pinar del Río con otros compañeros. Estuvimos tres días hasta que retornamos al curso con duración de ocho meses.

— ¿Cuándo puede hablarse de la primera estación meteorológica en la Villa del Undoso?

— Se fundó el 5 de abril de 1965, Ahí tuve mi primera experiencia laboral. Nos ubicaron en la secundaria básica Máximo Gómez en un aula espaciosa donde pasamos 11 años apoyados con una tecnología muy rudimentaria. Comenzamos de la nada. Éramos tres compañeros que, lamentablemente, algunos ya no están, y trasmitíamos la información a Cienfuegos pero en telegrafía.

«Las operaciones había que realizarlas a mano, solo contábamos con una pequeña calculadora para llevar de grados Fahrenheit a centígrados según las normas de la época».

Pendiente de cada detalle en los tiempos que desarrollaba su trabajo en la Estación Meteorológica 338.

 — ¿A partir de qué momento constata ciertos avances en la ciencia?

— Las primeras luces llegaron con el Proyecto Cuba 7 que posibilitó la creación de la Estación Meteorológica 338, perteneciente a la Academia de Ciencias de Cuba, en el km 4 de la carretera hacia Uvero. Creo fue en 1976 para luego convertirnos en Estación Agrometeorológica al venir cerca la Estación Experimental de la Caña con una labor muy compenetrada.

— Pudiéramos decir que se convirtió en una especie de joya para Marta Viota. Recuerdo que las paredes tenían una especie de plantilla a fin de que nadie pusiera las manos en la pared…

— Siempre he sido una persona quisquillosa. Me gustaba tener la instalación limpia, con murales actualizados, y si pintábamos era para que los visitantes se sintieran bien y apreciaran la cultura del detalle. Yo era atrevida, y desde allí se hacían muchos actos e invitaba a numerosas personalidades, incluso de otras provincias.

«La Estación era de intercambio regional, lo que abría las puertas a lo foráneo porque era pilotada en otros países y requería de una puntualidad absoluta en todo».

— Desde el punto de vista de la comunicación ¿se apreciaba el color de las rosas?

— Nada de eso. Tiempos muy complejos. Eran las tres provincias centrales, y hubo un período en que las oficinas se encontraban en Cienfuegos hasta que pasaron a Santa Clara.

«Teníamos una planta de radio y nos comunicábamos con la provincia para que desde allí se enviara la observación a La Habana. Ni soñar entonces con las tecnologías de la información, ni correo electrónico, ni otra modalidad.

«Era un sufrimiento. Si fallabas en algo ya no entrabas en el rango de Vanguardia Nacional. Había que tener precisión y nos medían un abanico de aspectos. A ello se unía la fuerza de la emulación en el trabajo sindical por aquellos tiempos a nivel de redes, de provincias y en el ámbito nacional».

— Entre el instrumental presente en una Estación Meteorológica Ud. prefiere el heliógrafo ¿Por qué?

— Mide la duración solar, su intensidad y registra los trazos. Recuerdo que hice una innovación sobre las cartas heliográficas ante la carencia de las plantillas originales. Por ello estudié qué tipo de papel y cartón eran los más adecuados y se resolvieron los contratiempos.

— En su vida profesional existen dos momentos cumbres: la Tormenta del Siglo, en marzo de 1993, con vientos de 152 km/h en Sagua la Grande, y el huracán Lili en 1996…

— Prefiero detenerme en este último. La temporada ciclónica de ese año fue muy activa en cuanto a huracanes formados en el Atlántico. Lili traía, aparentemente, el suave nombre de una mujer. Era el octavo ciclón de la temporada, y pasó por Sagua en la madrugada del 17 al 18 de octubre de 1996.

«Sus estragos resultaron cuantiosos en viviendas en mal estado, pero también en la agricultura, la industria, la ganadería, así como en el poblado de Isabela… El río se desbordó por los 250 milímetros de agua caídos en 24 horas…

— ¿Y es cierto que mientras se daban informes del alejamiento del fenómeno Ud. y su equipo se percataron de que lo tenían encima?

— En aquellos momentos quitaban la corriente. Si no tenías un radio de pilas carecías de información, pero nos auxiliamos de la planta eléctrica. El tiempo comenzó a deteriorarse, y reconozco que el panorama no me gustaba. De buenas a primera se dijo que había salido de la provincia.

— Realmente ¿qué pasó?

— Nuestro equipo estaba muy pendiente del microbarógrafo y del barógrafo. Veía que la presión bajaba en forma de V y también la presión atmosférica. Cada vez el descenso era mayor y ello resulta contradictorio ante un ciclón que se aleja. Me llamó Marino Rodríguez González, el guía de puerto de Isabela y no se me olvida que le dije: La V sigue para abajo, y estamos en peligro total.

«No perdimos tiempo y de inmediato me comuniqué con el Puesto de Mando municipal y doy la alerta. Expliqué que de acuerdo con la experiencia laboral lo teníamos arriba. Era impresionante. Se sentían vientos máximos de 108 Km/h, y la presión bajó a 982,4 hectopascal, y más de 700 milímetros de lluvia.

«Las condiciones del tiempo se deterioraron al máximo, mucha lluvia y sin fluido eléctrico. El fenómeno nos volvió locos a todos. Me pusieron la cazadora de Lili, pero teníamos a otros meteorólogos de primera línea en Santa Clara. Mis ojos presenciaron a Lili y mi equipo trabajó maravillosamente, a pesar de que el viento soplaba por todos los lugares».

Este chaleco la acompañaba a los eventos y actividades a la que asistía. Ahora constituye la prenda que acoge gran parte de sus medallas y distinciones.

 — ¿Se siente la causante de desenmascarar a Lili?

— Hice lo que tenía que hacer apoyada en un excelente colectivo. La satisfacción mayor fue que al final pudo adoptarse un grupo de medidas que impidieron afectaciones mayores

— ¿Está previsto el error meteorológico?

— Todos podemos equivocarnos, pero hay que evitarlo al máximo. Hasta las estaciones automatizadas experimentan, en ocasiones, sus deslices.

— Luego de cuatro décadas de trabajo decidió jubilarse ¿por qué lo hizo?

— No me sentía bien de salud. La presión arterial alta, una cardiopatía que asomó, y ya la responsabilidad se incrementaba. Por otra parte la Estación quedaba lejos. Iba para allá a las 5.00 de la mañana en bicicleta, incluso hasta los domingos.

— ¿Cuál es su reacción cuando escucha hablar del Instituto de «Mentirología»?

— Una roña inmensa. Nuestros expertos son muy buenos y los admiro. No admito ese término ni en juego porque en La Habana, en Villa Clara y en cualquier parte del país existe un personal de excelencia, ante un mundo de pronósticos que admite la variabilidad.

— ¿El colmo de un meteorólogo?

— No ver el parte meteorológico.

— ¿Decepciones?

— Sí las tengo. Excepto mis compañeros de Estación los demás no se acuerdan de mí y eso es triste. Fui 10 años Vanguardia Nacional. Entonces, los 40 años de mi vida que le di a la profesión ¿dónde quedaron?

— Si le pido a una mujer cargada de distinciones, reconocimientos y medallas que me ofrezca su retrato en blanco y negro ¿cómo lo haría?

— Tengo muchos defectos: Muy peleona, nada me acoteja, me gusta la exquisitez, y sufro porque no todos somos así. Por demás quiero mucho a mi familia y amo de verdad las cosas que me inspiran. Soy sagüera de pura cepa y defiendo a mi terruño, así como la belleza de mis plantas diseminadas por todo el pasillo.

Uno de los anhelos de Marta era tener un nieto o una nieta. Aquí está la mejor prueba.

— ¿Y la familia?

— Lo es todo, mis hijos, mi sobrino Alberto Machado Viota que siguió el camino de la Meteorología en la Estación 338 ubicada desde 2004 en la carretera hacia Quemado de Güines, y también tengo una hermana, Juana del Carmen Viota, que estuvo un tiempo vinculada a la propia rama, y así cada uno del resto de los componentes familiares me llenan de felicidad.

— En una entrevista que le realicé en 1998 le preguntaba cuál sería un anhelo en su vida y respondía que tener un nieto o una nieta. A casi 20 años después ¿cumplió su aspiración?

— Al fin. Ya tengo una nieta de 16 años que ayudo en sus estudios, y me siento una educadora sin ser maestra.

— Antes del punto final ¿qué es para usted la Meteorología?

— La vida. Va conmigo y es parte de mi familia. Una ciencia sorprendente en la que cada día conoces más. Lamento estar jubilada y no emplear el avance tecnológico que cuenta hoy. Fidel tenía una visión larga, y después que entras a este mundo te llena tanto que resulta imposible salir. Me gustaba investigar, estudiar mucho, y participaba en los numerosos eventos programados. Gracias a ellos conocí muchos lugares de mi Cuba.

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