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Ricardo R. Gonzalez

El “Regreso” de Blanca Rosa Blanco a la pantalla grande

La noticia de “la primera mujer cubana en dirigir, escribir y protagonizar un largometraje retumba en los medios cubanos y extranjeros. Unido a eso, que su directora se aventure, en ópera prima, a poner sobre la mesa el género policíaco en el cine parece ofrecerle mayor singularidad al tema.

La protagonista de la noticia es la popular actriz Blanca Rosa Blanco, quien estrenó El Regreso el pasado diciembre en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano y luego ha presentado la cinta en varias salas del país.

Tras una exitosa carrera en la interpretación, Blanca busca nuevos horizontes y se aventura a dirigir y escribir la historia de muchas mujeres, en un solo caso policial. Con la asistencia en el guion y la dirección de Alberto Luberta, el filme habla de violencia de género, del silencio de las mujeres abusadas, de impunidad y de condenas injustas.

¿Por qué un tema tan delicado como el abuso sexual para su primer filme? ¿Cuánta realidad hay en lo que cuenta?

Es ficción, pero tiene un pretexto social. Lo que hay real son los testimonios de las mujeres violadas, en boca de actrices que interpretan víctimas de maltrato sexual, pero con testimonios cercanos a los reales de mujeres que conocí, que pude investigar y que tuve cerca. Estamos hablando de que si las mujeres no hacen la denuncia no existe el caso, puedes tener el hecho más insólito o el más connotado, pero si no hace una declaración no hay caso y eso es una realidad.

Otro dato importante es que yo conocía y tenía elementos de muchas personas que cumplían por una causa que le tocaba cumplir. Todo esto era un pretexto para tener esa denuncia en un policíaco, unido a la condena por el silencio que somete a las mujeres debido al prejuicio de que nunca les creen o que su condición ante la vida no les permite que las personas crean en ellas.

– Son pocas las mujeres que hacen cine en Cuba, y cuando lo hacen y tocan estos temas algunos las tildan de feministas, ¿se definiría usted como una mujer feminista?

No, para nada. Yo no tengo una posición, no soy para nada partidaria porque creo que en ese momento estamos condenados a ser parte de una sola cosa, sería traicionar mi manera de ser ante la vida, tengo una mente súper amplia con relación al ser humano y a todo. También creo que hay violencia contra los hombres, ¿y eso qué me haría entonces? Yo defiendo el género humano y defiendo la no violencia contra el género, pero de ahí a mantener un concepto feminista, no.

Las personas están marcadas por una estructura y un concepto en el cual yo no creo. Creo que cada quien vale por lo que piensa, por la obra que hace, no creo en etiquetas. Me parece que la gente debe ser feliz como quiere ser, que si quieren vivir hombres juntos o mujeres juntas lo hagan y creo en esa diversidad, por eso es que no le doy espacio a las etiquetas, aunque respeto a las personas que lo hacen.

– ¿Cree que el tema es poco visible en Cuba?

Pienso que lo poco visible es el género, igual sí se ha tocado de manera superficial, de hecho, yo creo que en la película podía haber profundizado más en la parte más dolorosa del silencio de la mujer, pero esa es otra película que debería hacer, definitivamente.

– ¿Por qué escogió el género policíaco para debutar como directora de cine?

Es obvio que es un género que tengo muy cerca, estuve diez años interpretando un personaje con acceso a mucha información y tenía deseos de sacarlo un poco del marco de lo que te permite el audiovisual en la televisión, que tiene otros códigos. Haber tenido la oportunidad de tocar muy de cerca el género en un formato tan diferente como el cine nos está abriendo también un camino a darnos cuentas de que hay que quitarse un poco el prejuicio de que sea el cine de género un cine menor, que por ser popular pueda ser menos acogido o diferente, yo creo que hay que abrir el abanico.

Me gusta mucho el género, conozco su literatura, me gusta el policíaco cubano y creo que merece un espacio, si pudiese seguir en él creo que sería interesante, me encantaría poder seguir haciéndolo en el cine, en la televisión no creo que corra el riesgo.

En una entrevista Yadier Fernández decía que era fácil ponerse el uniforme de policía, pero lo difícil era humanizarlo. ¿Cómo hicieron para humanizar a estos personajes?

Siempre tuve la idea de que los personajes no fueran prototipos, queríamos romper con los códigos, tal vez no en el extremo, pero sí saber que las personas en medio de esas circunstancias eran capaces también de retomar un romance, de sensibilizarse con la música, que tuvieran sus propios complejos.

– ¿No sintió miedo al emprender un proyecto con un perfil parecido al que interpretaba en Tras la Huella?

No, realmente no porque como este personaje de la mayor Mónica siempre estaba preestablecido, ya todo el mundo sabía lo que iba a hacer, cómo iba a reaccionar, cómo era su vida, lo que queríamos era desprendernos de eso y hacer un personaje nuevo, diferente. Sí había referencias, por supuesto, no las puedes borrar, pero no creo que Mónica tenga mucho que ver con Patricia. Es inevitable la comparación.

No es menos cierto que nosotros pensamos hacer una película a partir de lo que ya conocíamos y aunque era lo más cómodo, ¿por qué tenemos que darle vida a un personaje que ya existe? Podemos sencillamente replantearnos todo, cambiarle el nombre y buscarnos la vida con un nuevo proyecto. Aunque era realmente lo primero que tenía en la mente: sabes que este personaje funciona, sabes que el género funciona, entonces lo más cómodo es ir por ese camino, y realmente hubiera sido fallido hacerlo. Referentes puede haber porque yo soy la misma persona, el mismo ser humano y fue mucho tiempo.

Alberto Luberta fue un pilar fundamental de El Regreso, pues este reconocido guionista tiene amplio conocimiento del género, ya que acompañó a Blanca durante buena parte de su estancia en Tras la Huella. “Yo necesitaba alguien que me cubriera las espaldas, que tuviera cierto conocimiento del género, que fuera también inquieto, que fuera dispuesto a someterse a una obra a cuatro manos, que mucha gente no está dispuesta por millones de razones”, comenta la actriz, y asegura que todo fluye si ambas partes ponen la obra como lo más importante.

– ¿Cómo se complica el trabajo cuando tiene que dirigir y actuar a la vez?

Fue un reto para mí y para el equipo, que tenía conciencia de que era algo complejo, de que delante tenían a la actriz y también todo el tiempo a la directora.

Creo que tuve un equipo dispuesto a correr ese riesgo, que sabía que estábamos expuestos al error, que también podíamos tener aciertos y desaciertos, que estaban experimentando junto conmigo un proceso.

Ensayamos mucho y eso nos permitió tener un rodaje tranquilo de siete semanas como estaba previsto. Además, estamos hablando de una película con muy pocos participantes, muy precisos y concentrados; todo el mundo conocía su rol.

La directora asistente, Tania Ceballos, fue imprescindible en este proceso desde el principio hasta el final, lo tenía todo organizado. También gracias a la producción de Carlos de la Huerta, que la vida nos unió y ahora somos pareja. Realmente fue una experiencia difícil, en la que sufrí mucho, en la que las satisfacciones eran pocas, porque sentía que no tenía el control de todo lo que podía estar sucediendo.

El público había notado la ausencia de Blanca de la pequeña pantalla, luego de su salida del espacio Tras la Huella, hasta que apareciera en los capítulos finales de la recién concluida tele serie Conciencia, de Rudy Mora.

¿Por qué escoge este momento de su carrera para empezar a dirigir?

Justamente porque es este momento de mi carrera. Porque hace aproximadamente dos años desde que salí de Tras la huella que no he trabajado como actriz, porque las oportunidades ahora mismo y mis exigencias no están en el mismo lugar, las cosas que quiero hacer no se corresponden con lo que está sucediendo exactamente. Creo que la televisión está en un momento complejo en cuanto a producción y uno va cambiando sus necesidades. El trabajo en Tras la Huella fue demasiado tiempo y ya no era yo. Llegó un momento en que no había proceso de creación, sino de repetición. También los directores no me daban oportunidad de hacer otra cosa y fue muy difícil. Eso fue una de las cosas por las que tomé la decisión de replantearme todo, me fui dos años, me desintoxiqué y me atreví con lo que quise siempre que era dirigir y por eso fue que surgió este proyecto.

Durante las primeras presentaciones del filme a partir del pasado 26 de diciembre, Blanca no se ha mostrado como la directora y actriz de la trama que se exhibe en pantalla, sino como el ser humano que se emociona y agradece ver que su obra ha causado algo en el público.

“Me gusta estar en contacto con la gente, tomarle la temperatura, tocar con la mano lo que está pasando, ver si reaccionan en los mismos momentos, realmente las primeras presentaciones fueron así. Me emociona ver que las personas reaccionan, que hay aplausos al final, lo que uno espera que ocurra ha ido sucediendo espontáneamente.”

Un detalle que distingue esta cinta es que su escenario sale del acostumbrado ámbito habanero del cine nacional, algo que encontraría fácil justificación si Blanca no hubiese nacido en La Habana. Sin embargo, es la ciudad de Matanzas el escenario de la trama.

– ¿Por qué la ciudad de Matanzas?

Primero porque considero que el cine en los últimos tiempos está muy saturado del escenario habanero y Matanzas es un lugar que he conocido durante mucho tiempo, estuve un año trabajando allí, viajando semanalmente y me entusiasmaba mucho lo que sucedía con las luces en Matanzas, es una urbe muy cinematográfica.

Es una ciudad que tiene una historia particular y a mí me gusta mucho recrear esos mitos a título personal. Ahí también hay personas que necesitan ser protagonistas de algo, creo que era importante darle a la ciudad un protagonismo. Es otro escenario y lo nuevo siempre es atractivo por supuesto, las personas se involucran, te quieren ayudar, quieren ser parte de eso.

A pesar del protagonismo de la ciudad de los puentes en la ópera prima de Blanca Rosa Banco como realizadora, los matanceros aún no han podido disfrutar del filme en su ciudad, algo que la actriz devenida directora lamenta mucho. “Matanzas no ha visto la película, no hemos tenido respuesta de ningún directivo, ni de la cultura ni del gobierno de Matanzas. Es una pena que realmente esté sucediendo todo lo contrario en el resto del país, que nos han solicitado que llevemos la película, y eso es lo que hemos hecho nosotros”.

El Regreso está cosechando mucho éxito en Cuba y parece tener oportunidades fuera de fronteras, con una propuesta de llevarla al Festival de Cine cubano en Minnesota, “eso es como la primera oportunidad de llevarlo a un público de otra cultura, en otro contexto”.

Próximamente volveremos a disfrutar de sus habilidades como actriz en la más reciente producción de Jorge Luis Sánchez sobre la vida del poeta cubano Julián del Casal y tal vez, más adelante, de sus capacidades como directora en un documental que está en su fase inicial como proyecto.

Mientras tanto, Blanca disfruta el proceso de estreno de su ópera prima, y piensa en otra oportunidad que tal vez no es exactamente un policíaco, quizá un drama. “De lo que sí estoy convencida es de que realmente sí quiero seguir intentándolo, y que no me voy a divorciar de la actuación tampoco, pero sí quiero intentar tener una segunda oportunidad”.

(Con información de L. Eduardo Domínguez y Patricia Hernández Acevedo. Cubadebate)

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enero 25, 2019 Posted by | Enlaces | , , , , , , , | Deja un comentario

¿Dónde está la actríz Mariela Bejerano?

Cuando la actriz habla de sus colegas, de la radio, el cine, la televisión o de sus personajes que se han convertido en amigos, el corazón le retoza adentro y los ojos le brillan más de lo normal. Y eso, por cierto, ella lo logra sin actuar.

Pero el público extraña la serenidad de algunos de sus personajes o la cuasi locura de Marlén en Salir de noche, la presencia de una mujer sencilla y carismática en las nuevas producciones cinematográficas o las telenovelas. A Mariela Bejerano Pérez ya no se le ve en la pequeña pantalla, el teatro; la gente no escucha su voz en el doblaje.

“Desde el 2014 vivo en Barcelona. Me voy allá porque conozco a mi esposo Daniel y me faltaba un poco eso. Yo quería vivir también ese pedacito… He tenido muchos regalos en la vida: mi familia, excelentes amigos, una profesión y Daniel. Ha sido duro, pero el cariño de él lo compensa”, dice Mariela, de visita en Cuba.

Preparamos unas rositas de maíz para compartir durante la entrevista en su casa. Con una intensa modestia agradece a los demás antes de hablar de ella y… antes de probar las rositas: “Cuando estudié actuación tenía una profesora, la gran actriz Herminia Sánchez. Ella era una mujer de mucha intuición y decía que nosotros debíamos buscar nuestro propio método de actuación. Leíamos, pero el método personal lo construíamos en el camino, nos lo daba la práctica.”

“Hubo cosas de la profe que no entendía. Lo comprendí cuando hice radio, una escuela muy importante. Era otro método de trabajo. Tuve que escuchar y ver cómo se hacía, mediante grandes maestros como Aurora Pita, Frank González, Julio Alberto García, Marta Velasco… Fueron muchos quienes nos ayudaron. Nosotros éramos un grupo de jóvenes recién graduados del ISA y estábamos deseosos de aprender”.

–¿Cuánto ha aprendido Mariela de sus personajes?

–Aprendo y me divierto mucho con ellos. Cuando los estás estudiando son muchas las preguntas que tienes que hacerte. Yo escribo mucho, interrogo y me respondo. Entonces entra a hablar Mariela y el personaje, es como si fueran dos amigos en un diálogo.

–¿Cuán difícil es para un actor interpretar un papel negativo y que el público te rechace en la calle? ¿Te ha sucedido?

–No me ha pasado. Sucede que los “malos” tienen un porqué. A mí siempre me ha gustado que el público comprenda por qué el personaje actúa así. Aunque a uno le cueste entenderlo a veces, cuando lees el libreto ves la razón por la cual esa persona se comporta de determinada manera. Yo busco en mis personajes los matices, algo gracioso para sacarle la sonrisa a la gente. Eso, a veces, los enriquece y la supermala entonces no lo es tanto.

A Mariela Bejerano se le escucha hablar con pasión de cada papel y no deja de defenderlos ni por un instante: “En Salir de noche, Marlén para mí fue un personaje muy bonito y humano, lo que tenía su manera, como la tenemos todos, pero era buena gente”.

–¿Qué características de Marlén existen en Mariela?

–Mariela no “tenía” nada de Marlén –dice y sonríe cuando reconoce en su respuesta el verbo en pasado–. Aquí por el barrio hay una muchacha que era una Marlén en potencia y cuando salió la novela y vio mi actuación me dijo: “oye, a ti nadie te calcula”… Hoy existen características de Marlén en mí porque uno aprende de las interpretaciones, y el tono de la voz, la mirada y los gestos hacen que la gente los reconozca en ti. Hay cosas que hago de Marlén porque, sencillamente, se me van quedando.

Aunque no se lo pregunte, hay algo que no deja de decir: “Me gusta lograr que la gente se conmueva y se vaya con un mensaje y con la intención de ser mejores personas”.

–¿Cuál es tu estrategia para lograr eso?

–En primer lugar debe haber verdad en todo lo que haces. Necesitas saber, practicar y dominar cuáles son las emociones a transmitir a través de los personajes. Eso es importante en un actor porque si te sientes mal o pasa algo en una función, el público no lo puede notar. A veces, aunque no tengo ganas de reír, hay que saber hacerlo. Una vez en la radio yo hacía un papel que tenía que gritar. Y yo no sabía. Imagínate, en la radio es “arriba, vamos a grabar”.

–¿Y qué pasó?

–¿Qué pasó?… Estuve tres días gritando aquí en la casa. Lo practiqué y trataba de no lastimarme la voz. Busqué el sonido desgarrador del personaje, hasta conseguirlo, y cuando entré a la cabina… grité como tenía que gritar.

–¿Cómo es el reto de hacer humor?

–Lo más difícil de ese trabajo es que yo me moría de la risa con ellos, y me río cuando los estudio sola, en el proceso y en la filmación. No paro. Es algo que debía superar, pero creo no lo he logrado nunca. Con Marlén y el Papa nosotros hacíamos la escena, pero no decían “¡corten!” jamás. Y seguíamos improvisando hasta que la risa era tan grande y mandaban a cortar. Te podrás imaginar cuánto se demoraban aquellas tomas. Por eso la gente se ríe mucho con estos personajes.

–Desde Barcelona te mantienes vinculada a las actividades relacionadas con Cuba…

–El Consulado me invitó en una ocasión al Día de la Cultura Cubana, y a partir de ahí me llamaron para que declamara e hiciera la conducción de otras actividades como el encuentro de Cubanos Residentes en España y la recaudación de dinero para damnificados aquí por el huracán Irma. Empecé a ver el amor de los catalanes por Cuba. Y eso me conmovió muchísimo. Tengo que estar ahí. Y estaré.

–¿Qué es lo que más extraña Mariela de sus actuaciones en Cuba?

–Aquí siempre estábamos en equipo. Imagínate…, yo estaba 18 horas diarias trabajando. Extraño actuar, pero también a mis amigos, reírme con ellos. Yo me divertía mucho haciendo mi trabajo.

Y después de conversar sobre ese libreto mayor que es su vida, fue cuando pudimos comer las rositas de maíz, preparadas para esta entrevista sin darnos cuenta de que, cuando se habla con Mariela Bejerano, no hay tiempo para esas “boberías”. 

(Con información de Andy Jorge Blanco)

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marzo 12, 2018 Posted by | Enlaces | , , , , | Deja un comentario

   

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