La vida es hoy

La historia de Yoel Ramos Mesa es la de un hombre a quien el destino le jugó una mala pasada, pero ha sabido encontrar los matices de la existencia. Hoy ofrece una clase magistral a través de esa escuela llamada perseverancia.

Gracias a su propia innovación Yoel puede activar su computadora. Con este trabajo obruvo Premio Relevante en un Fórum de Ciencia y Técnica, pues según él: « No es dar un ejemplo a los demás, es desarrollar el empeño de realización personal contra vientos y mareas».

 Por Ricardo R. González

Foto: Ramón Barreras Valdés

Yoel Ramos Mesa no cree en lágrimas. Tampoco en lástimas, y diría que hasta destierra el significado de lo fatídico a pesar del incidente ocurrido aquel domingo 7 de abril de 1991 que cambió totalmente su vida cuando apenas tenía 19 años.

No le cuesta trabajo evocar vivencias desagradables ni escapa de contarlas. Según él resultó un día común. Salió de pase de la Escuela Nacional de Tropas Especiales, ubicada en la pinareña región de Los Palacios, para compartir con los vecinos del asentamiento aledaño. Ya en la tarde el calor era insoportable y decidieron refrescarse en un río poco caudaloso y desconocido para el muchacho cifuentense.

Con las acrobacias de la edad se tiró al agua, y de inmediato una colisión le hizo saber la dureza del fondo.

Han pasado los años y «el impacto no resultó tan serio ni perdí el conocimiento»; sin embargo, cuando trató de incorporarse ocurrió algo extraño, lejos de esa herida en la cabeza que le ocasionó los primeros puntos de sutura recibidos en su anatomía.

«El traslado se realizó de manera cuidadosa, pero sin una mínima reacción. No considero que haya sido ni dramático ni trágico, pero el fenómeno vino después».

A partir de ese momento conoció el mundo de la emergencia médica. Los primeros diagnósticos acontecieron en el hospital de San Cristóbal. Allí cosieron la herida provocada por el choque… No obstante, las radiografías corroboraron lo que el personal médico suponía: Una fractura de columna motivaba la parálisis. Afectó la médula aunque conservaba su estructura, mas el golpe produjo limitantes severas que apagaron el movimiento de los miembros inferiores y superiores.

«En horas de la noche de ese día llegamos al Hospital Militar de La Habana. Luego para el Centro de Investigaciones Médico Quirúrgicas (Cimeq) donde procedieron a múltiples exámenes y a la primera cirugía a la que era sometido en mi vida. Fue el 12 de abril del 91.

Estuve más de 20 días en terapia intensiva con fiebre, crisis en los riñones, en fin… nunca más apareció la reacción esperada, y así llevo 26 años de los 45 que tengo».

NI OCASOS NI VENDAVALES

Por momentos Yoel no creía lo que estaba pasando. Era sano y nunca padeció de una enfermedad crónica. «Es difícil enfrentar una parálisis con tan corta edad. Esto cambió mis días y los de mi familia, entre ellos los de mi mamá, María Magdalena Mesa García, quien tuvo que dejar de trabajar con la finalidad de atenderme a tiempo completo al depender totalmente de otras personas para realizar las cosas elementales».

Como el campeón del más encumbrado deporte Yoel Ramos no se amilanó. Sabía que el reto era enorme, pero jamás dejó que las decepciones tocaran a su puerta, por lo que se propuso vencer grandes obstáculos.

«El autodominio resulta vital ante la imposibilidad de poder enfrentar la vida con objetividad. Soy de un carácter fácil, no me incomodaba por nada, y asumí mi situación según las circunstancias. Es cierto que cambia la perspectiva, pero no te puedes detener ni aunque existan montañas frente a ti».

Es probable que este hombre no admita la palabra refugio para disipar situaciones, en cambio la literatura le propinó una de las tantas formas que le alimentó el alma.

«El hábito de leer me ayudó a enriquecer el día a día. Era el inicio del período especial con apagones terribles. Ni pensar en una computadora o en un radio, y la literatura me cautivó. Antes me gustaba la lectura, pero a partir del accidente devino algo fuera de lo común. Leía de todo, literatura soviética, los autores cubanos en diferentes géneros, y los clásicos de García Márquez e Isabel Allende. Me encantó El siglo de las luces, de Carpentier, a pesar de que resulta más barroco, pero lo entiendo, en cambio a Lezama tenía que leerlo más despacio.

— ¿Suscribes que los libros engrandecen al individuo?

— No se puede prescindir de ellos. Cambian la manera de ser de las personas, ofrecen conocimientos e incluso la posibilidad de discernir y sacar conclusiones.

Por las paredes de su hogar aparecen varias fotos que recogen diversos momentos de su estancia en las FAR y recuerdos familiares. Desde su silla de ruedas los repasa, y no oculta su predilección por las pistolas desde que era niño. A tal punto que se acercaba a los policías para verlas de cerca.

«No pienso que mi paso por las FAR me forjó la disciplina porque desde pequeño la tenía, pero sí me curtió y más la estancia dentro de las Tropas Especiales. Esta inclinación se la debo al excelente claustro de profesores del preuniversitario Carlos Liebknecht (Yabú 2) que marcó mi conciencia para siempre.

Sin pena alguna revela que los cálculos le causaban pavor porque se considera más partidario de las letras. Por ello declinó aquellas aspiraciones de estudiar ingeniería naval.

«Ahora bien, las Tropas Especiales me fascinaban. Había que tener buena preparación física y me fue de maravilla. Estaba enamorado de la carrera… Aun estuviera en las FAR porque todavía me siento un soldado».

LA MAGIA DEL MOUSE

El hecho de innovar siempre ha estado presente en Yoel. Le gusta ir al detalle y descubrir la interioridad de las cosas. Después del suceso tuvo que reinventar. Pasaba mucho trabajo para saciar su pasión por la lectura, sobre todo al pasar las páginas de los cuadernos hasta que un día se propuso vencer el contratiempo.

«Al no tener movilidad ni en las manos ni en las piernas inventé una especie de atril. Allí situaba el texto. Con la boca sostenía un rayo de bicicleta protegido en la punta y lograba correr la página. Así me leí los tres tomos de El Capital que no es un «ladrillo» como muchos piensan».

                                   Su mamá María Magdalena lo ayuda a colocarse el dispositivo fruto de su innovación

— ¿Y qué pasó al llegar la computadora?

— Ante un mundo tan atractivo tuve que crear mis mecanismos. Adrián Berazaín me inspiró con ese soporte para alternar con la filarmónica, y yo tenía que dominar el mouse. Ideé un mecanismo con varios aditamentos a fin de fijarlo. Una vez logrado situaba la lengua por detrás del labio y apoyado en la barbilla provocaba el movimiento total del llamado ratón. Pensé que iba a demorar una eternidad, mas la idea fluyó muy rápido. El aparato me resultó fácil y logramos poner el cursor donde va».

— Fue tu primer éxito en un Fórum de Ciencia y Técnica…

— Me fui hasta Holguín y quedé sorprendido al anunciarse que tenía Premio Relevante con mi primera innovación. En realidad me apoyo muy poco en el teclado inteligente. Después obtuve otra mención al crear una modalidad para el juego de ajedrez por el sistema Braile a través de la computadora.

UN OPTIMISMO CRÓNICO

Yoel Ramos es de los humanos que necesitarían extender las horas del día. Como bien dice: «Lo mío no tiene remedio. Es un optimismo crónico», y mediante un pariente radioaficionado reactivó la Asociación en su municipio y asumió la presidencia desde 2011 en algo que para él tiene de magia y fomenta amistades.

A su vida han llegado muchas manos tendidas. Tantas que teme olvidar involuntariamente a algunas, y no deja de mencionar a las FAR, la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana, el Ministerio del Trabajo, Salud, Educación, el INDER, Cultura y los trabajadores sociales, entre otras.

«A la ACLIFIM me unen sentimientos emotivos y profundos. Constituye algo especial, pero siento de cada una ese apoyo material, espiritual y sicológico, como también de la Casa de la Cultura y su especialista Iliana Águila, quien me ha insertado a los talleres literarios. Ya he escrito algunos cuentos, pero de momento prefiero dejarlos en la privacidad».

En la vida hay sueños, y entre los del cifuentense estuvo aspirar un día a graduarse del nivel superior, y con mucho esfuerzo lo logró en 2012.

«Otra de mis grandes sorpresas. Ser el graduado integral de Cultura Física en ese año con Título de Oro, y leer el Juramento de graduados. La tesis fue relacionada con las discapacidades y tuvo sus momentos porque al no existir la bibliografía necesaria me costó ciertas dificultades con el tutor y el oponente.

— ¿Qué significa para ti María Magdalena Mesa García?

— Es mi madre. Ocupa un espacio insustituible y resulta un complemento vital. Tiene una historia intachable en la FMC y en los órganos del Poder Popular. Si en 26 años no me ha salido una escara, algo difícil en casos con situaciones medulares severas, se lo debo a sus cuidados extremos y a los de toda mi familia que es extraordinaria.

«Mientras leía el Juramento tuve la sensación que cumplía con quienes confiaron en mí, principalmente con mi mamá».

Parte de su familia que constituye un todo. Entre ellos su mamá María Magdalena Mesa García (a la derecha de Yoel) y su abuelo Florentino Mesa Díaz que cumplirá el próximo 26 de Julio sus 100 años. Faltan en la foto Adolfo Ramos Escobar, el papá de Yoel, y su hermano Yoandy Ramos Mesa.

— Dicen que ella cursó contigo la Universidad…

— Muy bien que se hubiera podido graduar. Estuvimos en la Sede Universitaria Municipal y ella me trasladaba a las aulas. Teníamos que atravesar el pueblo de un extremo al otro con mi silla de ruedas. Llevábamos algo de comer y era mi madre quien tomaba las notas de clases.

«En los exámenes yo tenía que dictarle las respuestas para que las escribiera, y en tercer año decidieron unificar las sedes en Sagua la Grande».

— ¿Y el cielo se te nubló?

—Jamás. Tenía que seguir la carrera. Fuimos a múltiples organismos y conseguimos que los profesores viajaran a Cifuentes o de lo contrario nos enviaban los módulos. Así logramos terminar con excelentes maestros.

Yoel Ramos Mesa se declara un eterno enamorado de la vida con un racimo de aspiraciones pendientes porque una discapacidad no significa el ocaso de la vida. Perseverancia, optimismo y valor son preceptos constantes. Por eso cada día que pasa abraza un postulado de la ya desaparecida chilena Gladys Marín quien sustentaba una convicción peculiar: La vida es hoy.

— Para ti ¿la vida sigue siendo hoy?

— Porque haya recibido un buen arañazo con solo 19 años no debo reciprocar con palos. Soy un individuo sin rencores. El ayer pasó, el mañana está por venir. Lo que falta por hacer se impone, y no podemos dejar que la discapacidad venza y doblegue. Nunca estaré en el sillón dejando que pasen las horas. Por eso, y por mucho más, me fijo en el arco iris, creo en la esperanza, y busco la nobleza en la existencia porque estoy seguro que la vida es hoy.

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