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Ricardo R. Gonzalez

Tarea Vida (7) Zona costera, ecosistema herido

La línea de costa ha experimentado un retroceso de 1,2 m para las playas como promedio anual en un archipiélago que dispone de unas 400 playas arenosas, ratifican el máster Luis Orlando Pichardo Moya y el Lic. Manuel García Castro (en primer plano) mientras observan el asentamiento urbano de Isabela en el mapa.

Por Ricardo R. González

Fotos: cortesía de Luis Orlando Pichardo

Un impresionante semicírculo teñido de azul hace que la vista se pierda en el infinito. Es el mar, apacible y caprichoso a la vez, bondadoso y temible cuando desata su furia.

Una porción de agua salada herida en muchos casos por los holocaustos naturales, y en otros atribuible a las acciones humanas indiscriminadas que también afectan la llamada zona costera como cuenta pendiente a lo largo de la historia, algo definido por el máster Luis Orlando Pichardo Moya, coordinador provincial de los estudios de peligro, vulnerabilidad y riesgo (PVR) en el Citma, a partir de la franja de interacción entre el mar y la tierra en la que influyen, de manera conceptual, los deltas del río, los pantanos, las ciénagas, los manglares, los acantilados, sin obviar las terrazas marinas, las playas, y el resto de las formas de relieve originadas en el litoral en vínculo con el mar.

No hay que tener una extrema cultura científica para razonar que el concepto varía según esos accidentes geográficos, como tampoco dudar de la importancia de ese espacio al constituir el hábitat de un número significativo de especies marinas, terrestres o que interactúan en ambos ambientes. Entonces se complica el rompecabezas a tenor de que los efectos de la erosión, las huellas evidentes de contaminaciones, el desmonte de los manglares, y el incremento de asentamientos humanos o recintos institucionales mal ubicados dañan ese entorno.

Para Pichardo Moya, también especialista destinado al control de la ciencia y la tecnología en el Citma, el espectro resulta más amplio, y por su propia experiencia sitúa como elementos nefastos las construcciones sobre dunas, la actividad irracional marítimo—portuaria, la siembra de plantas inapropiadas, la extracción de áridos destinados a las edificaciones, el relleno de lagunas costeras, y la sobrexplotación de los recursos marinos, entre otros factores.

«Todo ello conduce a modificaciones que provocan la pérdida de la diversidad biológica o el detrimento de las innumerables variedades de formas de vida allí existentes, y la adaptación de los organismos al ambiente».

— Popularmente algunos consideran la zona costera como el punto de unión de la tierra y el mar sin más explicación…

— No es exactamente el punto. Las zonas costeras presentan amplitud. Varían, incluso, en el período histórico geológico, y con el paso de los años. Hay territorios en Cuba donde las penetraciones del mar por fenómenos hidrometeorológicos o debido al ascenso del nivel del mar, a causa del cambio climático (CC), deben estudiarse de conjunto con las tasas de velocidad de ascenso y descenso de los bloques geológicos que conforman el archipiélago cubano, un fenómeno a incluir en las investigaciones a realizar por otras instituciones científicas a fin de ajustar cálculos de peligro previstos a largo plazo.

Construcciones muy cercanas a la costa contaminan con sus residuales zonas de baños y playas, y están sometidas al embate del mar en ocasión de vientos hidrometeorológicos severos con fuertes marejadas

— ¿Puede hablarse de flexibilidades?

— No se pueden establecer parámetros fijos, mas para los objetivos de Planificación Física sí hay que definir determinada línea de la costa a fin de evitar complicaciones desde el punto de vista legislativo. De aquí se derivan los distintos tipos de zonas costeras establecidos en el Decreto Ley 212 con diferentes límites, áreas, y aspectos vinculados a la protección costera.

HERIDAS SIN SUTURAS

Los estudios realizados durante años por hombres que hacen de la Naturaleza una parte de sus vidas llevan a determinaciones concluyentes. Las agresiones significativas en la zona costera villaclareña son causadas por la contaminación y las construcciones.

Las primeras porque la provincia se caracteriza por su esencia agroindustrial y azucarera, mientras las áreas llanas cercanas a las costas figuran entre las más idóneas para la siembra de caña.

Y cuando no existe buen funcionamiento de las lagunas de oxidación o se incumplen las normas técnicas ¿hacia dónde van a parar esos residuales?  No hay alternativas. Hacia los afluentes y el mar.

En el caso de las construcciones persisten locaciones en que la indisciplina y violación de lo establecido constituyen un punto histórico, como en Caibarién e Isabela de Sagua, aunque no escapan tampoco, en menor cuantía, La Panchita, Carahatas, Nazabal, y en una etapa pasada Sierra Morena, El Salto y Ganuza.

La mirada del Lic Manuel García Castro, especialista del Centro de Estudios y Servicios Ambientales (CESAM) en Villa Clara, le permite afirmar que Uvero es un ejemplo de cómo ha aumentado la violencia de los huracanes y las tormentas en los últimos tiempos.

«Muchas de estas zonas fueron incorrectamente diseñadas a la hora de construir casas de verano o residencias permanentes, y llegaron a convertirse en barrios playeros».

Nadie pensó que luego el mar, como resultado de esas construcciones, comenzaría a rescatar lo que en un tiempo fue suyo e inició sus agresiones.

Tanto Pichardo Moya como García Castro coinciden en que Uvero hizo casas sobre las dunas y al ver que el mar invadía la levantaron en pilotes. «Son detalles a tener muy en cuenta, a tenor de que esa masa de agua «trabaja» sobre lo más expuesto, y a ello se agrega el ascenso de su nivel atribuible al CC».

El 82% de las 430 playas arenosas de Cuba sufren erosión, y según estudios del Citma se confirma la desaparición de 10 de ellas debido a la acción del hombre y el efecto destructivo del oleaje de los huracanes. Nótese, además, la pérdida de la línea costera.

Los estudios indican que la subida del nivel medio del mar, estimado en 27 cm para 2050, inundaría de forma permanente el 2,45 % del archipiélago cubano; en tanto los pronósticos de ascenso de 85 cm para 2100 afectarían, aproximadamente, 112 mil 491 ha, de tierras cultivables en Cuba, fenómeno que se agravaría localmente ante la presencia de un huracán de gran intensidad, según las premisas del nuevo proyecto «Construyendo resiliencia o capacidad de las comunidades, y ecosistemas de sobreponerse a peligros y problemáticas que los afectan».

EL AZOTE DE LOS PELIGROS

Si una luz sumamente acertada tuvieron los expertos villaclareños fue la de adelantarse con los estudios de PVR. Ello impidió que los daños ocasionados por los fenómenos meteorológicos de los últimos tiempos resultaran mayores. Estas observaciones y recomendaciones llegan hasta los consejos populares al ser conocidas las particularidades de cada territorio.

En Isabela de Sagua, ante los embates del huracán Irma, los pobladores se evacuaron, pero atenido a una incorrecta percepción del riesgo muchos confiaron y dejaron sus pertenecías y medios de vida que el mar destruyó o desapareció, a pesar de que estaban los planes de traslado y previsto el programa de evacuación.

«Desde 2012 los resultados de los estudios de PVR se entregaron a los Consejos de Defensa en múltiples formatos. Después se han ido perfeccionado acorde con el paso de los diferentes fenómenos que conllevaron a la creación de los centros de gestión de riesgo de desastres en los municipios sin estar constituidos en la totalidad ni con buen funcionamiento en todos los existentes.

Inconcebible. Esta imagen pertenece a la playa Uvero luego del paso de un huracán ¿Cómo es posible que existan tantas viviendas construidas en la zona costera?

«Ahora transitamos por un proceso de socialización al llevar a las localidades los principales peligros, sus vulnerabilidades y que se conozcan en todos los sectores y en la población bajo la dirección de la Defensa Civil», agrega Pichardo Moya.

De manera sintética PELIGRO es dónde, cuándo y cómo puede ocurrir un evento que exige sistemática actualización según el fenómeno. VULNERABILIDADES son los objetos de la sociedad, de la economía y medios de vida expuestos a los peligros y que varían de acuerdo con los estados de sequía, deslizamiento de tierras, inundaciones, incendios en áreas rurales, entre otros que resultan de interés municipal, mientras se evalúan como RIESGO aquellas pérdidas esperadas ante un fenómeno en determinado lugar que no escapan de la valoración económica.

LA SALUD DE LAS PLAYAS

Lamentablemente las playas interiores de la costa norte villaclareña y aquellas de la cayería con fines turísticos sufren los efectos adversos del CC, a tal punto que las arenosas o naturales, en la medida que pasa el tiempo, van perdiendo su espacio y ya cuentan con proyectos de rehabilitación, a partir del vertimiento de arena para recuperar y mantener lo que fueron en su momento.

Los expertos aseveran que más del 80 % de arena queda retenido en los frentes de la cayería, por lo que se hace necesario recuperar y mejorar la calidad estética a partir de la arena existente en la plataforma o la que está fuera de los cayos, siempre que se encuentre en profundidades factibles de extracción y con granulometría adecuada para no afectar el balance ecosistémico..

«Como resultados de la aplicación de la ciencia las playas y zonas de baño de Juan Francisco, Caibarién, El Salto, y Ganuza disponen ya de proyectos de vertimientos de arena y rehabilitación a fin de ejecutarlos. Son pretensiones que llevan el empleo de remolcadores, patanas, grúas, sin apartarnos de las disponibilidades económicas porque resultan acciones muy costosas», precisan los entrevistados.

— En medio de estas realidades y de todo lo que se ha pasado ¿existe percepción de riesgo en las poblaciones de esos asentamientos?

— Se ha ganado algo, pero aún estamos distantes de lo necesario. Los isabelinos, con todo lo sucedido, siguen aferrados a la idea de permanecer cerca del mar en un pueblo donde las mareas equinocciales (aquellas más pronunciadas cuando nos acercamos a los equinoccios) invaden el área en lo que deviene punto geográfico de Cuba situado en la desembocadura del río Sagua, el más grande del archipiélago por la parte norte, por lo que requiere programas estratégicos de adaptación.

— ¿Solo en Isabela?

— Las zonas costeras de Villa Clara, consideradas sumamente bajas, también requieren de medidas y soluciones locales, con fundamentos ingenieros, en unos casos, y en otros con la concientización de alejarse del peligro, por lo que todo demanda un balance.

Áreas priorizadas en Cuba en torno a las zonas costeras.

— ¿Cuáles serían las acciones más racionales?

— No fomentar más construcciones ante las vulnerabilidades de mayores penetraciones del mar, más tormentas, y períodos intensos de sequía con énfasis en la zona costera al salinizarse los acuíferos.

Si bien existen acciones con el manejo integral, la Tarea Vida, y los resultados de los estudios de PVR los expertos consideran que falta mucho para que la salud de esta área sea óptima.

«La zona costera del norte villaclareño tiene casi 200 km. Hay que lograr la creación de plazas de especialistas afines al trabajo en la costa, que sepan de contaminación, así como de otras contingencias en el propio municipio, y de la envergadura que puedan tener».

Tampoco puede darse la espalda al desarrollo local con la máxima de sentir, pensar y hacer por cada localidad y resolver desde esta, a tenor de tantos problemas acumulados de saneamiento y encharcamiento en zonas bajas. Ello implica trabajar en la sostenibilidad de cada solución para que no resulten efímeras.

Entre los asuntos pendientes está el abasto y calidad de agua de las zonas costeras, la protección con los manglares y la reforestación, sin descuidar los arrecifes coralinos, entre otros tantos que conciernen a la totalidad de los organismos involucrados en la Tarea Vida a fin de maximizar la resiliencia de nuestros sistemas y comunidades en el afán de evitarle más heridas a nuestros ecosistemas.

También puede ver este material en:

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mayo 26, 2019 - Posted by | Enlaces | , , , , ,

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