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Ricardo R. Gonzalez

Con la campiña en el alma

«Las plantas ornamentales se retoman entre nuestras producciones, al igual que el cultivo de la malanga», afirma quien ha dirigido delegaciones de base de la FMC y participa en sus actividades.

Por Ricardo R. González

Fotos: SMB

Sabe de soles fuertes, de aguaceros caprichosos y de descargas eléctricas inesperadas que estremecen la anatomía cuando se está en pleno surco, pero a pesar de las rudezas campestres María Caridad González Suárez no pierde la femineidad ni esa nobleza que distingue a su persona.

Quizás por su nombre casi resulte imposible encontrarla, mas si se dice «Cachita», la presidenta de organización de base en la CCS Orlando Hernández o la residente en la comunidad Julián Grimau en el área del Yabú, se llega al lugar sin la acción de la mejor de las brújulas.

«Lo del sobrenombre se lo debo a mi abuela, y prácticamente constituye mi identificativo pues desde los cuatro años vivo en estas tierras que conocen mi vida».

— Entonces, ¿campesina de pura cepa?

— Así es. Pertenezco a una familia que conoce cada rincón de estos parajes, a tal punto que fuimos de las primeras en fundar la comunidad. No importa que estemos a más de dos Km hacia adentro de la carretera que conduce a Sagua la Grande ni que ya no existan las famosas segundarias básicas y el preuniversitario que en décadas atrás resultaron un importante polo educacional para la provincia.

— ¿Qué recuerdos te trae la entonces Yabú 2 Carlos Liebknecht?   

— Figuraba entre las mejores del país. Había que estudiar bastante para mantener un alto promedio, y siempre existía el reto emulativo con la Yabú I Primero de Mayo.

— Pero me refiero a otro tipo de «promedio» que influyó en tu vida

— Allí conocí a mi esposo Fermín González Beltrán. Él cursaba duodécimo grado y yo décimo. Llevamos 35 años de casados y además de compartir las cuestiones hogareñas lo tengo como directivo en el trabajo porque asume la presidencia de la CCS donde está enclavada nuestra casa compartida también por nuestros dos hijos: Carlos Alberto, de 25 años, y José Ángel, de 17 años.

— ¿Cómo es un día en la vida de «Cachita»?

— Ninguno se parece al otro por la diversidad de encomiendas. A veces me levanto con el cantío de los gallos y otras un poquito más tarde. Comienzan los preparativos del desayuno y luego a tratar de cumplir las tareas previstas que pueden culminar de noche. Muchos me dicen que cómo puedo con tanto y ni yo misma lo sé.

— Es cierto que resultaste la primera presidenta de organización de base en una cooperativa en el municipio cabecera?

— Laboro en la CCS desde 2003, y en 2016 se realizó un proceso para establecer esa responsabilidad dentro de las asociaciones campesinas. Aquí se hizo la asamblea piloto de Santa Clara entre las 22 estructuras existentes en la ANAP. Desde entonces asumo el reto que va más allá del papeleo de oficinas porque incluye, además, los indicadores productivos y el quehacer directo en el surco, sin descartar los destinos productivos para Acopio, AGROTUR y otras entidades.

— ¿Cuál es el objeto social del colectivo?

— Tenemos 288 hectáreas en las que intervienen 167 socios; de ellos, 36 mujeres, y si bien nos dedicamos a cultivos varios, y entre ellos a las hortalizas, nuestro principal renglón es el tomate admirado por la dirección del país al lograrse 75 y 80 t por hectárea a sol abierto.

«En el pepino también disponemos de excelentes resultados bajo la asesoría del Instituto Nacional de Investigaciones en Viandas Tropicales (INIVIT) y en este rubro hemos sobrepasado las 19 t por ha. Y también cultivamos remolacha, zanahoria, limón, aguacate, mamey, y col a pesar de que resulta difícil la cosecha de esta última».

— Y qué hay con el plátano vianda guantanamero?

— Tiene magníficos resultados. Durante junio y julio vendimos a AGROTUR más de 90 t con buenos dividendos para el productor, y si de reciente incorporación se trata ya incursionamos con el pimiento.

AGOSTO CON COLORES DE MUJER

Cada 23 de Agosto la FMC celebra su aniversario. En esta ocasión arriba a su cumpleaños 58, y ya la CCS Orlando Hernández tiene constituida su brigada femenina de conjunto con la ANAP. La integran 58 mujeres, y ha resultado Vanguardia Provincial durante varios años, junto a una delegación declarada X Congreso, evento a celebrarse el venidero año.

«Disponemos de un movimiento de mujeres creadoras para la confección de platos típicos y objetos artesanales; sin embargo, insertamos en esta brigada a la promotora cultural, a la delegada del Poder Popular que a la vez es diputada a la Asamblea Nacional y a las trabajadoras de la farmacia, el Coopelita y la bodega», comenta González Suárez.

— Dejando a un lado la modestia ¿qué otros méritos distinguen el día a día de tu labor?

— Soy Vanguardia Nacional de la ANAP, integrante del Buró no profesional de esta asociación. Tengo la Distinción Antero Regalado que la recibí en un Congreso anapista, además del Sello 55 Aniversario de esa organización, y múltiples diplomas, reconocimientos y distintivos.

Integro la nómina como Activista de Seguro en la cooperativa tanto en la protección a la rama agropecuaria como el de vida para cubrir los hechos que puedan afectar la existencia, integridad o salud de las personas. Ya suman más de 200 personas acogidas, y no oculto que al fallecer el primero de ellos me ocasionó un trauma que demoré en superar».

«Si bien los reconocimientos individuales forman parte de mi vida no puedo minimizar los alcanzados por la cooperativa que faltaría espacio para relacionarlos. Si de escoger se trata diría que es el único colectivo de su tipo en Santa Clara que cuenta con el Sello 55 Aniversario de la ANAP conferido por una sola vez».

«Desplegamos un trabajo especial de Ciencia y Técnica a fin de evitar daños al entorno, y no faltan los talleres de agroecología, y aquellos trabajos de género de los que soy activista en Villa Clara.

— En medio de una sociedad marcada aún por el machismo has sentido su efecto en la membresía?

— A mí me parece mentira la realidad que tenemos al contar con campesinos muy fuertes, de esos que no conciben el menor rasgo de debilidad, que, increíblemente, resultaron los primeros en aceptar que sus mujeres trabajen e integren las brigadas FMC-ANAP. Ellos también participan en los intercambios de regalos que convocamos, lo que demuestra con creces que la sociedad está, poco a poco, cambiando.

—Si de días alegres se trata ¿cuáles no dejarías de mencionar?

— Los cumpleaños de mi familia, la afinidad por mi trabajo, el hecho de sentirme querida por los demás, aunque a veces he pensado dejar la cooperativa pero me resulta imposible porque la siento como si fuera otro hijo más.

—¿Y aquellos que desearías borrar?

— La pérdida de mi abuela que sin dudas me marcó. La cuidé durante varios años hasta que llegó el final. Tampoco excluyo aquellos embarazos complicados que estuvieron a punto de impedirme el regocijo de ser madre.

«El primero de ellos con riesgo por antecedentes anteriores y contratiempos que demandaron nueve meses de reposo. Ocho años después salí embarazada de nuevo y resultó mejor todo el proceso de gestación.

— ¿Virtudes y defectos?

Me gusta la interacción con los asociados, comunicarme con ellos. Son una especie de prolongación de la familia. Utilizo la persuasión y considero que soy una persona noble. Producto de ello me han pasado algunas cosas.

«Por demás a veces saco fuerzas y venzo los avatares, a la vez que reconozco que por momentos resulto impulsiva.

— Si tuvieras la potestad de cambiar tu mundo sobre qué situaciones actuarías?

— Quisiera tener en la CCS un vivero con su casita de posturas, además de una minindustria, y varias oportunidades laborales a fin de insertar a las personas al trabajo, sobre todo al potencial femenino.

«Desde el punto de vista comunitario desearía mejorar la transportación y el estado de los viales que aun sin llover muestran la cara fea».

Así es esta mujer que siente devoción por la costura y quien no teme tomar una guataca en la mano, o recibir a una delegación de extranjeros que en reiteradas ocasiones se alojan y comparten en su CCS. La que está propuesta para integrar el Comité Provincial de la FMC y resulta un personaje típico en su área. «Cachita» es Cachita, la campesina sencilla que siente la campiña en el alma.

SIN MACHISMO   

Junto a su esposo Fermín González Beltrán, presidente de la CCS Orlando Hernández, quien valora los dotes femeninos para desarrollar cada tarea.

Fermín González Beltrán considera que no resulta la persona idónea para hablar de su compañera, a pesar de ser el presidente de la CCS y a la vez esposo de «Cachita».

Aun así fue sincero. Sostiene que al principio dudó de que ella pudiera vencer todo el trabajo, y la vida le demostró lo equivocado que estaba.

«Se ha convertido en la persona más integral que tiene la cooperativa. No por complacencia familiar ni nada por el estilo, si no por todo lo que demuestra en la práctica.

«Ella ha reforzado las organizaciones de base para multiplicar el resultado de las producciones, sin menospreciar al resto de las compañeras que resultan fundamentales. A veces preguntan más por ella que por mí, y lejos de molestarme me satisface porque cada uno cuenta con su aval, y no hay dudas de la laboriosidad de la mujer, a tal punto que el 90 % del ejecutivo de nuestra organización es femenino.

«En ocasiones a las 12:00 de la noche estamos hablando de trabajo en la casa, y hasta los propios hijos intervienen en esas cuestiones que nos compete a todos».

Y colorín colorado. Esta historia queda terminada.

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agosto 22, 2018 Posted by | Enlaces | , , , , , | Deja un comentario

Ivette Cepeda: “No estoy entregada al éxito”

“Llevo 25 años de vida artística, cantando y dando lo mejor de mí desde el escenario. Pero no estoy entregada al éxito. No es eso lo que me interesa. Cuando investigas te das cuenta de que ninguno de los grandes artistas del mundo quiso eso. Todos anhelaron tener integridad y se entregaban en cuerpo y alma a lo que hacían para dar lo más puro de su corazón. Van Gogh no vendió ni un cuadro, y eso es lo que quiero que entiendan quienes me conocen, quienes me aplauden en un concierto, quienes me ven en la calle. Yo soy una artista entregada a mi pueblo”.

En Cuba se te quiere mucho…

Me alegra saberlo. Y quiero pensar que en gran medida es por eso. Quiero ser una artista que sea un ejemplo en el escenario y fuera de él. Quiero ser íntegra, una buena persona, limpia, que sea capaz de relacionarme con cualquiera y hacer mío cualquier dolor, cualquier expresión de amor. Quiero seguir teniendo ganas de ir hacia adelante y créeme, ahora siento que tengo más ganas que cuando empecé.

Yo quiero entregarle a Cuba el ejemplo de una artista que no se ha contaminado con la necesidad de ser un éxito, un boom. No me interesa. Cada día voy a subsistir como lo hace nuestro pueblo, todos los días voy a salir a flote. Y además, todos los días quiero sacar de mí todo lo que no es compatible con ser un ejemplo. Que haya llegado a esta profesión por casualidad no quiere decir que ahora la siga defendiendo de la misma manera.  Ahora estoy con fuerzas, con ganas, con emociones, para seguir dando lo mejor”.

Por estos 25 años de vida artística y por la década que llevas trabajando con el grupo Reflexión, sé que quieres hacerte un regalo muy especial…

Sí, para mí y para todos. Llevo cinco años seleccionando canciones que han tocado mi corazón de una manera diferente y que en este momento de mi vida son las idóneas para expresar lo que quiero decir. Muchas de ellas han estado olvidadas, otras pintan con colores bellos el amor, otras cierran heridas… Descubrí que había obras que visité en un momento de mi vida y que ahora no significaban lo mismo. Este pueblo demanda más amor, más pureza, algo más contundente, algo más especial.

Cuando estuve en el funeral de Santiago Feliú supe que quería empezar el disco con una canción de él, para reverenciar a su generación. Escogí también una de Jhosvany Palma, trovador de Rodas, y otras de Carlos Varela, Augusto Blanca, Pedro Luis Ferrer, Polito Ibáñez y Eduardo Aute, el único extranjero que incluí. Así, hasta completar doce.

William Rivero, Lino Lores y José Luis Beltrán hicieron arreglos maravillosos y les agradezco mucho, al igual que a unos pastores de Estados Unidos que quisieron escuchar lo que hacían y a los tres meses me dijeron que me regalarían el disco.

Ha sido difícil. Pero un día recordé cuando mi profesora de Botánica nos mostró en el aula un poco de hierba, casi seca, y dijo que nos podía impresionar mucho. La puso en un plato con agua y vimos revivir aquella planta. Ahí conocí por primera vez a la rosa de Jericó. Puede estar hasta 600 años muerta y revivir con unas pocas gotas de agua. Es como el abrazo de un amigo que te hace renacer cuando peor te sientes.

Yo me sentía así, seca, porque no encontraba las canciones precisas. Al final, ya las tengo, y aunque algunas fueron incomprendidas e inaceptables en su tiempo, hoy las pude entender y aceptar en mi corazón y espero que se escuchen de una manera diferente ahora, porque todos hemos crecido.

El disco, después de grabar la música en los estudios de la Egrem, se mezcla en estos días en Estados Unidos. Participaron además los jóvenes de la Orquesta Sinfónica del ISA. Tengo previsto presentarlo en noviembre en el teatro Karl Marx. Ese día propongo recordar Estaciones, mi primer concierto, con los mismos que estuvieron en aquella ocasión. Al otro día, quiero recorrer mi camino musical de todos estos años y presentar La rosa de Jericó.

¿Qué es lo más difícil para ti, ahora, al cabo de 25 años de vida artística?

Pienso que no hay un momento más difícil para un cantante que cuando el concierto termina, y aunque te duelen los pies y sudas y quieres quitarte ese vestido, sabes que la gente te espera, y quiere una foto, abrazarte, expresarte lo que sintió. Y ese momento que pudiera significar el extra, es muy difícil, pero ahora lo asimilo como algo diferente. Es el momento en el que te das cuenta de que asumes un compromiso que a la vez te da fuerzas. El 95 % de mis amigos hoy son personas que he encontrado en conciertos, así que disfruto ese instante como si fuera el primero.

Todavía sigue siendo difícil para mí mirar atrás y darme cuenta de que tuve que tomar decisiones muy fuertes. Tenía 30 años cuando cambié el rumbo de mi vida, y los dos años anteriores probé y no me sentía cómoda. Entonces era profesora, y no podía ser cantante y profesora a la vez. No puede salir agua salada y dulce de la misma fuente. Mi forma de vestir, de actuar, la forma de organizar mi vida como profesora no tenía nada que ver con la vida nocturna de una cantante que entonces debía levantarse a las cinco de la mañana para ir a diferentes lugares de Artemisa a dar clases. Eso era imposible.

Primero decidí que no iba a cantar porque mi responsabilidad primera estaba en el magisterio. Hasta que un día tuve una pequeña decepción que me hizo sentir que ya no era tan útil, que ya había dado todo lo que humanamente podía dar como profesora. Había empleado todas mis energías para ser profesora desde el nivel primario hasta en la Escuela Pedagógica José Martí y en el Instituto Enrique José Varona, impartiendo clases de la metodología de la enseñanza de Matemática. Era el periodo especial y sentí que necesitaba descansar. Un día me llama un amigo, me dijo que necesitaba una cantante, yo ya había hecho algo como profesora aficionada con ellos, en otros lugares, intentando probar y aquí estoy.

Otro de los momentos más difíciles que he vivido fue aquella primera vez que me dieron una propina en divisas y la pusieron por dentro de mi blusa. Por poco me muero, empecé a llorar. Yo decía: Esto no es para mí, porque yo había construido mi vida como lo que era, una profesora de la Universidad de La Habana.

La década de trabajo con el grupo Reflexión también ha sido un regalo…

Sí, es cierto. Se me ha ido el tiempo en un pestañazo, como sucede con todas las buenas cosas. Con el grupo todo ha sido intenso, fructífero, tan grande como para echar raíces. No somos como un bonsái ni como una planta que fructifica en cada disco. Somos como un gran cedro que crece y echa raíces. Ya somos una familia. La sonoridad que alcanzo con ellos es única. Me siento feliz entre ellos y ha sido una gran escuela.

Estaciones fue tu primer concierto. ¿Cuánto has cambiado?

Estaciones fue mi primer concierto. Entendí que el cantante no es quien canta lo que otros quieren, sino que es alguien que quiere dar mensajes a través de otras personas. Es un intermediario entre su corazón y el de las otras personas. Cuando ese concierto terminó yo estuve en una silla preguntándome: ¿Qué voy a hacer a partir de ahora? Tuve que tomar las riendas de mi carrera hasta el día de hoy y comprendí desde entonces que quería ser cantora de mi pueblo, dondequiera que esté, sin obnubilarme por la fama.

(Con información de Ana María Domínguez Cruz)

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agosto 22, 2018 Posted by | Enlaces | , , , | Deja un comentario

   

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