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Ricardo R. Gonzalez

Con el corazón en las manos

Uno de los menores más afectados hoy sonríe a pesar de las múltiples y cirugías para remover la piel quemada.

Valioso reconocimiento al personal médico y paramédico que salvó la vida de los 22 afectados por el accidente de las parrandas remedianas en diciembre pasado.

Por Ricardo R. González

Fotos: SBM

No fue un encuentro común el de este jueves en Remedios, más bien respondió a esos que brotan desde los sentimientos, a pesar de que el motivo haya sido originado por un triste suceso que dejó 22 lesionados, entre ellos seis infantes.

Aquel 24 de diciembre pasado cuando el pueblo celebraba sus tradicionales parrandas la Nochebuena apagó la víspera de la Navidad. Un aluvión de fuegos artificiales cayó sobre parte de los presentes, entre los que estaba Guillermo Enrique del Río Ruiz quien con apenas 15 años pudo haber tronchado su vida.

Sobre las 10:30 de la noche sus piernas se vieron envueltas en llamas, también el rostro se vio afectado, y aunque estuvo siempre en pleno juicio escapa de detenerse en muchos detalles que quisiera evadir.

Él era de los que manipulaba el explosivo cuando ocurrió el hecho. «Así quemado llegué corriendo al Hospital local donde me brindaron una atención inmediata hasta el traslado al área 4 del pediátrico José Luis Miranda. Si estoy vivo es por todo lo que me ofreció mi país y por esos hombres y mujeres que desde la Salud hacen historia».

Bien lo sabe la Dra. Yaquelín González Díaz, jefa del servicio de cirugía plástica y caumatología pediátrica, al enfrentar el capítulo más difícil en su trayectoria profesional y quien aún se maravilla al constatar que ningún infante haya fallecido.

Recuerda que iba a la casa por raticos y durante dos meses estuvo más tiempo en el Hospital que en el hogar porque veló junto a los familiares y también lloró con ellos.

«Desde la llegada de los accidentados el pronóstico era tan severo que corrían peligro para la vida. Confieso que pensé que cuatro se me morían, pero tuvimos un apoyo total de tantos profesionales que no eran de la especialidad, de la dirección del Hospital, de las autoridades nacionales, del Partido, del Gobierno que todos se salvaron.

La Dra. Yaquelín González Díaz precisa que ha sido el capítulo más difícil en sus años de profesión, y que fue muy feliz al ver que a los 26 días del suceso egresaba el primer niño de su sala pediátrica.Aun Yaquelín vive ese éxito, se emociona, y lo comparte con el resto de sus compañeros, «porque yo sola no hubiera podido lograrlo. «Trabajo con niños y siempre digo que si bien sufrimos también la sonrisa y el abrazo de un infante y de sus familiares nos llega al alma como regalo divino»

Por suerte Remedios se llenó de alegrías. Allí estaba Lázaro Méndez González (Tito), el presidente del barrio San Salvador, donde ocurrieron los hechos y uno de los afectados por la mala calidad de los fuegos artificiales junto a la indebida organización.

Está muy contento porque vuelve a recuperar su físico. Solo en las piernas quedan marcas de las quemaduras y las operaciones, y trabajan en la Sala de Fisioterapia para incentivar la movilidad de sus manos, pero su cara no parece haber transitado por los vendavales del fuego.

Tratamiento excelente desde el Hospital de Remedios, el servicio de ambulancias y durante la estancia hospitalaria en el «Arnaldo Milián Castro» de Santa Clara, entre otros eslabones del sistema.

«Había que estar allí para saber todo el sacrificio y el amor que nos dedicaron: Fue ese derroche de cariño, el talento de los profesionales y la unidad del pueblo los que hacen que estemos aquí.

Y entre momentos gratos y situaciones que no quisiera recordar aparecen sus vivencias como ocupante de la cama 8 primero y después de la 11 en la Unidad de Quemados bajo verdadero estado crítico .Poco a poco fue recuperándose a pesar de las curas que no pueden tener ni un ápice de mimo para lograr resultados efectivos. «El ánimo nos mantuvo. Ese apoyo fue una de las más valiosas medicinas para la cura».

«Siempre pensé estar vivo, y luché por ello. Le daba ánimo a mi familia. Y aquí estamos, con el apoyo de todo el pueblo, de las instituciones religiosas y de todos los remedianos y de otras partes que oraron por nosotros, con mensajes y ayuda desde todo punto de vista, refuerza Lázaro Méndez González (Tito).

De toda experiencia se sacan lecciones y la aprendida recae sobre la necesidad de trabajar más organizados y entregarle la misión a los más experimentados, y que el resto de las organizaciones le presten mayor atención a las parrandas, según opina.

Al Dr. Gabriel Rodríguez González, jefe del servicio de caumatología del hospital universitario Arnaldo Milián Castro, todavía lo remueve el sentimiento humano. Han pasado los días, pero no deja escapar alguna lágrima aun ante las cámaras de la televisión.

Quizás haya sido una de las pruebas más duras en su amplio aval dentro de la medicina. Un fuego de pasión compartido porque este milagro le compete a muchos.

«Me llamaron a mi casa sobre las 11.00 de la noche del 24 de diciembre, pero cuando llegue al centro ya estaba el servicio completo con residentes y personal de enfermería. En realidad no dormimos. Nuestro fin de año fue dedicado permanentemente a dominar la situación. Había que curar a 16 pacientes diariamente en un salón que no alcanzaba, por lo que fue necesario habilitar otro».

En este accionar bien complejo Rodríguez González habla del trabajo de excelencia de un equipo «Hubiera podido morir de seis a ocho pacientes, pero nadie se nos fue, a tenor de que un quemado con más de un 20 % de quemaduras profundas o hipodérmicas lo expone a una gravedad con peligro para la vida y tuvimos algunos con el 70 y el 80 % de la superficie corporal quemada».

Para el Dr. Gabriel Rodríguez González la máxima de que mientras hay vida existe la esperanza es real. Hoy siente la satisfacción de lo logrado junto a todo su equipo reconocido por el Partido y la Asamblea Provincial del Poder Popular. 

Entonces sobran los motivos para que San Juan de los Remedios cantara a la felicidad. Un reencuentro entre pacientes y su personal asistente en su amplia gama que recibiera el reconocimiento del Partido y de la Asamblea Provincial del Poder Popular  —Unidades de cirugía reconstructiva y de quemados de los hospitales Arnaldo Milián Castro y Pediátrico José Luis Miranda, respectivamente, además del Policlínico de Zulueta, Servicio Integrado de Urgencias Médicas (SIUM), y Servicio de Urgencias de Remedios, congratulados por Julio Ramiro Lima Corzo, miembro del Comité Central y primer secretario del Partido en Villa Clara, Alberto López Díaz, presidente de la Asamblea Provincial del Poder Popular, y Esperanza González Barceló, vicepresidenta del Gobierno en Villa Clara, por tan competente labor que convirtió la desdicha en milagro.

Pablo Lázaro Ochoa, presidente del Gobierno en la Octava Villa, significó el valor humanitario de los expertos en las palabras finales.

Como dijo una madre emocionada pocas personas tienen la posibilidad de nacer dos veces, y la fiesta terminó con ese canción de Perales que invita al canto de los niños.

Solo que esta vez se unieron los adultos y todos los presentes para en un coro gigante compartir un nuevo himno a la esperanza gracias a quienes desde la Salud trabajan con el corazón en las manos.

También puede ver este material en:

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abril 12, 2018 - Posted by | Enlaces | , , , , ,

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