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Ricardo R. Gonzalez

Por esa edad de oro

Con solo cuatro años Kely Hernández se apresta a consumir el menú para ese día. La imagen encierra toda la ternura infantil.

Imperdonable concebir la vida sin el aporte de la mujer. Bajo este prisma, desde el círculo infantil Meñíque, de Corralillo, se abren constantes alamedas a favor de la infancia.

Por Ricardo R. González

Fotos: Ramón Barreras Valdés

Nadie verdaderamente sensible mostraría indiferencia ante la ternura que experimenta la carita de esta pequeña. Se llama Kely Hernández Rivera, tiene 4 años, y comienza a descubrir el mundo desde las tantas ventanas abiertas en el círculo infantil Meñique de Corralillo.

Como ella 190 infantes llenan de vida el sitio que muestra una edificación muy bien conservada, con esa cultura del detalle que tanto necesitamos y limpia hasta por sus áreas exteriores. En el encuentro con la esperanza algunos infantes indican con sus deditos los años cumplidos, otros desarrollan la destreza de las manos, y poco a poco comienzan a identificar el reino animal bajo las constantes interrogantes de los porqués de acuerdo con la edad.

Ello no se logra por arte de magia. Se necesita mucha paciencia, sobre todo vocación para cuidar y enseñar a los pequeños. Pregúntele a Belkis Rodríguez Beovides, quien es fundadora de la institución, con 27 años de experiencia, y cuatro de ellos en el ejercicio de la dirección general del único centro de su tipo existente en el municipio.

Ahora recuerda el primer día que llegó al plantel e inició su camino como maestra de prescolar. Luego rotó por la totalidad de los salones, y comprendió la necesidad de superarse. «Me hice licenciada y máster a fin de enfrentar a plenitud las complejidades de la infancia».

Un día le propusieron quedar al frente del colectivo. Confiesa que cierto escalofrío le recorrió el cuerpo y sintió mucho respeto. «A mí me gustan los niños —enfatiza— pero tenía que prepararme. Era un gran reto, y lo sigue siendo porque todos los días aprendo algo».

A su modo no oculta lo difícil que resulta dirigir en estos tiempos. Considera que es linda la tarea, pero compleja ante tantas diferencias presentes en los infantes y trabajadores. Por ello piensa en la variabilidad de los comportamientos humanos y sabe que para dirigir no puede perder la diferenciación en el tratamiento a los trabajadores.

El papel de las educadoras resulta un eslabón esencial en el desarrollo de habilidades, y se impone mantener la ecuanimidad ante las travesuras que experimentan los pequeños debido a su edad.

«Son 48 obreros, con 31 docentes, y del total solo tenemos dos hombres en tanto un abuelito nos atiende el huerto. En la matrícula priman las niñas, y todos comienzan desde el primer año de vida hasta preescolar».

En medio de su ir y venir por cada rincón del centro o del tiempo que le consume el trabajo de oficina Belkis Rodríguez está muy consciente que quien no sienta amor por la profesión no puede trabajar aquí. Y no busca rodeos ni justificaciones. Simplemente porque «los niños son el tesoro más preciado que tenemos, y el compromiso radica en educar desde edades tempranas».

UN DÍA EN EL MEÑIQUE    

Cuando el sol aún ni asoma en el litoral comienza el día a día en el Meñique. Los pequeños entran a partir de las 6:00 de la mañana y permanecen hasta las 6:00 de la tarde. Ello hace que un grupo de trabajadoras inicien sus funciones desde mucho antes.

A la llegada de los menores aguarda la actividad motora previa al proceso docente educativo complementada por la gimnasia matutina, las actividades programadas en los diferentes salones, y aquellas que permitan desarrollar las destrezas individuales.

Como parte de la jornada se les enseña los encantos de la lengua materna, reciben conocimientos del mundo de los objetos, sin descartar la educación musical apoyada en las peculiaridades de los instrumentos y su identificación, así como el complemento de la Naturaleza habitada por sus animales y plantas.

En este universo resulta vital inculcarles el amor a las diferentes especies y la necesidad de protegerlas. De ahí los sólidos basamentos de que al «tití» no se le maltrata, que debe brindársele amor, o que las maticas requieren de agua para sobrevivir y compensar al Planeta.

Según los oficios hay trabajadoras que deben entrar con los claros del alba como quienes conforman la nómina de servicios cuyo horario inicia a las 5:50 de la mañana.

Algunos abren un libro y observan las imágenes, aunque todavía no puedan descifrar el texto impreso; sin embargo, crean las fábulas a su manera y dan rienda suelta a la imaginación, en tanto para hacer realidad el proverbio de mente sana en cuerpo sano no se excluyen aquellas acciones vinculadas con la educación física y los mecanismos que desarrollan el control muscular.

A partir de las 11:00 a.m. el apetito despierta. En bandejas flamantes por su brillo llega el menú habilitado a partir de un cronograma que se organiza por años de vida. De forma organizada van entrando al salón para después disfrutar de la siesta hasta las 2:30 o 3:00 de la tarde. Algunos remolonean para dormir y manifiestan cierta resistencia en su catre, pero otros emprenden sus sueños con las fantasías quizás aprendidas durante el día.

Por supuesto que están incluidos los minutos del baño, el aseo al término del almuerzo, y el análisis fónico o la enseñanza de la preescritura como parte de la integralidad educativa.

Luego en la noche los quehaceres hogareños aguardan para estas mujeres compartidos con las responsabilidades en la comunidad o en las organizaciones de masas, entre ellas la Fmc que arribó el 23 de Agosto a su aniversario 57.

Vale recordar que, también, con el aporte y seguimiento de la agrupación femenina los círculos infantiles fueron dirigidos por el Instituto de la Infancia hasta inicios de los años 80. Posteriormente los asumió el Ministerio de Educación (Mined) como parte del subsistema de la enseñanza primaria.

Una etapa caracterizada por el fortalecimiento de la atención a este segmento y a las vías no formales en la rama preescolar mediante el Programa Educa a tu Hijo, sin apartarlos de la formación de un personal debidamente capacitado.

BELKIS, EN NOMBRE DE UN COLECTIVO

Sería imposible esta obra sin el sólido sostén femenino, aunque no se aparta la contribución de los hombres que conforman la nómina del círculo infantil más integral de la provincia.

«Tengo la dicha de contar con una fuerza laboral completa, y eso es un logro. El colectivo responde como condición principal que garantiza el éxito, tanto en organización, limpieza, y en los aspectos formativos», sustenta Belkis Rodríguez que muchas veces se siente entre los Meñiques.

«Somos 48 obreros y del total solo tenemos dos hombres, por lo que el aporte de la mujer resulta vital en una profesión que demanda mucho amor», sustenta Belkis Rodríguez Beovides, directora del círculo infantil Meñique de Corralillo.

— ¿Nunca has tenido quejas?

— Ninguna marcada. Alguna que otra insatisfacción por falta de agua en determinado momento. En cuanto a medidas disciplinarias aplicamos algunas por ausencias injustificadas pero ajenas al personal docente.

— Luego que los círculos infantiles brindan determinados beneficios para el incremento de la natalidad ¿Ha tocado las puertas a algunas de tus trabajadoras?

— Puedo decir que ya tengo tres que aguardan por la supuesta cigüeña.

Así transcurre la historia en este sitio corralillense donde la infancia aprende a amar y a crear valores para transitar por los caminos del bien. Por sus anchos y limpios pasillos está el legado martiano con sus múltiples enseñanzas, y desde allí harán historia los nuevos Meñiques que, sin llegar a ser reyes, se nutrirán de las bondades del legendario personaje para transitar por esa edad de oro.

¿Alguien duda de la felicidad que experimentan estos pequeños?  Ellos representan una parte de los 190 matriculados en esta institución del noroeste villaclareño.

REMEMBRANZAS

La creación de los círculos infantiles fue un regalo de la Fmc, a iniciativa de su Presidenta Vilma Espín Guillois, para favorecer la integración femenina a la sociedad y contribuir a la formación de la infancia.

El 10 de abril de 1961 vieron la luz las tres primeras instituciones de este tipo aledañas a barrios pobres de la capital cubana. Estos iniciaron sus labores con mujeres que hasta entonces ejercían como domésticas, amas de casa, o jóvenes que estudiaban en La Habana caracterizadas por el amor a los niños.

Al principio solo los cuidaban; sin embargo, las aspiraciones eran mayores en la búsqueda de un camino que tratara de educarlos. A fin de edificar estos círculos se emplearon múltiples iniciativas recaudadoras de fondos a partir de ferias, actividades recreativas, y la emisión de sellos de correos e impresión de postales.

En la actualidad Cuba sobrepasa los 1 130 colectivos que acogen a más de 154 mil infantes. Aún resultan insuficientes ante la demanda de féminas trabajadoras, mientras el 70 % de la población preescolar está acogida al Programa Educa a tu hijo.

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agosto 24, 2017 Posted by | Enlaces | , , , , , , | Deja un comentario

   

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