Por la sonrisa de la infancia

El hospital pediátrico José Luis Miranda de Villa Clara arriba este domingo a su cumpleaños 57.

«Al trabajo de médicos, personal de enfermería, técnicos y representantes de otros perfiles hay que reconocer la labor de  pantristas y auxiliares de limpieza que llegan de madrugada a fin de iniciar sus labores», sustenta el doctor Yandry Alfonso Chang, vicedirector de Asistencia Médica de la institución.

Por Ricardo R. González

Fotos: Ramón Barreras Valdés

Yanitza Acea Contreras llegó muy nerviosa al servicio de Neonatología del hospital pediátrico universitario José Luis Miranda en una de estas noches de junio. Su hijo de apenas días de nacido presentó una inflamación de sus glándulas mamarias y ella indagaba la causa.

No olvida que fue la doctora Viridiana Pérez Méndez quien la recibió y le explicó las características de la afección y de las medidas necesarias a cumplir.

Han pasado 15 días y ya el rostro de Yanitza no muestra la incertidumbre. Su bebé Eduard Miguel Delgado Acea mejora, y la progenitora alaba las cualidades del servicio.

«Llegué muy angustiada. Te retiran al niño hacia el cubículo y no se sabe lo que va a pasar. Gracias al trato recibido fui relajándome, aunque de inmediato me percaté de la limpieza de la sala, la rápida atención y la comida reforzada para las madres que lactan a sus pequeños. Tampoco se violan las entrevistas a fin de informar el estado de salud y aclararle las dudas a los familiares».

La profesora de la secundaria básica Fe del Valle de Santa Clara admira el trabajo de todo el colectivo. Ha estado con su otro hijo en dependencias de la institución hospitalaria y puede afirmar que en el caso de la Neonatología pediátrica «es una unidad de excelencia».

POR LOS PRÍNCIPES ENANOS

La institución de Salud de la infancia villaclareña arriba, este 25 de junio, a su aniversario 57. Para el doctor Yandry Alfonso Chang, vicedirector de Asistencia Médica, constituye un cumpleaños que se debate entre retos y compromisos en el afán de que un señor arco iris ilumine a los pequeños y le reintegrarle la felicidad a la familia.

Una entidad con alcance territorial en algunos de sus servicios, y un Cuerpo de Guardia —sometido desde hace tres meses a una reparación general— pero que no deja de ofrecer la atención reubicado en otros salones.

«Hasta el cierre de mayo esta sección sobrepasaba los 4000 pacientes vistos en un período en que las afecciones respiratorias y las diarreicas presentan marcada incidencia por la época del año», declara Alfonso Chang.

Mas resulta vital la referencia al colectivo de Oncohematología como especialidad dedicada al diagnóstico y tratamiento de las enfermedades propias de la sangre y los tejidos. Leucemias, linfomas, aplasias medulares, entre otras, conforman parte del amplio espectro que cada año incrementan los casos.

Un equipo que atiende desde Villa Clara hasta Ciego de Ávila y mantiene una supervivencia entre las más altas del país. Baste decir que ante la leucemia linfoblástica aguda (LLA) —considerada la de mayor incidencia en la infancia— solo un 15 % de los enfermos llegaba a los 5 años de vida de 1962 a 1972. A partir de 1987 registra entre el 70 y el 80 %, a pesar de los crucigramas a resolver por sus profesionales dada la existencia de un férreo bloqueo que tiende sus garras hasta los preciados citostáticos ante una incidencia de tres a cuatro infantes por cada cien mil habitantes.

Qué decir de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) que figura también entre las punteras en el país. Dotada de 10 camas recibe de 30 a 40 infantes promedio por mes, en tanto el Estado cubano desembolsa de 2500 a 3000 pesos por paciente en cada día, de acuerdo con la gravedad y requerimientos.

Los diferentes estadios infecciosos (sepsis) figuran entre las principales causas de ingreso, sin descartar los tumores cerebrales, afecciones oncohematológicas, accidentes en la edad pediátrica, o infantes que han requerido complejas intervenciones quirúrgicas, en su mayoría por causas irreversibles para la vida.

La UCI tampoco está ajena a las limitantes y aun así posibilita que sus resultados redunden en la disminución de la tasa de mortalidad infantil en Villa Clara.

De recorrido por los pasillos del Hospital el doctor Yandry Alfonso se detiene en la cirugía neonatal, así como en la terapia intermedia que muestra su estabilidad y absorbe a pacientes crónicos de larga estadía, mientras el servicio de Neonatología consolida su personal y ha podido lograr que todos los recién nacidos con intervenciones quirúrgicas complejas sean vistos por sus especialistas.

No menos importante el tratamiento a los pacientes con fiibrosis quística, a los portadores de la enfermedad celiaca, y aquellos con padecimientos nefrológicas que también incrementa la cifra de enfermos, sin soslayar la Clínica del Adolescente, el Centro de Neurodesarrollo dedicado a la rehabilitación de los menores con daños neurológicos, y el Proyecto Para una Sonrisa que prestigia a la institución y llena la espiritualidad de los niños en sus dos décadas de existencia.

Y si de perseverancia se trata hay que dedicar espacio al servicio de afecciones respiratorias que también incrementa el registro anual a causa de neumonías, bronqueolitis y asma. O al de cardiopediatría que también enfrenta complejas situaciones diagnósticas desde edades tempranas de la vida.

«Con carácter territorial aparecen los servicios de Oncohematología, Nefrología y Hemodiálisis, el de fibrosis quística, Terapia Intensiva, Reumatología y Cirugía Neonatal compleja», precisa Alfonso Chang.

EL MUNDO DE LA NEONATOLOGÍA

Viridiana Pérez Méndez es una de las neonatólogas del Pediátrico villaclareño, y en sus años de ejercicio muestra todo el regocijo del mundo por devolverle la vida a sus preciadas criaturas.

Todas son como especie de hijos, y junto a su colectivo disfruta que el accionar cotidiano influya en la disminución de los registros de mortalidad infantil.

Con 32 trabajadores; de ellos siete galenos y un peso extraordinario del personal de enfermería atienden a los recién nacidos de la provincia, procedentes del hospital ginecobstétrico universitario Mariana Grajales, que demandan tratamiento especializado.

La doctora Viridiana Pérez Méndez junto al enfermero Rafael Bermúdez Reinoso, pasan visita al pequeño Eduard Miguel Delgado Acea con solo días de nacido.

 «Admitimos hasta los 30 días de nacido, y las causas más frecuentes de ingreso se relacionan con procesos sépticos o infecciones, pero sobre todo los de piel y partes blandas y las incidencias respiratorias vinculadas con la época del año», señala la doctora.

No obstante advierte la importancia de mantener una higiene adecuada en el hogar con la suficiente ventilación donde permanezca el menor, al tiempo que recomienda el lavado correcto de las manos y el aseo de todas las pertenencias del bebé, y suprimir el hábito de fumar en la habitación designada para la criatura.

«Algo que no puede faltar es la lactancia materna como vía idónea de protección al niño. Esta deberá mantenerse a libre demanda y como mínimo hasta los seis meses de nacido».

LUNARES VISIBLES

Ninguna obra es perfecta, y la institución villaclareña no escapa de numerosos lunares que afectan la eficiencia y calidad requeridas.

No siempre las respuestas y la comunicación con los familiares son óptimas, y en ocasiones falla la ética que demanda su revitalización.

El estado constructivo muestra las grietas de los años en medio de una compleja infraestructura llena de laberintos y pasillos que cuentan, increíblemente, con baños cerrados en una sala tan importante como la de Nefrología, aunque ya uno de ellos está abierto.

Determinadas filtraciones dejan huellas en la terapia intensiva. Y a pesar de que el centro no registra planteamientos en los últimos procesos de Rendición de Cuenta y en otras encuestas intrahospitalarias en ocasiones existen demoras en el Cuerpo de Guardia ante la afluencia de pacientes y la limitada presencia de especialistas, a la vez que los trabajadores no disponen de la totalidad de los medios de protección y de otros insumos básicos para elevar esa satisfacción que merece la infancia como eslabón más sensible en la familia.

«Para mí el servicio de Neonatología de este Hospital Pediátrico puede considerarse de excelencia», sentencia Yanitza Acea Contreras, la mamá de Eduard Miguel.

A ello se suma el déficit de recursos humanos en enfermería y no resultan mínimas las indisciplinas sociales junto a las despreocupaciones de los acompañantes ante el cuidado de los niños, en tanto hay congestión en el Cuerpo de Guardia por remitidos incorrectos que deben valorarse con toda la profesionalidad en las áreas de Salud.

Aún así hay pupilas que se mantienen atentas las 24 horas para hacer que la tranquilidad llegue de nuevo a la vida de pequeños y familiares. Así, por las dependencias del centro resucita Meñique junto a las enseñanzas que deja La Edad de Oro, o se descorren aquellos personajes de los fantásticos cuentos de Había una vez.

Imaginamos a Teresita Fernández, esa maestra santaclareña que nunca se ha marchado, o a su discípula Liuba María Hevia recorriendo los pabellones para cantar Porque tenemos el corazón feliz o a sugerir esa danza interminable de niños que se dan la mano en una ronda irrepetible, mientras los trabajadores del Hospital exhiben sus satisfacciones no exentas de fuertes retos por lograr la sonrisa de la infancia.

REMEMBRANZAS

La llamada ONDI nunca existió. Solo de nombre, pues Marta Fernández Miranda, esposa de Fulgencio Batista Zaldívar, asumía la dirección de la Organización Nacional de Dispensarios Infantiles (ONDI) y cedió el terreno destinado a un futuro hospital.

Pero según los testimonios de fundadores en aquel enero de 1959 el sitio estaba lleno de yerba bruja, mientras el ganado pastaba por sus alrededores. Escasamente existían dos paredes de lo que sería la esperada edificación. 

Poco a poco comenzó a crecer y a configurarse lo que sería el Cuerpo de Guardia ya a principios de la Revolución hasta que a las 10:30 de la mañana del 25 de junio de 1960 quedó inaugurada la institución por el doctor José Ramón Machado Ventura, entonces Ministro de Salud.

Al principio solo contaba con 109 trabajadores; de ellos 12 médicos e igual cifra de enfermeras y 109 camas. En la actualidad posee 1226 obreros con 180 especialistas, además de los residentes en los distintos niveles, siete estomatólogos, 14 sicólogos, más de 300 en la nómina del personal de enfermería, además de los tecnólogos de la Salud y el indispensables trabajadores de servicios, entre otros.

También puede ver este material en:

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