Centro de Estudios de Química Aplicada de Villa Clara labora en la disminución de cargas contaminantes

Por Ricardo R. González

Contribuir a la disminución de cargas contaminantes constituye una de las acciones del Centro de Estudios de Química Aplicada (CEQA) adscrito a la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas (UCLV).

La dependencia apoya su labor con servicios científico—técnicos dirigidos a la caracterización físico—química tanto de aguas potables como residuales a partir de las normas vigentes, sin descartar los estudios de diagnóstico e impactos ambientales, de peligro. vulnerabilidad y riesgos tecnológicos, y aquellos dirigidos a la reducción de desastres, entre otros.

Las doctoras Margie Zorrilla Velazco y Maira María Pérez Villar explicaron que los humedales son sistemas naturales para el tratamiento de aguas residuales a través de plantas y microorganismos adaptados a las condiciones de cada contaminante, por lo que impera investigar, primero, el tipo de agua residual para diseñar los sistemas de tratamiento adecuado.

Cada humedal se construye en las empresas para flujos pequeños de desechos a partir de las normativas tecnológicas ofrecidas por el CEQA.

El colectivo, perteneciente a la Facultad de Química y Farmacia, logró implementar uno de ellos en la Planta de Soldar Carriles (SOLCAR) de Placetas que cumple con las normas de vertimiento, en tanto se trabaja en el correspondiente a la Empresa Eléctrica en el área de su cocina comedor.

En la cartera de opciones aparece también la fitoremediación que no demanda de un sistema de tratamiento específico, pues su principio se basa en el empleo de plantas adecuadas a fin de depurar esos sitios contaminados, a la vez que comparten fines ornamentales.

Otra de las líneas del CEQA está encaminada a la remoción de los metales pesados, aunque resulta una fase más compleja al no ser degradados por las plantas. Los estudios realizados demuestran que en el caso del níquel y el cromo ofrecen alto por ciento de remoción.

Como clientes fijos de la subordinación universitaria figuran la ronera central Agustín Rodríguez Mena, la Empresa Constructora de Obras para el Turismo (ECOT) Cayo Santa María, y la Electroquímica de Sagua, por lo que el resto de las instituciones pueden contactar con la unidad de la alta casa de estudios villaclareña según sus intereses.

En los proyectos investigativos participan, además, los estudiantes de la Facultad de Química y Farmacia de la UCLV.

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Sentimientos compartidos

Nada mejor que unas flores en estos días en que se reconoce el aporte de las mujeres. El doctor Ariel Martín Molina, director de Salud en Corralillo, tiene ese detalle con Inés y Yanetcy, entre tantas profesionales.

Por Ricardo R. González

Fotos: Ramón Barreras Valdés

A Inés Hernández Llerena le dicen la profe. Soñaba con ser una eminente cirujana, mas el tiempo cambió su destino. Todavía recuerda aquel día de 1976 cuando llegó a Corralillo donde no existía un policlínico integral y le dieron como misión atender a las embarazadas sin imaginar que cumpliría 41 años entre procederes que la han hecho muchas veces feliz y en otros conocer los sinsabores de la profesión.

En sus memorias prima de todo, y antes de ser obstetra ejerció como médica general marcada por los tiempos duros en que el territorio carecía de ambulancias para remitir los casos complejos hacia Sagua la Grande o Santa Clara.

Sin pensar en la hora se paraba en el medio de la calle y detenía el ómnibus que cubría la ruta Habana—Santiago. «Los choferes sabían que pasada la 1:00 de la madrugada resultaba un caso complicado. Imagínense como debía preparar a ese niño, a la gestante, o a otro tipo de paciente para remitirlo en una guagua».

Era a finales de la década de los 70. La suerte la ayudó y no tuvo contratiempos, mas tampoco escapó de la etapa difícil de los apagones en la que en muchas madrugadas encendían un algodón o una chismosa a fin de brindarle atención a los necesitados.

«Logré relacionarme con las embarazadas y me introduje en ese mundo, a tal punto que logré hacerme especialista en Obstetricia y Ginecología en 1990 luego de una experiencia muy valiosa en el hospital materno de Santa Clara», afirma Inés Hernández Llerena.

«Esos problemas me han ayudado a crecer. Ya tengo 66 años. Al cumplir la edad requerida me jubilé, pero sentía un enorme vacío y volví a contratarme porque me siento la madre de múltiples generaciones de corralillenses.

— Dicen que en muchos casos es Ud. quien les pone hasta el nombre.

— Cierto. Mi hija creció viendo los partos. Hoy Leydi Sarahí Rodríguez Hernández es la directora del policlínico Mártires del 11 de Abril de la localidad, y tengo un nieto de cuatro años que siente orgullo de su abuela.

Sin embargo, no todo ha sido alegrías. Inés Hernández confiesa que ha pasado bastantes sofocones como parte del oficio.

«Hace unos cuatro años enfrenté un nacimiento muy trabajoso. Una distocia de cara o anomalía por la posición fetal. Necesité el apoyo de muchos. En esa jornada me subió la presión y los ovarios salieron de su lugar, pero vencimos».

— ¿Y cuál es la historia de Verena Contreras?

— Fue por el tiempo de la telenovela Tierra Brava. Ella asumía el protagónico y tenía una residente en una comunidad rural que siempre estaba montada en una carreta. Así la bauticé, y era extraño el año en que no saliera embarazada. Nunca se dejaba poner un dispositivo y la traía para la cabecera municipal. De esta forma cuidaba a los que ya habían nacido y el embarazo en curso. Llegó a tener cinco hijos y ninguno con bajo peso hasta que cesó su producción.

Inés Hernández es de esas mujeres con respuestas ágiles. Sabe —y reafirma— que para un médico resulta vital la continua superación. Viaja a los cursos en Santa Clara y se actualiza, pero tampoco falta ese ejercicio cotidiano aun sea de madrugada.

— Algunos la consideran una especie de enciclopedia a la que acuden para cualquier consulta.

— Los conocimientos están al servicio de la humanidad, y no hay orgullo mayor que ese agradecimiento proveniente de las madres o de los propios colegas. En mi caso apenas existen palabras para describirlo. Le pido a la vida muchos años con la mente clara y espíritu de trabajo porque lucho contra el Alzheimer, y cuando crea que mi mente comienza a fallar, me retiro».

— Además de la asistencia ejerce como docente, pero entre una y otra ¿cuál prefiere?

Y sin que medien segundos responde:

— Lo asistencial. Yo soy médica.

LAS REALIDADES DE YANETCY

Yanetcy Pérez Benítez es una persona de detalles. Como a su profe Inés le gustan las flores y esos encantos marinos que percibe en su pueblo natal. A mediados de 1999 conquistó uno de sus sueños al graduarse como médico general básico para luego realizar la especialidad de medicina general integral.

Un día tocaron a su puerta con la solicitud de que asumiera la directiva del Programa de Atención Materno Infantil (PAMI) en el territorio. Han pasado seis años y tiene la satisfacción de apreciar la estabilidad en sus resultados gracias al aporte de todo un equipo.

Ello no tiene nada mágico. Se trata de garantizar la atención primaria de Salud a través de los 32 consultorios existentes con el fin de lograr que los recursos humanos sean fundamentalmente de Corralillo, pues en años anteriores se formaban aquí y luego marchaban hacia sus respectivos municipios o a otros sitios.

La propia lejanía conlleva a la toma de iniciativas. Por ello crearon un pequeño salón de parto para esas emergencias momentáneas que se sabe no llegaran a tiempo a una institución materna.

Yanetcy confiesa que le sería imposible apartarse de la medicina porque fue el camino que escogió. «Carencias y dificultades tenemos todos en mayor o menor medida, pero no hay nada tan gratificante como devolverle la salud a los semejantes».  

«Atendimos cinco casos el pasado año. Estamos distantes de la capital provincial y del hospital de Sagua que resulta el más cercano, por lo que nuestro colectivo se moviliza a la hora que resulte necesaria.

Otro de los punteros en el municipio lo constituye el Hogar Materno pues ante el predominio de áreas rurales las embarazadas se ingresan a las 37 semanas a fin de evitar partos extrahospitalarios.

— Pero también existen obstáculos… 

«Y algunos inolvidables. Recuerdo uno verdaderamente difícil que me hizo estremecer. Se trataba de un recién nacido contemplado como caso social. Hizo una infección que obligó a una traqueostomía apenas con un mes de nacido.

«Hubo que tomar la alternativa de traer a la familia a vivir por un año en el Hogar Materno hasta que logramos salvarlo».

— ¿Qué se experimenta en estos casos?  

— Una satisfacción humana y profesional. Sientes el enorme sacrificio que te exige ser médico, y no me arrepiento de haber escogido ese camino.

Al concluir su jornada le espera una travesía de 9 km para llegar a San Pablo, la comunidad rural donde reside. En realidad la transportación resulta pésima, y allí aguardan las labores hogareñas y su hijo Yonathan.

«Nunca dejo de ser médica, con bata blanca o sin ella. Muchas veces estoy superagotada, y me acuerdo siempre de un profesor que nos decía: aun agonizando todavía nos sentimos médicos. En múltiples ocasiones acuden a su casa en busca de recomendaciones, y no puedo negarle nada a quienes confían en mí. Es un principio ético y a la vez humanitario como rasgo distintivo de los corralillenses».

— Ahora en que la carrera de Medicina se obtiene, incluso, con bajos promedios académicos ¿Qué cualidades debe reunir un galeno?

— Quien no tenga vocación y espíritu de sacrificios le recomiendo que eviten acercarse a este mundo. No es solo el hecho de ponerse una bata para decir que son médicos. Deben primar principios que resultan básicos: Tiene que ser una persona humana, sencilla, desinteresada, y mantener esa preocupación por el prójimo que se sitúa por encima de lo personal. No hablo de estímulos y complacencias materiales, solo de agradecimiento.

— Y Yonathan ¿cómo ve tus sacrificios?

— Es mi hijo deseado y resulta complejo expresar todas mis satisfacciones, pero es una felicidad extraordinaria. Tiene 11 años y me alivia los cansancios. Incluso me acompaña casi siempre cuando estoy de guardia. Quisiera vivir muchos años para verlo insertado a la sociedad, sin dejar de contemplar los resultados del PAMI como realidad que abre el camino a la vida.

En el municipio más distante de Villa Clara la fuerza femenina resulta mayoritaria en el sector de la Salud.

Son historias. Cada una en su tiempo y con los códigos de dos generaciones. Mujeres sensibles que prefieren las flores y también el mar. Inés, una dominicana a quien le parece aun escuchar el pitazo del central Washington como recuerdo de su infancia, mientras Yanetcy defiende, ante todo, su identidad corralillense. Una y otra partidarias del bien, las que no se arrepienten de haber escogido esas sendas de la medicina con sentimientos compartidos.

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El hombre de la mata de mango

foto-1«Yo nací ese día, y agradezco a todo el personal de Salud el trato de excelencia recibido. Hicieron un trabajo de arte al unir todos los huesos», sustenta José Rafael Santín Hernández, el bisabuelo que trata de olvidar la odisea junto a Marlene Santín Paredes, una de sus hijas.

Por Ricardo R. González

Fotos: Ramón Barreras Valdés

Dos días antes del suceso José Rafael Santín Hernández celebró sus 75 años. Recibía, por entonces, fisioterapia en el policlínico Juan Bruno Zayas, de Cifuentes, debido a los caprichos de una columna vertebral que no soportó el peso de algunos sacos de cemento sobre su septuagenaria anatomía. Aun así el anciano confiaba en que sería algo transitorio y con pronta recuperación.

Como de costumbre se levantó para emprender el camino hacia la institución de salud; sin embargo, un arrepentimiento inexplicable vino de pronto y declinó asistir a la sesión. Lo que nunca imaginó Rafael Santín fue que permanecería un año en cama debido a una historia inusual.

«Eran cerca de las 11:00 de la mañana del 5 de marzo del pasado año cuando regresé a la casa luego de otras gestiones. Mi esposa fregaba y de pronto vi una jabita en el piso. Pregunté y pertenecía a unos compañeros que podaban la mata de mango existente en el patio».

Las labores continuaban, y Santín salió a buscar café para brindarles a los operarios. El tronco estaba bien sujeto a la soga y, poco a poco, comenzaron a bajarlo luego de la acción de la motosierra. Tanto el nieto como un vecino advirtieron que nadie saliera al patio, mas el anciano no oyó, y en escasos segundos cambió el curso de los acontecimientos.

«Al darme cuenta estaba bocarriba en el patiecito. En ese momento no sentía dolor, pero apenas podía pensar, la mente estaba en blanco, los ojos otro tanto… Mi yerno y un amigo me levantaron e introdujeron en un vehículo. En medio de todo yo les decía: vayan despacio, no hay prisa.

INICIO DE LA ODISEA

Aquel tronco pesaba entre 70 y 100 libras en una mata cuya altura alcanzaba de cinco a seis metros. Según el relato de Santín Hernández no cayó sobre su cuerpo.

«De haber sido así esta historia carecería de protagónico. El árbol solamente me rozó», afirma este jubilado del Combinado Rolando Morales (fábrica de baldosas) donde trabajó 32 años.

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Lo que queda de aquella mata de mango sembrada, en 1960, por Zoila Hernández Castellanos, la mamá de Santín. Daba frutos muy dulces, mas por la frecuencia de los ciclones decidieron podarla sin imaginar las consecuencias. 

Una vez en el policlínico iniciaron las valoraciones. La doctora Mileidys     Álvarez Romero estaba de guardia y recibió el caso que por sus propias características fue remitido de inmediato a Santa Clara.

Durante el trayecto el equipo especializado dudaba que Santín llegara con vida a su destino, y una vez en el hospital universitario clínico quirúrgico Arnaldo Milián Castro se incentivaron los procederes. Exámenes varios y la junta especializada para determinar los pasos a seguir. Una fractura de cráneo lineal y la sospecha de un neumotórax que después fue descartado, además de la quiebra de cinco costillas, daños en el pulmón derecho, y una fractura de fémur bastante crítica.

«Todo provocó tres operaciones en el día, incluida la exploratoria para corroborar o no la presencia de hemorragia interna», precisa Marlene Santín Paredes, una de sus hijas.

Después vino el acto quirúrgico sobre el cráneo, y luego el de la pierna.

Unos 20 galenos de diferentes especialidades estaban en el salón en lo que constituyó una verdadera multidisciplina.

«Yo no recuerdo el traslado a Santa Clara ni las preguntas que me hicieron en el policlínico. Solo sé que abrí los ojos ya en terapia intensiva donde estaba intubado, con una cámara de oxígeno, y una tos tremenda», argumenta Santín.

Él se convirtió en el «inquilino» de la cama 13 de dicha unidad durante cinco días. Después pasó otros 10 en intermedia, y el resto en ortopedia hasta las jornadas previas al egreso.

«El doctor Alfredo Hondal Álvarez asumió la operación de la pierna. Sin dudas resultó compleja. Antes de que me pusieran el yeso la herida estaba abierta y conllevó a situar mechas contentivas de potentes antibióticos. Eran curas respetables, pero no quedaba otra opción».

— Dicen que Ud. es el hombre de las suturas?

— Bueno 15 puntos en el abdomen, ocho en la cabeza y cuatro en la pierna.

LA PUPILA MÉDICA

Ha pasado justamente un año y el doctor Hondal Álvarez recuerda los pormenores del caso. Cumplimentaba su guardia aquel día en que el paciente arribó con un politrauma severo.

«No había tiempo que perder y en medio del estado de shock se decidió llevarlo al salón».

Ante el hecho se pensó que era un caso incompatible con la vida. No respondía a ningún estímulo, pero había que darlo todo a fin de rescatarlo.

«Los cirujanos evaluaron el abdomen en busca de algún sangramiento, también examinaron el sistema pulmonar debido a las fracturas costales que pudieran dañar el pulmón o inducir a un trauma comprometedor para la ventilación del paciente. Por suerte no hubo lesión intrabdominal, y se solucionó lo referente al pulmón».

A partir de ese momento entró en acción el equipo de Ortopedia y Traumatología.

«Lo primero que hicimos fue lavar la herida por la que el hueso salió al exterior. Una vez desinfectada lo llevamos a su posición y cerramos la lesión parcialmente luego de situar mecanismos de tracción. Por el estado de Santín se hicieron estos procederes de manera remedial.

foto-2El doctor Alfredo Hondal Álvarez pasó un susto en el salón al ver que la tensión arterial de su paciente no subía de 60. «Por la magnitud del hecho y el estado en que llegó nos parece que el impacto del árbol fue más allá de un simple roce».

«La fractura era de gran magnitud, con múltiples fragmentos cercanos a la rodilla que comprometían dicha articulación. Entonces aplicamos un método restaurador mediante alambres incluidos en el yeso a fin de reducir la fisura».

En esa etapa medió el compás de espera. Era preciso aguardar por la evolución de la cirugía abdominal y los traumas respiratorios, por lo que pasaron unos 21 días para retornar al salón y actuar de manera definitiva sobre el fémur.

Mientras tanto se realizaban placas de control y una semana o dos antes de retirar el yeso trataron de incorporar al paciente apoyado en el andador.

«Le advertí que de sentir dolor debía cesar el intento. En realidad no pudo. Lo que hacía el convaleciente era pararse sin dar pasos. Las propias molestias y el débil estado lo impidieron».

Luego de varias semanas se le retiró el yeso e inició la terapia rehabilitadora.

«Vale decir que si existían respuestas ante los antibióticos manteníamos las curas en la sala, de lo contrario había que recurrir al salón las veces que resultaran necesarias para evitar infecciones de gérmenes agresivos».

Más de una hora duró cada uno de los episodios quirúrgicos ejecutados por un equipo de especialistas, anestesiólogos, residentes, técnicos y personal de enfermería, entre otros. A pesar del tiempo la odisea llegó a un feliz final. Hoy José Rafael Santín Hernández da sus pasos apoyado en el andador y cuenta la historia, esa que fue bautizada por su médico como el hombre de la mata de mango.

MEMORÁNDUM

— Las fracturas en la rodilla resultan frecuentes y a la vez bastante complejas. Pueden afectar a uno o a los tres huesos (fémur, rótula y tibia) de forma conjunta, sin descartar daños en meniscos y ligamentos acompañantes.

— Ocurren como consecuencia de impactos muy fuertes que demandan cirugía para su solución. En muchos casos con el uso de piezas de acero, placas y tornillos.

— Según los especialistas la quiebra de la rótula se produce por caídas con impacto directo sobre este hueso. Tiende a dejar fragmentos que pudieran causar limitantes en la movilidad de la articulación.

— El hueso femoral o el correspondiente al muslo también admite rupturas. Por lo general se requiere de mucha fuerza o de un acto contundente para fragmentar el fémur.  

CONTRASTES

Desde un enfoque global el costo de los traumatismos musculoesqueléticos es alto y aparecen como causa principal de muerte y discapacidad entre el primer año de vida y hasta los 34; sin embargo, ocupan el tercer escaño al compararlos con todos los grupos de edades.

Estas contusiones rebasan los 8 000 millones de dólares anuales, pero resultan incontables los gastos indirectos sobre la familia y la sociedad. 

Baste decir que la praxis de una cirugía de reemplazo de rodilla necesita entre 30.000 y 70.000 dólares si la persona carece de seguro, por lo que constituye una de las intervenciones más costosas en los propios Estados Unidos.

Ni José Rafael Santín Hernández ni su familia abonaron un centavo, a pesar de los múltiples procederes a que fuera sometido, sin incluir el consumo de medicamentos y la estancia por hospitalización.

Así se cierra otro capítulo en el que un septuagenario sigue sumándole años a su existencia.

¿Tenemos o no nuestras Razones?

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