Un villaclareño declara: «No soy un superhéroe»

FOTO 2 (2)Por Ricardo R. González

Foto: Yariel Valdés González

«Prefiero no hablar de mi trabajo. Si tengo méritos que sean dichos por quienes me conocen», destaca Luis Rodríguez Prieto.

Luis Rodríguez Prieto conoce casi todos los secretos de la caña aunque para él no son muchos. Sabe de los efectos de la pica pica o de las temibles santanicas, y también de soles que abrazan cuando descargan sus rayos sobre los cañaverales.

Es el mundo que le tocó desde que era un «pichoncito» con apenas 10 años. Por entonces tenía que alimentarse con leche de yegua debido a su estado enfermizo. «Estuve entre la vida y la muerte. Por ello mis 12 hermanos me bautizaron como Papo, mientras otros me llamaban Titi».

Así comenzó a escribir su historia. Nunca supo de las peripecias de Mickey mouse ni del mítico Guillermo Tell con su ballesta. Tampoco de los juguetes que otros aguardaban en un Día de Reyes porque su destino le impuso la mocha, el movimiento de las carretas, el vaivén entre guardarrayas y caminos, y los forcejeos con la gramínea como únicas realidades durante la infancia.

Ahora repasa sus ya próximos 74 años. Considera que ha sido un hombre de ley, justo y honesto. Él que dentro de unas horas recibirá la Orden Lázaro Peña de II Grado conferida por el Consejo de Estado de la República de Cuba y la CTC Nacional.

— ¿Distinciones?

— Creo tenerlas todas, pero me resulta difícil nombrarlas de memoria. Las que me reconocen como Vanguardia en varias ocasiones, la Medalla del Cincuentenario en las tareas azucareras, como combatiente por diferentes misiones, además de los estímulos del Sindicato Azucarero a numerosos centros turísticos, y la entrega de equipos electrodomésticos que comparto con la familia.

Lo que nunca pensó Luis fue montarse en un avión, atravesar el Atlántico, y llegar, allá por los 80, a la entonces Alemania Democrática para contemplar sus impactantes edificaciones junto a la belleza de un Berlín fascinante.

SURCO…TRACTOR…TALLER

Es la segunda vez en su vida que este quemadense se enfrenta a una entrevista. Se le aprecia sereno, sin ápice de titubeos. Habla de su labor en la UBPC número 5 José Ramón Pérez, asociada a la Empresa Azucarera Panchito Gómez Toro, en la que conoce también de bueyes reacios y carretas atascadas. No existen facetas de la caña desconocidas para él ya sea en la siembra, el cultivo, en el alza, la fertilización o en cualquier proceso reclamado por el cañaveral.

«Lo primero es preparar la tierra y surcarla bien. A veces no sembramos la caña en un terreno que reúna todas las condiciones. Hasta arar demanda su habilidad, y después buscar semillas apropiadas a las características del suelo».

— Dicen que en estas cuestiones lo consideran como un maestro… 

— No tanto. El maestro es superior. Los años no pasan por gusto y es como si estuvieras frente a una pizarra. Aprendes a escribir, un día te sale mal, pero con el tiempo vas mejorando. Eso he hecho en la vida: conocer y explicarle los buenos métodos a los demás.

— Entonces sí hay cierto magisterio… 

— Soy más bien aprendiz aun con la edad que tengo. Siempre insisto en que si quieres obtener resultados cañeros no puedes violar ningún paso.

— ¿Y cuáles son?

— Qué, quieres convertirte en zafrero, (me dice con aires de broma)… Lo primero radica en seleccionar un terreno. Tampoco es decir aquí y allá vamos. Eso conlleva a un fracaso. Después debes contar con surcos bien trazados, libres de malas hierbas, y disponer de una semilla de calidad.

— Pero todo no concluye aquí… 

— Esto da solo un por ciento de lo que se necesita. No puede olvidarse el abono como tarea que exige sumo cuidado. De igual modo valorar la aplicación del fertirriego, y velar por no ocasionarle daños al medio ambiente. Todo influye en el logro del rendimiento necesario.

— Algo fundamental lo constituye el tiempo…

— La caña tiene sus puntos. Nada de llegar y tirar. Debe estudiarse en qué momento se corta.  En los bajos rendimientos influyen dichos factores, y a la vez el efecto de las lluvias pues los dos extremos resultan perjudiciales. Lo mismo si hay poca agua como si llueve en exceso.

En medio de tantos conocimientos el paso de los años deja sus huellas. Un día la salud se vio afectada, y la vida de Luis Rodríguez dio un giro descomunal.

«Apareció una vena obstruida. Los médicos valoraron la posibilidad de operarla. Por suerte cedió con tratamientos. Sentía dolores muy fuertes en los pies que casi no me dejaban caminar. Tuve, además, la presión muy alta con hemorragias que me llevaron a los hospitales de Santa Clara y de Sagua la Grande, sin descartar daños en el pulmón.

«Ello me obligó a estar seis meses de certificado que me parecieron una eternidad, y al término los especialistas consideraron la necesidad de cambiar de actividad. Estoy limitado, y permanezco en el taller de maquinarias de la propia UBPC engrasando los tractores y haciendo tareas más flojas, pero loco por coger el timón y echar a andar.

La primera vez que Papo vio uno de estos equipos quedó hipnotizado. Era como estar cerca del juguete que de niño no tuvo. Como hombre decidido siempre pensó dominarlo con independencia del modelo y el tipo. El tiempo le dio la razón, y su distanciamiento actual le provoca marcada nostalgia que no llega a ocultar.

«Que más puedo desear si estuve 25 años de mi vida sobre ellos».

EL HOGAR, LA VIDA

Papo llega muy temprano a Santa María, el sitio donde radica la junta directiva de su UBPC y el taller de maquinarias. Un camino de tierra roja que no oculta el polvo en tiempo de seca, mientras con apenas una milésima de lluvia muestra un panorama bastante complejo. Un punto bien distante de donde tiene su hogar en el batey que da entrada al «Panchito Gómez Toro».

Se sabe cuándo marcha para su trabajo, no así la hora del regreso pues debe atender la sección sindical como máximo representante en una UBPC constituida en 1983 y de la que se declara fundador. Hoy cuenta con 184 trabajadores; de ellos, 12 mujeres.

«No tengo límites para trabajar, mas tanta pasividad, aunque sea por problemas de salud, no me hace feliz. Yo soy un hombre de acción», subraya.

En casa guarda potencialidades para el fin de semana. Seis hijos ( tres varones e igual número de hembras), 10 nietos, seis biznietos, su esposa Elvira Marina Águila, el resto de la familia, y los amigos propician alegrías en cada jornada. Solo Joel, el más pequeño de sus descendientes, sigue las sendas de la agricultura trazadas por su papá.

— Dicen que Ud. siente pasión por la guitarra…

— Es un signo del buen guajiro. Me gusta desde los 8 años. Hacía mis toques con la de un señor hasta que mi hermano compró la mía. Creo le costó unos 5.00 pesos en aquel tiempo. Después apareció otra, y yo acompañaba a quienes enfrentaban las canturías como algo que me encanta. Aprendí a tocar el instrumento sin nadie, de manera autodidacta como se dice en el lenguaje culto, y mi tío me ayudaba a buscar el sentido de las cuerdas.

— Se atrevería a realizar una controversia con todas las de la ley…

—Mejor déjaselo a los verdaderos poetas y yo los secundo.

— Nadie es perfecto, pero ¿cuáles son sus vicios?

— Lamentablemente el cigarro. Tuve que dejarlo por razones de mi enfermedad, pero fui un fumador empedernido. En cuando a la bebida me daba a veces mis traguitos, sin resultar un borracho. Que recuerde en muy pocas ocasiones me salí de las casillas.

— Y en la pelota. ¿Defensor de los naranjas o…?

— Debía apoyar a Villa Clara, mas está tan flojo que me uno a Ciego de Ávila y ya vez, son los campeones.

Admirador de los noticieros televisivos y del dominical Palmas y Cañas Papo confiesa que no se lo pierde, como tampoco las ocurrencias de Pánfilo, en Vivir del Cuento, que muchas veces le saca la mejor de las carcajadas.

«Ver la televisión ayuda mucho en el idioma, a no decir malas palabras. Por eso me siento un campesino cepillado que rara vez se me va algo mal dicho. Yo no digo haiga, entodavía, ni le pongo acento a la a de maíz».

— ¿Qué piensa de las nuevas generaciones? 

— Hay que educarlas, crearle disciplina y responsabilidad ante el trabajo. Deben estimularse en el momento oportuno según sus propios méritos, y ayudarlos en el camino a fin de que tomen experiencia.

En este trabajo se gana bastante. El mes sale en más de 600 pesos aparte de la estimulación que puede sumar de 5 mil a 9 mil pesos anuales en dependencia de los resultados. A los jóvenes les digo que no piensen solo en el dinero a pesar de la dura vida. Lo primero, y ante todo, en pulirse como gentes de bien.

— ¿Cómo se ve a los casi 74 años?

— Más viejo y arrugado (se ríe) pero con muchas ganas de seguir aportando. Este es mi país y no lo cambio por ninguno. Hace unos días me comunicaron que iba a recibir la Orden Lázaro Peña de II Grado, por lo que mi compromiso es mayor entre tantas emociones. No soy un superhéroe, lo reconozco, ni me siento mejor que nadie. Simplemente un cubano con muchos sueños debajo de su sombrero, y enormes deseos de vivir.

LA MIRADA DE COMPAÑEROS

— Magaly Jiménez Durán, contadora que alterna como secretaria en la UBPC: Es un ser muy disciplinado para el trabajo. Comprensivo con los obreros, pero a la vez recto pues no admite indisciplinas ni falta de respeto.

— Daniel Cruz Pérez un joven de 28 años que trabajó durante un tiempo con Papo: Excelente trabajador y hombre a la vez. Un padre para los pinos nuevos que se incorporan a la UBPC. Como secretario del sindicato conversa, es confiable, y siempre pendiente de las tareas. No tiene horario fijo, y ayudó mucho en mi desempeño pues no tenía experiencia en la caña.

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